Cruzando la Frontera en bicicleta parte 2

A medida que avanzábamos en el camino la magia de los bosques y la proveeduria  se iban quedando atrás,  pero en nuestros recuerdos  se quedaban para siempre.

Y en vez de seguir a San Martín de los Andes. Tomamos un desvió y decidimos ir a conocer Junín de los Andes. El camino de cenizas volcánicas en partes era muy suave y mi  bicicleta se deslizaba como pluma, en otros los bancos de arena nos atrapaban al punto de casi derribarme.

Camino de cenizas volcanicas

Camino de cenizas volcanicas

La vegetación cambiaba, los grandes arboles desaparecían y aparecían pequeños arbustos, el verde de las montañas se cambiaba por campos de color café claro, el viento silbaba. El suave camino también cambio por una fastidiosa calamina interminable. Nos encontramos con  un grupo de gauchos arreando su ganado. Un agradable momento de distracción de la torturadora calamina.

Gauchos

Gauchos

Finalmente llegamos a Junín de los Andes donde la pampa se impone, una localidad pequeña, tranquila, como su gente con ese acento argentino más pausado que hace que uno se relaje y sienta que no hay prisa, que el tiempo no importa, que agradable sensación.

Pampa linda

Pampa linda

Aprovechamos de preparamos unos sandwiches con el chancho chino. Pronto llegaron lugareños curiosos por nuestra comida. Unas hormigas negras, grandes y cabezonas sin siquiera saludar se treparon por una de mis piernas para devorar mi sandwich. Por otro lado dos sabuesos se languetiaban pidiendo un bocado del sandwich de chancho chino. Compartimos la merienda con estos lugareños, había que estrechar lazos.

San Martín estaba a unos 42 kilómetros de Junín de los Andes y dado que quedaban varias horas de día decidimos continuar viaje ademas esa distancia la podíamos cubrir en pocas horas y en camino asfaltado  mucho mejor.

Pero no contábamos con una tormenta que nos sorprendió con toda su fuerza en mitad de la carretera. La lluvia y el viento impedía que avanzáramos rápido. La carretera por la íbamos con la lluvia desaparecía convirtiéndose en un río de agua y barro. Y de un golpe llego la noche. Las luces de las bicicletas alumbraban el camino, pero el agua golpeaba tan fuerte en la cara que hacia perder la visión, tampoco podíamos detenernos en el camino y buscar refugio, con la lluvia nuestra visión no era más allá de dos metros.

La lluvia llego.

La lluvia llego.

Llegamos a San Martín de los Andes  y el pueblo estaba completamente a oscuras, con la tormenta  se había cortado la luz. Nosotros mojados hasta el alma, con frío, hambre y sueño que más nos podía faltar, no encontrar alojamiento.

Pasamos la noche en una YPF (servicentro)  Lo bueno que mis alforjas a prueba de agua resistieron muy bien así que tenia ropa limpia y seca.

San Martín de los Andes  es un pueblo de bellos paisajes pero muy turístico y comercial para mi gusto. Así que con el cuerpo calentito y las sonrisas de vueltas apenas amaneció tomamos la ruta ahora hacia el paso fronterizo Hua Hum.

Desde que partimos de la proveeduria hasta San Martín y luego continuamos a Hua Hum llevamos más de 100 kilómetros. Habíamos  estado pedaleando de noche con lluvia, no habíamos dormidos, (porque en la YPF nos cambiamos de ropa, comimos, pero no se podía dormir, no podíamos descuidar las bicicletas ni a nosotros) Nuestros cuerpos estaban exhaustos y a ratos nuestros ojos se querían cerrar, pero sabíamos de un buen camping a pocos kilómetros así que invertiríamos toda la energía que nos quedaba para llegar allí y descansar tranquilos.

Volvimos a entrar al Parque Lanín por un camino de ripio ancho. Unas liebres de grandes orejas y patas largas nos acompañaban por el camino. Sus saltos eran tan divertidos que nos causaban  risas y el sueño se espantaba.

Paisaje volviendo al Parque Lanín

Llegamos al camping pero era solo para picnic, pero igual podíamos quedarnos unas horas y dormir, también se podía hacer fogata. Así que yo encendí una fogata y puse a secar la ropa, tenía tanto animo que el cansancio y el sueño se me  esfumaron. Daniel se quedo profundamente dormido. Cocinamos unas sopas 3 minutos. Nos iba quedando poca comida. Esperábamos encontrar un poblado o una proveeduria  no muy lejos para comprar mas comida.

Ya repuestos continuamos por el camino de ripio a un ritmo suave, aunque yo no había dormido y mientras Daniel dormía yo estuvo todo el rato haciendo cosas, aun me quedaban energías. Daniel dice que soy indestructible.

Después de unas horas de relajado pedaleo nuestros cuerpos exigieron reponer fuerzas con una buena comida. Lo  malo era que ya no nos quedaba comida, tendrían que esperar hasta Hua Hum. Porque por el camino ni una mosca pasaba, ni una casa ni por asomarse. Y cuando empezaba a sentirme muy fatigada y mi animo estaba en pic de bajada.

Como en los cuentos en medio de la nada un pedazo de madera que decía café, onces, almuerzo, y una flecha indicando la dirección.  Solo nos miramos con Daniel y seguimos la flecha que se internaba por un sendero entre los árboles y arbustos, hasta que apareció una hermosa casa de madera.

