Una Florida aventura

Con las lluvias esporádicas que caen en desierto de Atacama, florecen miles de flores de color  rojo, amarillo, violeta, blanco, azul. Llenan de vida y color esta árida tierra.

DSC00693-COLLAGEPor segunda vez disfrutaría del desierto florido. Esta vez no fue en bicicleta, sino que un poco en bus y el resto, una aventura.

Viajé a La Serena a juntarme con mi amigo Enzo, quien sería mi compañero de viaje. A media noche desde La Serena tomamos un bus hasta Copiapó. Llegamos de amanecida al terminal. Tomamos un rico desayuno en un local de comida que estaba en la plaza. Después hicimos las respectivas compras de comida y agua, suficientes para no morir de sed y hambre. Equipados y listos para la aventura salimos a la carretera hacia Caldera.

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Estuvimos un rato levantando el dedo sin tener suerte así que mejor tomamos un bus para que nos lleve hasta el cruce con el camino a Barranquillas. El bus se pasó tres kilómetros de nuestro destino, nada que hacer solo devolvernos y caminar.

Mientras caminábamos por la carretera vimos a muchas orugas con un cuerno como de unicornio, de piel como un traje de látex de color amarillo con negro y de unos cinco centímetros de largo. Todas cruzaban la carretera, muchas morían aplastadas por los vehículos. Nunca había visto ese tipo de orugas.

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Después de caminar bajo el sol unos cuantos kilómetros y tomar el camino de ripio en dirección a Barranquillas la suerte no nos sonreía. Los pocos vehículos que pasaron nos decían, vamos ahí no más.  El camino estaba polvoriento y el sol estaba quemando en plenitud. Por el camino vino una camioneta de esas con la cabina toda cerrada. Bajó la velocidad como para detenerse, pero cuando les preguntamos si nos llevaban el conductor dijo: ¡no!  Igual les dimos las gracias y seguimos caminando.

A los minutos después la misma camioneta viene de regreso, pero para sorpresa nuestra, se detiene frente a nosotros. Nos dicen que volvieron a buscarnos, que no podían dejarnos tirados en medio del desierto. Qué buena gente, pensamos.

Al subir a la camioneta sentí un fuerte olor a pescado podrido. La camioneta estaba llena de material de pesca. Eran pescadores y tenían su embarcación en Barranquilla. Apreté mi nariz y nos acomodamos entre redes y espineles.

DSC00585-COLLAGEFue grandioso el gesto de estos pescadores devolverse a buscarnos. Nos bajamos en el cruce que daba con la carretera costera. Nuestros planes eran llegar durante la tarde al Parque Llanos de Challe y acampar ahí. Todo iba a depender del factor suerte.

Ni un vehículo pasaba por ahí. Caminar era agradable. Se había nublado y el sol ya no nos castigaba. Nuestras risas y conversaciones eran el único ruido que sonaba en el ambiente.

DSC00590-COLLAGEMis ojos iban fascinados con el desértico paisaje, la nubes pasaban haciendo sombras, sentía el viento en la cara, mi mente sólo se concentraba en disfrutar del camino. Estábamos preparados para acampar en cualquier lugar, si los planes fallaban y nos pillaba la noche antes de llegar al parque.

El ruido de un motor interrumpió mis meditaciones. Una camioneta venía a gran velocidad. Pasó tan rápido que apenas alcanzamos a levantar la mano. Los frenos chirriaron y la camioneta se detuvo unos metros más adelante. El conductor se bajó y nos preguntó a dónde íbamos. Le explicamos que pretendíamos llegar al Parque Llanos de Challe. Nos dijo que nos llevaba, pero atrás. Para nosotros no era inconveniente, así que felices nos subimos a la camioneta.

DSC00599-COLLAGEA ratos el conductor se detenía y se bajaba a conversar con nosotros. Nos llevó a conocer Caleta Pajonales. También paraba cada vez que habían flores en el desierto para que tomáramos fotos. Nos contó que estaba en un viaje para encontrarse así mismo. Llegamos al Parque Llanos de Challe, gracias a la gentileza de ese conductor que nos recogió en la carretera. Espero que se haya encontrado así mismo.

