Sobrevivir con el mínimo

Cuando recién llegue a vivir a Santiago, no solo fue un cambio  geográfico y emocional. También tuve que aprender a vivir con un sueldo mínimo.

Aquí les contare como lo hacía.

Casi todo el sueldo se me iba en pagar el arriendo del departamento y en los gastos básicos que este generaba. Así que para el resto de las cosas debía ingeniármelas.

No tenía televisión, ni Internet.

Observé que los Santiaguinos cuando pasaban cerca de un kiosko se detenían y miraban los diarios que colgaban en cordeles de pita y se afirmaban con perritos de ropa. Mostrando sus portadas. Así descubrí  la mejor forma para enterarme del acontecer noticioso, local, nacional e internacional. Pasaba y leía los titulares de todos los diarios en los kioskos, así quedaba informada. De lo último de la farándula, la noticia roja y violenta, la política y de todo lo que un diario o revista considera relevante poner en portada.

En las mañanas el Metro de Santiago regalaba el diario Publimetro y La Hora, yo pasaba a buscarlos y en las noches antes de dormir o  leía algún libro o me entretenía haciendo mis mejores marcas en llenar los puzzles de los diarios.

Para estar más en contacto con el resto del mundo iba a un ciber café donde la hora me costaba 200 pesos. Con 1 hora me bastaba para leer y contestar correos, que era lo que más me importaba.

Para comer,  en el trabajo me daban ticket de restaurante de 2000 pesos. Me alcazaba para un completo más bebida y papa frita o una ensalada de cochayuyo. Bueno no todos los días comía eso, pero es una relación para lo que me alcanzaba.

Para ir a trabajar lo hacia en bicicleta, así me ahorraba el pasaje, los tacos, y todos los olores del metro o la micro. Mi trabajo desde la puerta de mi casa quedaba a 17 kilómetros. Así que todos los día hacia esa distancia de ida y de vuelta.

En la noche pasaba por los carritos de sopaipillas en Bellavista y mi cena era una sopaipilla con té o un pan con quesillo.

Iba a la Vega a comprar frutas y verduras con un par de lukas hacia magia (la Vega es mágica). Siempre tenia suerte, las caseras(os) me regalaban algo extra. De hambre no iba a morir.

Cuando quería comprarme ropa iba a Bandera (es una calle donde hay muchos locales de ropa usada) donde siempre encontraba algo de mi gusto y muy barato.

Me gustan mucho las actividades culturales, pero con lo que ganaba ni soñar ir al cine por ejemplo. Pero en Santiago siempre hay panoramas gratis. Y el hecho de ser gratis no significa que sean de mala calidad, por el contrario tuve la suerte de estar en muchos grandes espectáculos de connotación mundial.

En una ocasión había un concurso por unas entradas al magnífico Cirque du Soleil concurse y gane! un sueño para muchos, para mí una realidad.

Con una luka (1000 pesos chilenos) carreteaba. Una luka era lo máximo que podía gastar en un carrete todo un derroche para mi. Todos mi amigos ponían luka así que entre luka y luka sumaba y al final nos alcanzaba para un estupendo carrete.

Cuando quería bailar entraba a las discos gratis, siempre las discos hasta cierta hora dejan entrar a mujeres gratis.

Para ir a la playa tomaba mi bicicleta y con un grupo de amigo nos íbamos a la costa. (Valparaiso esta a 123 kilómetros de Santiago). Mi bicicleta es mi medio de transporte preferido para ir a cualquier parte.

Ir a comer a un restaurante era todo un lujo. Era un gusto casi imposible para mí. Pero aveces podía ahorrar mis ticket de restaurante y me daba el gusto de ir a comer sushi.

En las calles siempre hay promotoras regalando alguna muestra de algo, de una nueva linea de shampoo o pasta de dientes, las más ricas galletas o la papa frita con más onda. Siempre probé la ultima novedad del mercado.

Bueno, para poder llevar este ritmo de vida, por nada del mundo hay que enfermarse, porque ahí si que todo el equilibrio se desequilibra.

Una vez me resfrié y mi resfrió fue empeorando, nunca faltaba a trabajar aunque nevara. Pero esa vez me sentía tan mal que no fui. Cada hora que pasaba más mal me sentía. Así que fui donde va toda la gente que no tiene dinero o ganan un sueldo mínimo, a una asistencia pública. En la famosa Posta Central de Santiago, ahí estaba yo temblando de fiebre junto a quebrados, cortados, paros cardíacos y perros que aprovechaban el calor humano para pasar el frío. Olores y dolores. Esperé casi 4 horas hasta que una señora de blanco, tomó mi temperatura, mi presión, con el frío espéculo escucho mis pulmones, abrió mi garganta con una fea y áspera paleta de madera que al tocar mis gordas amígdalas estas se retorcieron de dolor. Después de estar  unos 20 minutos en todos esos menesteres. La señora de blanco me dijo:  tienes neumonitis, amigdalitis, faringitis, bronquitis aguda,  pero como no hay camas y en la farmacia no esta el antibiótico que necesitas te vas a tu casa, y compras estos medicamentos. Me fui más adolorida de lo que había llegado y con todas las itis, pasé a la farmacia y casi me dio un infarto cuando el vendedor me dijo los precios de los medicamentos.

 

Finalmente. Sobreviví y aprendí que la vida esta hecha de momentos y no de cosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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