Mi viaje a Japón

Los cerezos nos dieron la bienvenida con sus trajes rojos. Japón milenario, con tus templos y palacios, con tus calles de neón, con tus trenes bala, con tus islas artificiales y jardines de ensueños.
Me asombró tu temple de acero que, al igual que un personaje de Miyazaki y tras sufrir uno de los actos más inconsecuentes de la humanidad como es una  guerra, herido y sin fuerzas, floreciste de entre los escombros.

Después de 35 horas de vuelo con escalas incluidas, estábamos aterrizando en tierra japonesa. Llegamos al aeropuerto de Narita en Tokio. Unos amables japoneses nos guiaron para pasar por policía internacional, sonrisa, timbre en el pasaporte y reverencia fue la bienvenida.

Pero nuestro viaje no terminaba en Tokio. Continuábamos viaje a la región de Kansai, Osaka y luego a Kobe. Desde el avión rumbo a Osaka divisé la cima del magnífico Monte Fuji, considerado un monte sagrado y símbolo nacional de Japón.

Nos quedamos en Kobe, una hermosa ciudad  de 1,5 millones de habitantes. Kobe me encantó, con sus avenidas tan bien cuidadas, sus torres, hermosos parques y jardines, sus templos, los centros comerciales, su gente. Todo me encanto.

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Kobe

Antes de seguir debo contarles que yo no hablo japonés y mi  ingles no es muy bueno. Así que imaginen como lo hice para sobrevivir.

Como les contaba, nos quedamos en Kobe arrendamos un pequeño departamento, estilo japonés con piso de tatami, (el tatami es como una alfombra pero tejida de fibra vegetal que cubre todo el piso). Las camas en el suelo tenían una funda donde se metía el plumón y sábanas era muy practico  y cómodo.

El baño estaba separado en habitaciones. Una era sólo para bañarse con una tina  cuadrada con muchos botones, era un jacuzzi personal. Algo curioso era un banquito bajo la ducha. Pensamos que era para sentarse y secarse los pies, pues, no. En Japón uno se ducha sentado.

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Departamento

En otra habitación estaba la taza del baño. El estanque tenía un lava manos, así no se  desperdicia agua.

Realmente todo estaba muy bien diseñado y pensado. Los baños me sorprendieron mucho, siempre limpios, impecables, con tantos botones. Al principio no me atrevía a tocar tanto botón, pero luego fui descubriendo para que servían, fue divertido y entretenido. En todos los lugares en que necesite un baño siempre hubo uno y nunca estuvo sucio, ni mal oliente. Tampoco estaba la típica señora que siempre está limpiando. Además, en ninguna parte me cobraron por usar un baño. En todas partes del mundo debieran ser los baños como en Japón.

Cada vez que entrábamos al departamento debíamos sacarnos los zapatos, para no dañar el tatami. Es muy normal sacarse los zapatos. En varios lugares te piden que te saques los zapatos, el no sacárselo se ve mal.

Otra cosa que me sorprendía era la cantidad de máquinas. Para todo había una máquina.  ¡Y todo hablaba! Si me subía a una escalera mecánica esta hablaba en japonés e inglés, diciendo por que lado tomar; si ibas de prisa por un lado y si ibas mas lento por el otro. Los semáforos cantaban como pajaritos. Para cruzar la linea del tren la barrera también me hablaba. Era muy chistoso para mí.

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Máquina de juegos  y máquina vendedor de boletos

Para movernos de un lugar a otro lo hacíamos en metro. Hay muchos metros y trenes. Unas líneas son estatales y otras privadas. Unos costaban más caro que otros haciendo el mismo trayecto. También habían maquinas que te vendían los boletos, estás maquinas tenían un traductor en inglés que ayudaba en la compra del boleto. En el andén, una pantalla mostraba los horarios y las distintas direcciones en que se movían los trenes. Los japoneses ordenadamente subían y bajaban de los trenes, nadie se empujaba a pesar de la multitud de gente.

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Trenes y metros

Quería verlo todo. ¡Era tanta la información que entraba por mis sentidos! Todo, todo era nuevo para mí. Las calles llenas de coloridos letreros luminosos, figuras de animales, hombres araña, pulpos gigantes, todo me parecía sorprendente.

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Figuras decorativas

Fuimos a conocer Himeji, una ciudad encantadora donde la belleza de un magnifico castillo de la época feudal se eleva sobre la ciudad. Es conocido como el castillo de la garza blanca por el blanco brillante de su exterior. El castillo Himeji nunca fue destruido por guerras, terremotos o devorado por el fuego, por lo que pervive con su estructura y decorados originales. Recorrer sus jardines, galerías, subir a la torre principal fue una experiencia única y fantástica.

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Castillo Himeji

Me sentí tan feliz de conocer este castillo y toda su historia. En el viaje a Himeji apreciamos como los japoneses valoran su historia y cuidan su patrimonio.