Una casa como en los cuentos.

Y como en los cuentos un joven amable nos recibió. Comimos muy exquisito bajo una arboleda, en una mesa de mantel blanco, parecía un sueño. Fue nuestro premio.

La mesa de mantel blanco.

La mesa de mantel blanco.

Felices nos despedimos de Andrea el joven que nos atendió. Este lugar mágico se llamaba estancia Quechuquina

Esa noche alojamos en un  camping a orillas del Lago Lacar.  Tuvimos un sueño reparador, nos tomamos un tiempo de relajo y recuperamos fuerzas para el regreso a Chile.

Lago Lácar

Lago Lácar

Cuando ya estábamos saliendo del Parque Lanín encontramos un pequeño museo de los colonos de la zona. Me puse a mira unos mapas Argentinos y me di cuenta que en mi mapa faltaban lugares.

Así que en  vez de continuar el regreso decidimos continuar la aventura y nos fuimos a conocer el Lago Queñi de una impactante belleza escénica. El camino para llegar era pura tierra y había que cruzar un río por una pequeña pasarela de madera, sacamos las alforjas y cruzamos con las bicicletas al hombro.

Cruzando un río

El Lago estaba rodeado de juncos y coigues, de un azul profundo. En la noche las ranas nos regalaron el más bello concierto sinfónico que mis oídos habían escuchado en un escenario iluminado por pequeños gusanos luminosos. Realmente era un Lago mágico un cuento de hadas.

Lago Queñi

Cerca del Lago existían una termas. Con las bicicletas sin alforjas nos internamos por un sendero en medio de un  bosque de grandes coigues, maquis, quilas, pequeños esteros,  se subía por pequeñas lomas y senderos muy angosto con muchos arboles y ramas caídas.

Bicicletas aperradoras.

Bicicletas aperradoras.

Después de una hora llegamos a las termas eran unos saltos de aguas calientes espectaculares. Nos costo llegar pero valió la pena esa maravilla toda solo para nosotros. Fue un bálsamo  para nuestros cuerpos que agradecimos a la madre naturaleza por tal regalo.

Aguas Termales

Aguas Termales

 Nos despedimos del Lago de la hadas como llame, al Lago Queñi con la sensación de haber estado en un lugar encantado. Un lugar que esperamos volver y encontrarlo tal cual.

En el camino de regreso pasamos a la cascada Chachín despidiéndonos de Argentina hasta una nueva oportunidad.

Cascada Chachín

Cascada Chachín

Pasamos por gendarmeria  Argentina para los tramites de rigor. Luego a carabineros de Chile y el SAG.

De vuelta al terruño.

De vuelta al terruño.

Nos quedamos en la hostería Pirihueico al otro día llego el transbordador. Pagamos la tarifa correspondiente por nuestras bicicletas y las amarraron en un rincón.

Arriba del transbordador

Arriba del transbordador

Cruzamos navegando el Lago Pirihueico con una suave brisa acariciando nuestros rostros y dejando atrás  un montón de bellos lugares llenos de mágicos momentos.

Lago Prihueico – Volcan Mocho-Choshuenco

Desembarcamos en Puerto Fuy  y tomamos el camino hacia Panguipulli un camino  bastante malo tanto que la parrilla de mi bicicleta se rompió con las vibraciones de la calamina y justo cuando empezaba a caer la noche,  que mala pata. Mientras estábamos solucionando el percance pasaron unos camiones gigantes. Uno de ellos se detuvo y el chófer nos ofreció ayuda. Yo le responde que estamos bien, pero entonces el chófer trepa por un costado de la carrocería del camión y nos grita;

-suban las bicicletas

-los llevo hasta Panguipulli.

En  el camino los camioneros son los que siempre tienen mas empatía con los demás. Como este camionero que sin pensarlo detuvo su camión y amablemente nos  presto ayuda.  Un reconocimiento a los camioneros de Chile.

El camionero nos dejo en Panguipulli reparamos  mi bicicleta y continuamos viaje a Paillaco aquí terminaba el viaje a pedales. Pedaleamos otra noche más con un hermoso cielo estrellado, en mi vida había visto tantas estrellas fugaces. Llegamos de amanecida a Paillaco. La aventura en pedales había terminado desde aquí tomábamos un bus y volvíamos a casa con el  corazón llenito de felicidad por todos los momentos que vivimos y por los encuentros con bellas personas que conocimos en el camino.

Con nuestras bicicletas pedaleamos aproximadamente 600 kilómetros en 9 días y 10 noches. Con torrenciales lluvias, de noche con el cielo estrellado más bello. Cruzamos la cordillera de verde manto. Abrace una araucaria milenaria. Bebimos aguas puras de las vertientes. Nos bañamos en ríos y lagos mágicos, termas paradisíacas. Dormimos bajo un manto estrellado. Estrechamos manos generosas y amables.

Nuestras bicicletas nos ha llevado  a lugares que quizás en otros medios no habríamos conocido, ni valorado tanto la libertad que nos brinda una bicicleta.

Un año después que hicimos este viaje una de nuestras bicicletas fue robada. El ladrón no solo se llevo una bicicleta, si no que se llevo algo que era parte de nuestras vidas.

Hay momentos que se quedan en el alma para llevarlos toda la vida.

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