Mi viaje al Perú

Era mi primer viaje a Perú estaba muy emocionada. Miraba las montañas desde la ventana del avión me parecían aun más fascinantes que cuando las subo. Una grata conversación  con los compañeros de asiento el viaje se hizo más entretenido.

Llegue a Lima y compartí un taxi con dos personas que conocí en el aeropuerto y que llevábamos la misma ruta. Lo primero que aprendí en Perú  fue que había que regatear el precio del taxi. Una vez acordada la tarifa el taxi dejo en el camino a mis compañeros de ruta y después de unas dos horas en un enorme taco, el taxi me dejo en un placita en Miraflores, esta plaza era la plaza de los gatos, yo acostumbrada a ver perros por todos lados acá en Santiago.

Gato en Plaza kennedy Miraflores, Lima.
Gato en Plaza kennedy Miraflores, Lima.

Me quede como hipnotizada al ver tanto gato dando vueltas por esa plaza, la gente les hacia cariño, les daba de comer y los gatos colgaban de los árboles, en las bancas, en el pasto, al lado de las parejas enamoradas, era todo un curioso espectáculo para mi. 

Mi pareja ya llevaba unos días en Lima con otros chilenos participando en un Workshops. Así que me hospede junto a ellos en la casa que habían arrendado ubicada en un acogedor barrio de Miraflores.

Lima es una ciudad llena de contrastes muy interesante por su arquitectura y gastronomía, muy rica culturalmente.

Parque en Lima
Parque en Lima
Catedral Lima
Catedral San Francisco Lima

Me sorprendió que en plena ciudad hallan sitios arqueológicos, después supe que toda Lima esta llena sitios arqueológicos que muchas construcciones se hicieron sobre estos. Visite uno de esos sitios el Huaca Pucllana una gran pirámide hecha de adobe de 25 metros de alturas, seis hectáreas de superficie que conforman un conjunto de patios, plazas y recintos, maravillosa arquitectura que se mantiene a través del tiempo.

sitio arqueológico perteneciente a la cultura Lima.
sitio arqueológico perteneciente a la cultura Lima.

Quería probar la comida china en Lima, me habían dicho que era muy distinta a la comida china chilena. Cerca de la casa en que me alojaba había un restaurante chino así que fui para allá.

En el restaurante a la entrada de la puerta, tenían la típica pizarra con el menú y los precios yo estaba mirando el menú que se ofrecía y concentrada haciendo la conversión de sol a peso chileno. Cuando una señora china me pasa un teléfono y me hace gestos que conteste, yo me sorprendí y dudosa conteste  Alo… al otro lado de la linea  una voz trapajosa dijo: quiero! sopa y entendí que debía tomar un pedido, entendí lo de la sopa pero el resto del menú que pedía no entendí nada, él señor al otro lado del teléfono un poco molesto, pensaba que estaba hablando con alguien que trabajaba en el restaurante. Como no logró que yo le entienda decidió  ir personalmente, el molesto cliente después se dio cuenta que yo no trabajaba ahí y yo no le entendí  porque la persona hablaba en cantones peruano. Después de esa anécdota la señora china me llevo a la mesa la comida que había pedido y sí era muy diferente a la comida china que acostumbro a comer en Santiago. Sabores más fuertes pero que a mi paladar agrado.

El restaurante era de una familia china,  abuelos, hijo casado y dos niños, los únicos que hablaban español eran los niños entre 6 y 8 años. Luego me entere que no fui la única que le toco tomar pedido, a unos compañeros de casa también les toco, como la señora china no hablaba español pasaba el teléfono a cualquier persona que valla pasando por la calle, así que si alguien pasa por ahí más que seguro le toca tomar pedido. 

Lima como capital turística tiene mucho que mostrar e imperdible es el Parque de la Reserva a este parque se debe ir de noche porque se recorren 13 fuentes de agua que hacen un show de luces y música. Después del mágico show de agua música y color  que disfrutamos enormemente nos dio hambre, afuera del parque hay un varios puestos con comida, y todos ofrecen el mejor menú.

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Fuente el Túnel de las sorpresas.

Nosotros elegimos el puesto que se veía más tranquilo y sobre unas hojas se cocinaba una carne que se veía apetitosa.  Nos atendió una chica y nos dijo que esa carne apetitosa no estaba a la venta, primera decepción.