Yo quería conocer los panda rojo y en Kobe habían dos zoológicos, así que visite los dos. Un zoo era privado, el otro estatal y ambos tenían pandas rojos. La diferencia era que en el privado se podía entrar al aérea donde estaban los animales. Igual  encontré que el panda rojo y otros animales  estaban un poco estresados en ese zoo. Diferente fue el zoo estatal, donde  los animales se veían muy bien, hasta su pelaje brillaba. Justo nuestra visita coincidió con la visita de muchos niños. Fue muy divertido porque los niños nos decían bye bye, where are you from? y nosotros decíamos hola, hola from Chile. Y quedaban con cara de ¿que es? Chile.

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Oji zoo

Otra de las cosas que quería conocer era un bosque de bambú, no lo podía imaginar. Difícil es poder imaginar lo que no se conoce. Pero cuando mis ojos estuvieron frente a esos largos bambúes, me llegó a doler el cuello de tanto girarlo para mirar las hojas en lo alto que el viento chasconeaba. Fue tan bonito, un momento mágico.

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Bosque de bambú

Son muchas las anécdotas divertidas que pasé en Japón, pero una cosa debo destacar, que nunca había conocido personas tan amables como en Japón. De otro planeta es la amabilidad japonesa. Un día me perdí. Hoy en día es menos probable perderse, pero mi celular se apagó. Quedó sin batería, quedé sin gps y mi sentido de orientación falló. Entonces una amable chica japonesa me fue a dejar hasta el lugar donde yo me ubicaba bien. Lo notable de esto es que ella se devolvió de su trayecto para acompañarme 50 minutos caminando, fue increíble.

Siempre tuvimos muy buena acogida con las personas, la gente nos acompañaba cada que vez que preguntábamos orientación por algún lugar. Era increíble porque dejaban su quehacer para acompañarnos. Siempre nos sonreían y daban típicas reverencias. Desde este humilde espacio quiero agradecer esa amabilidad a cada persona que se tomó el tiempo para ayudarnos, ya sea tomando un tren, buscando un enchufe para el compu, buscando una dirección o simplemente sonriéndonos. Realmente fue tan bonito conocer gente tan amable. Domo arigato. Infinitas gracias.

Conocer el Palacio Imperial de Kioto fue otra gran experiencia. Aunque actualmente no es la residencia de nadie, los nuevos emperadores se siguen coronando allí.

Para ingresar al palacio unos policías muy amables nos pidieron revisar nuestras mochilas de mano, luego nos pasaron unas credenciales de visitas. Sólo se podía recorrer los exteriores del palacio. Apreciamos su belleza en los detalles de los tejados, la simbología, los grabados en la madera y las pinturas en los muros. También disfrutamos en el palacio imperial de la apacible belleza del jardín japones Oike-Niwa.

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Palacio Imperial Kioto

Nuestra visita al palacio coincidió con el festival del Jidai-Matsuri. Es un colorido espectáculo de cientos de participantes vestidos de monjes, samurai, emperadores, geichas, soldados, representando  los periodos de la historia de Kioto.

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Jidai-Matsuri

Fue muy interesante ver el desfile, apreciar sus cantos, bailes y conocer parte de los periodos históricos de este país. Kioto nos resultó ser una ciudad muy interesante no sólo por el palacio imperial y por todos sus atractivos turísticos, sino por la cantidad de turistas extranjeros. Conocimos a unos españoles, mexicanos, colombianos, italianos, franceses, fue muy entretenido escuchar los acentos latinos.

Estábamos en Japón y queríamos tomar sopa. Cerca de nuestro departamento había varios restaurantes para turistas. Pero yo siempre prefiero lo local así que entramos a un pequeño restaurante sopero que tenía los menús en una pizarra escritos en japones. Al vernos entrar el señor que atendía nos recibió con la habitual reverencia y con cara de sorpresa. Yo dije: noodle soup y él con otra reverencia nos dió a entender que sí, también entendimos que no hablaba inglés. Indiqué en la pizarra lo que quería, la verdad no tenia idea que decía, pero me dejé llevar por el precio.

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Sopas

Mirábamos como el señor preparaba todo. Mientras, en el mesón otros japoneses tomaban sopa y como en las películas, sorboteaban. Nosotros muy curiosos observamos cómo se hacía. Estábamos ansiosos por hacer sonar nuestros fideos. Luego el señor nos sirvió un vaso de agua y una gran fuente con una humeante sopa. La sopa tenía fideos gruesos tipo espaguetti, un huevo duro, verduras, algas y carne de cerdo. Nos tomamos toda la sopa. Como niños buenos no dejamos nada. El señor al retirar los platos dijo; ooooh y sonrió. Las demás personas al ver nuestros platos limpios también pusieron cara de asombro. Después comprendimos que no se toma el caldo, que el caldo es solo para sorbotear los fideos, por eso el asombro de todos. La sopa era tan exquisita que nos hicimos clientes frecuentes, él señor nos atendía entre reverencias, sonrisas y asombros al retirar los platos limpios y nosotros sonriendo agradecíamos con un arigatou sam.

En todos los lugares que comí siempre me servían un vaso de agua, primero pensé que era como cortesía, pero después entendí que es para ir mezclando la comida caliente así uno no se quema, bueno eso lo aprendí después que un señor japones me explico, después que ya me había quemado.