DSC00597-COLLAGELas nubes se pusieron más oscuras y amenazadoras de una tormenta. El guardaparque nos dijo que nos instalemos en la zona de camping. También nos comentó que en esta ocasión no había florecido la garra de león y que había una plaga de zancudos. Toda esa información nos hizo dudar de quedarnos en el parque. Decidimos continuar viaje. Por último, si nada nos llevaba antes de que anochezca, nos quedaríamos en el parque.

DSC00662-COLLAGEUn minero que salía en sus días libres nos ofreció llevarnos. La tremenda suerte. Nos llevó a Freirina y alojamos en el hotel que está frente a la plaza. Casi nada había cambiado en Freirina. Sus casas, sus calles y la amabilidad de su gente, todo seguía igual.

DSC00662-COLLAGE (1)En Freirina obtuvimos datos de lugares donde la floración aún estaba en su plenitud. Al día siguiente salimos temprano, nos fuimos en dirección hacia Caleta Los Bronces por un camino de ripio. A medida que nos alejamos de la zona urbana el paisaje se llenaba de tonalidades café, verde y amarillo. Cada vez se hacía más y más solitario el camino. Cada quien caminaba absorto contemplando el paisaje, fotografiando flores y bichos. Uno de los cerros estaba de color violeta por la floración de la pata de guanaco. Dejamos las mochilas a orilla del camino y subimos a tomar fotos.

Nuestro entusiasmo por la belleza de las flores, hizo que nos alejemos más de la cuenta de donde estaban nuestras mochilas.

DSC00687-COLLAGE (2)Desde lo alto del cerro, a lo lejos, vimos un vehículo que venía por el camino. Bajamos corriendo, intentando llegar antes que la camioneta, pero aún nos faltaba un buen trecho para llegar al camino cuando la camioneta llegó junto a nuestras mochilas. Perdimos la esperanza de que nos lleve.

Para nuestra sorpresa, la camioneta se detuvo. Nuestras mochilas habían llamado la atención. Nosotros gritamos ¡Vamos bajando espérennos! Más tarde pensamos que podían haber tomado nuestras mochilas e irse, dejarnos ahí tirados, pero tuvieron la amabilidad de esperarnos.

Al abrir la puerta de la camioneta dos chicos sonrientes nos preguntaron ¿Qué hacen por estos lados? Buscamos flores, contestamos. Ellos iban a Caleta Los Bronces, mejor suerte no podíamos tener. 

La camioneta estaba impregnada de un fuerte olor, difícil de describir y los chicos sonreían mucho. Luego de unos minutos de conversación unos de ellos nos preguntó si queríamos fumar y nos ofreció el cigarro de marihuana más grande que he visto. Osea, eso no era un cigarro, era un habano de marihuana grotesco. Creo que ese cigarro era el paraíso para cualquier fumador de marihuana. Lástima que yo no fumo nada.

Al ver que el conductor y copiloto estaban demasiado alegres y además  se veía una zona extensa de muchas flores. Decidimos bajarnos. Agradecidos por la buena onda, nos despedimos de los felices chicos que flotaban bajo el humo de su amada hierba.

Y nosotros flotábamos de felicidad al ver flores y más flores, todo cubierto de flores, blancas y amarillas, azules y rosadas. Partimos cámara en mano a capturar la flor más linda, pero todas eran lindas y únicas.

aña-COLLAGEMe quedé extasiada observando un bichito que mascaba hojas como una vaquita. No había visto ese bichito antes. También volví a ver las extrañas orugas de traje latex.

Mis ojos se perdían entre esa tierra árida llena de vida. Mi alma se llenaba con ese silencio absoluto que sólo lo rompe el sonido del viento o el aletear de una mariposa.

DSC00734-COLLAGEDespués de unas horas de llenar mi alma de ese espectáculo sobrecogedor que es el desierto florido. Decidimos regresar a Freirina.