Cada integrante del grupo con el que andaba  hizo sus pedidos, yo pedí un té para beber mientras esperaba mi plato. Le dije a la chica que quería un té sin azúcar,  la chica muy tranquila fue dejando a cada uno la comida y bebidas incluido mi té, luego puso el servicio y olvido uno. Yo tomé un sorbo de té y este era muy dulce, pedí que me lo cambiara, ella fue con su calma y cambio mi té para nuevamente llevarlo con azúcar, le recordamos que faltaba un servicio ella hizo un gesto indicando un lugar y dijo allá esta, nuestro amigo el que quedo sin servicio, pregunto debo ir yo? a buscarlo -sí dijo ella, nos miramos todos con cara de ah! es auto servicio y nuestro amigo fue hacia el lugar donde la chica indico y él dijo-pero ahí no esta el servicio,  todos reímos! la chica con cara de desconcierto reacciono y desde otra mesa tomo un cuchillo y un tenedor y por tercera vez me llevo el té con azúcar.  Al parecer hablamos el mismo idioma pero  hay palabras que en otro país tiene otro sentido, como servicio. Aunque sin azúcar no me quedo claro que quería decir, ponga mucha! azúcar.

Después de unos días en Lima y terminado el workshops teníamos planificado con mi pareja un pequeño viaje a la selva peruana.

Compramos pasajes en bus a Tingo María salíamos en la tarde de Lima para llegar a la amanecida a Tingo María. Dejamos nuestras mochilas en la oficina de la agencia del bus que nos llevaría, pero cuando regresamos a tomar el bus, la agencia ya no estaba, un amable taxista nos ayudo a buscarla, hasta que finalmente por nuestra cuenta encontramos una sucursal, todo era muy confuso la persona que nos vendió los pasajes nos dijo que el bus no había podido pasar un paso cordillerano y que nos llevaría otro bus, pero el otro bus no existía así que pedimos la devolución de nuestro dinero lo cual la persona  nos pidió disculpas y nos devolvió  la totalidad del dinero pero nuestro viaje a la selva se nos cayo.

Decidimos buscar otro destino de viaje que no sea muy lejos de Lima y sea un lugar interesante para nosotros de conocer. En una agencia un señor muy amable nos hablo de Chimbote el nombre me sonó chistoso como alguien sin su bote.  Y nos fuimos a Chimbote, disfrutamos rica comida y de paseos en taximoto.

En Lima nos dijeron que Chimbote como Puerto era peligroso pero nosotros encontramos de lo más apacible la ciudad justo lo que necesitábamos para relajarnos un rato.

Chimbote
Chimbote
Iglesia y Plaza de Chimbote
Iglesia y Plaza de Chimbote

Después nos fuimos Trujillo a conocer los sitios arqueológicos que se encontraban cerca de ahí, aprendimos de las culturas que habitaron esas tierras, nos gusto mucho esta ciudad con arquitectura colonial, yo era más feliz porque habían muchos cafés y podía disfrutar de un café, mucha comida y chocolates ricos.

Chan Chan ciudad precolombina de adobe
Chan Chan
ciudad precolombina de adobe
Huaca La Luna
Huaca La Luna
Trujillo
Trujillo
Iglesia de Trujillo
Iglesia de Trujillo

Una noche mientras estábamos en la plaza de Trujillo se nos acerco un hombre y comenzó a hablar y hablarnos mucho sobre la historia de Trujillo nosotros por educación lo escuchamos yo pensé luego de tan largo discurso querrá una propina y se ira. Pero el tipo no se iba ni con propina fue una situación muy incomoda de la cual aprendí que a veces hay que ser maleducado para salir de una situación difícil.

Plaza de noche en Trujillo
Plaza de noche en Trujillo

Pero esa situación no empaño los bonitos momentos que vivimos en Trujillo conocimos a lindas personas y aprendimos más de la cultura de los pueblos de Perú.

Con tanta cosa rica que probar me enferme de la guata, fue una tortura ir enferma el viaje de regreso en bus a Lima, el personal del bus fueron muy amables  y compresivos conmigo cosa que agradezco infinitamente desde este espacio.  Al llegar a Lima corrí a la farmacia a comprar el medicamento que necesitaba. Lección no probar todo por muy apetitoso que se vea.

Con anécdotas e imprevistos fue una bonita experiencia de mi primer viaje a Perú.

Mis Alfajores

Comienza la primavera, el cielo se llena de coloridos volantines y los almendros florecen. Septiembre me envuelve con aroma, sabores y recuerdos familiares.

Los cerezos y manzanos comenzaban a florecer, el jardín se llenaba de colores y aromas todo era señal que septiembre había llegado. La casa de mis padres de impregnaba de aromas y sabores. Nuestra bandera chilena flameaba en un mástil a la entrada del jardín, era la única vez en el año que podía salir de la cajonera para poder estirarse y flamear a sus anchas. Mis familia sentía un orgullo especial de ser chilenos, orgullo que transmitieron a sus hijos por haber nacido en esta maravillosa tierra de aguerrida geografía llena de paisajes idílicos en que la naturaleza se muestra con todo su esplendor y aveces con toda la furia.