Muchas cosas eran curiosas para mí. Cómo que se prohibía fumar en la calle, pero si se  podía hacer dentro de una cabina o un restaurante. Que las bicicletas quedaran sin candados y que nadie se las robara. En las calles no habían contenedores para la basura y no se veía basura tirada. Que todo estuviera empacado en cajitas o bolsas. Pagar dos mil pesos chilenos por una manzana en cajita no me lo creía. Pero cuando te enteras lo que cuesta cultivar en Japón entiendes muchas cosas.

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Cosas curiosas

Aprendí a moverme en tren así que me aventuraba sola para conocer más. Me preocupaba un poco el idioma. Pero al final no fue un problema, igual pude conversar con las personas. Un día fui a Suma-ku una localidad costera. Ahí conocí a unas chicas japonesas y fui con ellas a un parque de atracciones el  Mount Sumaura. Entre señas, google y mi traductor japones que tenia instalado en el celu nos comunicábamos. Fue genial, pase un lindo y entretenido día con mis amigas japonesas.

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Suma y amigas japonesas

La comida me gusto mucho. Aunque muchas veces no supe que estaba comiendo. Lo que me importaba era que mi comida no se mueva, con eso todo estaba bien.

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Comida

Kobe tenia muchos lugares para conocer, museos, parques, aguas termales, cerros. Como fuimos en época otoñal los arces y cerezos estaban cambiando el color de sus hojas así que el paisaje era maravilloso.

Queríamos disfrutar de ese paisaje maravilloso así que nos fuimos de trekking al cerro rokko un cerro de 930 m.m. Veinte kilómetros caminamos cruzando el cerro. Un paisaje mágico entre ciprés, arces y cerezos vistiéndose de rojo y amarillo. Todo el camino estaba señalizado, pero en japones, para no perdernos nos aprendimos el símbolo que aparecía en los letreros de Arima Onsen, era un pueblo termal hasta donde llegaríamos.

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Parque Cerro Rokko

En el camino nos encontramos con unos jabalís que robaban mochilas, fueron los únicos delincuentes que vimos en toda nuestra estadía en Japón. Cuando los excursionistas se descuidaban, de la nada aparecían estos jabalís delincuentes atacando para robar comida y mochilas.

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Jabalís delincuentes

En Japón nunca me sentí insegura todo lo contrario sentía que podía ir por cualquier lugar sin temor a que me asalten.

Después de 5 horas de caminata por hermosos parajes y de conocer agradables personas llegamos al Arima Onsen. Un turístico y lindo pueblo termal. Bebimos de una agua carbonatada que brotaba natural de unas rocas, metimos los pies en un curso de agua caliente, recorrimos el pueblo, compramos recuerdos, comimos las comidas locales, visitamos un templo y observamos el espectáculo de una chica y un mono. Regresamos a Kobe en bus por una carretera subterránea.

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Arima Onsen

Me asombraba todo, las carreteras, la forma como se habían reconstruido las ciudades, el comportamiento social de la gente, esa puntualidad japonesa tan perfecta. Como cuidaban de sus áreas verdes, las tecnologías avanzadas. Pero dentro de todo ese asombro sentía que tenia algo en común con los japoneses y eran los embates de la naturaleza. Cuando recorrí el memorial de la victimas del terremoto en Kobe, eran muchas las personas que murieron por las fuerzas de la naturaleza. Me impacto ver como la ciudad fue destruida y ahí estaba levantada de nuevo, como si nunca hubiera sido destruida. Era sorprendente.

Los días pasaron de prisa y sin darnos cuenta ya se nos terminaba nuestra vida japonesa, pero no podíamos venirnos sin sacarnos una foto con el enorme cartel de neón del corredor de Glico del Dotonbori. Es un hito hacerse una foto con el corredor de Glico en Osaka y nosotros no íbamos ser menos. Entre la multitud de gente logramos llegar hasta el famoso corredor.

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Osaka, Dotombori

Glico es una compañía de confitería japonesa. El principal emblema de la compañía y uno de los letreros más famosos del Dotonbori en Osaka es el corredor de los 300 m. de Glico. Este enorme cartel de luces de neón es un reconocido hito desde la reconstrucción del área moderna de la ciudad en 1919.La historia cuenta que si un caramelo puede tener 15,4 calorías, es la cantidad de energía requerida por un hombre para correr exactamente 300 metros (calculado para una persona de 1,65 m de altura y 55 Kg de peso corriendo al trote)

Sacamos las ultimas  fotos con el famoso corredor. Y había que decir adiós a Japón e irnos al Aeropuerto Internacional de Kansai a tomar el avión para volver a nuestra casa. Kansai es otra asombrosa obra de la ingeniería japonesa. Un aeropuerto sobre el mar.

Japón para mí fue un tremendo viaje y una tremenda experiencia llena de emociones. Un viaje mágico.
Iroiro osewa ni narimashita. (gracias por toda la magia)

2 pensamientos en “Mi viaje a Japón

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