Estábamos a unos 40 kilómetros y era muy poco probable que pasara algún vehículo. Sin embargo, apareció un amable señor que nos llevó. Manejaba a baja velocidad mostrándonos plantas y flores. Cuando vio unos hermosos lirios del campo, nos dijo que tomemos fotos de los lirios. Pacientemente nos esperó hasta que terminamos la sesión fotográfica.

El desierto seguía regalándonos mágicos momentos. Una manada de guanacos estaba a orillas del camino pastando tranquilamente. Era increíble lo que nos estaba pasando. Como este gentil señor venía lento, la manada no se asustó. Sigilosamente con mi cámara trate de capturar ese momento mágico. Por su cuenta Enzo hizo lo mismo.

DSC00817-COLLAGEQue maravillosa experiencia me regaló el desierto en esa ocasión. Una árida tierra donde fluye vida y corazón.

Mis infinitas gracias a Enzo por aperrar. Gracias a los pescadores. Gracias al solitario viajero. Gracias al minero. Gracias a los sonrientes chicos. Y gracias al gentil señor. Todos tremendas gentes.

2017 podría ser un año complicado para las especies en peligro de extinción; esto, debido a los efectos del cambio climático y el peligro de una sexta extinción masiva de la Tierra, de la cual advirtió en 2016 la organización World Wildlife Fund (WWF).

Si 2016 fue un año complicado para los animales en peligro de extinción, 2017 sería peor para especies como la vaquita marina, las jirafas y los chitas.

a través de Especies que podrían desaparecer en 2017 | Imágenes y Video — Canal Azul 24

Añañuca una expresión de amor

Este post se lo dedico a mi amigo Enzo Lari, por esa amistad que nació gracias al desierto.

En el desierto más árido del mundo, bajo su manto de arenas, duermen semillas de las más bellas flores hasta que una gota de agua las logra despertar.

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Enzo, yo y la Añañuca roja

Mientras íbamos caminando bajo el desolado y polvoriento desierto, el viento nos susurraba. Sin prestarle mucha atención, nosotros seguíamos caminando con las mochilas a la espalda, cansados pero alegres bajo el ardiente sol.

El viento insistía en contarnos la historia de la Añañuca roja. En silencio le pusimos atención y el viento, jugando con mi pelo y soplando en la cara de Enzo, nos susurró.

Cuenta la leyenda, que en tiempos de la dominación Inca, entre los valles y cerros del desierto más árido del mundo existía un poblado que el viento su nombre borró. Allí vivía Añañuca, una bella joven admirada por todos en el pueblo.

Añañuca, siempre amistosa con toda la gente, no entregaba su corazón a ningún joven que pretendía conquistarla.

Un día pasó por el pueblo un minero y al ver a Añañuca se enamoró intensamente de ella. La joven le entregó su corazón por completo, era el hombre que ella había esperado toda su vida. Añañuca y el minero se casaron.

Eran muy felices viviendo juntos en el poblado, pero los valles y cerros en sueños le hablaban al alma del minero. Y un día sin despedirse de nadie, ni de su amada Añañuca, el minero partió en busca de lo que los cerros y valles le hablaban a su alma.

Añañuca lo buscó sin resultado. Soñaba que su minero la venía a buscar para llevarla a tierras lejanas, que volvía cargado de oro. El minero nunca volvió, ni rico ni pobre, se lo tragó la tierra. Las gentes del pueblo decían que había muerto en el desierto.

Cada día que pasaba más triste estaba Añañuca, hasta que se murió de pena. El día de su entierro el cielo se oscureció. Como nunca, llovió en el desierto. Al día siguiente el sol salió con todo su resplandor y la gente del pueblo fue a visitar la tumba de Añañuca. Esta estaba cubierta de unas flores rojas. Todo el árido valle se cubría de esta flor roja, llenando de color los descoloridos cerros.

La gente del pueblo dijo que la joven se convirtió en flor, como una manera de expresar su amor hacia el minero. Así surgió el nombre de esta bella flor.

De igual modo la vida, para expresar su amor por el desierto, sembró en él Añañucas blancas, rosadas y amarillas. Cada vez que veo una Añañuca pienso que es una expresión de amor.