Cada año  para celebrar el 18 de septiembre( día de la independencia de Chile) en la casa de mis padres se hacían las típicas empanadas y alfajores de chancaca para disfrutar con la familia e invitados. Los vecinos y familiares aprovechaban ese día para hacer vida social. En cada casa se recibían las visitas con ricas empanadas fritas y alfajores de chancaca. Desconozco  de donde y cuando comenzó esa tradición ni como llego a mi familia. Creo que mi familia era la única que les ponía higos secos, las demás familias solo harina dorada y chancaca.

En ninguna otra parte de Chile he comido alfajores de chancaca, creó que es muy típico de mi pueblo donde nací tampoco es algo que sea de gusto masivo, siento que es un gusto  muy local. Acá en Santiago es casi imposible encontrar estos deliciosos dulces. Así que decidí hacerlos yo.

Para empezar primero se hace la masa de los alfajores que se llama hojarasca. Se necesita huevos, harina, jugo de naranja y agua ardiente.

Se moja la harina con los huevos y el jugo de naranja se le agrega una cucharada de agua ardiente formando una masita suave y elástica. Se amasa bastante hasta que esta masa este de una consistencia en que se pueda estirar con un uslero. Se cortan círculos finos de unos cinco centímetros se pinchan con un tenedor para que no se inflen y se colocan en el horno. Se cocinan como unas galletitas, sin dorarse ni quemarse.

Como no tengo el espacio ni el horno adecuado para hacer esto, compre las hojarascas.

El relleno es lo más importante. Para esto se necesitan, higos secos, chancaca, harina dorada, pasas, cascara de naranjas, clavo de olor. Creo que mi familia era la única que les ponía higos secos, las demás familias solo usaban harina dorada y chancaca.

Como lo hacia mi mamá en una sartén puse 2 tazas de harina cruda de trigo a dorar. La harina dorada sirve de espesante. Cuando esta de un color café claro esta lista.

Al estar cocinando la harina su aroma me trajo muchos recuerdos de mi niñez. Antes no existían todos estos suplementos alimenticios que hay ahora para criar a los bebes. Mis hermanos, primos y yo nos criamos con harina dorada, nuestras madres ponían esta harina a la leche quedando un alimento fortificante. Tal ves por eso somos personas muy saludables.

Continuo con la preparación, a la cascara de naranja se le saca toda la parte blanca y se pica en una tabla en cuadritos junto con las pasas e higos.

En una olla se pone un pan de chancaca con una taza de agua y se le agregan los higos, especias, pasas y naranjas. Una vez que hirvió todo y los higos estén blandos, en una taza se disuelve la harina dorada y se agrega al caldo poco a poco va espesando, si falta consistencia agrega más harina hasta obtener la consistencia necesaria para relleno.

Una vez frío el relleno, se rellena una hojarasca y se tapa con otra. Se deja un día o dos y la chancaca humedece la masita quedando el perfecto alfajor de chancaca.

Así quedaron. Para mi unas fiestas patrias sin alfajores de chancaca no son fiestas.

Alfajor de Chancaca
Alfajor de Chancaca.

Sobrevivir con el mínimo

Cuando recién llegue a vivir a Santiago, no solo fue un cambio  geográfico y emocional. También tuve que aprender a vivir con un sueldo mínimo.

Aquí les contare como lo hacía.

Casi todo el sueldo se me iba en pagar el arriendo del departamento y en los gastos básicos que este generaba. Así que para el resto de las cosas debía ingeniármelas.

No tenía televisión, ni Internet.

Observé que los Santiaguinos cuando pasaban cerca de un kiosko se detenían y miraban los diarios que colgaban en cordeles de pita y se afirmaban con perritos de ropa. Mostrando sus portadas. Así descubrí  la mejor forma para enterarme del acontecer noticioso, local, nacional e internacional. Pasaba y leía los titulares de todos los diarios en los kioskos, así quedaba informada. De lo último de la farándula, la noticia roja y violenta, la política y de todo lo que un diario o revista considera relevante poner en portada.

En las mañanas el Metro de Santiago regalaba el diario Publimetro y La Hora, yo pasaba a buscarlos y en las noches antes de dormir o  leía algún libro o me entretenía haciendo mis mejores marcas en llenar los puzzles de los diarios.

Para estar más en contacto con el resto del mundo iba a un ciber café donde la hora me costaba 200 pesos. Con 1 hora me bastaba para leer y contestar correos, que era lo que más me importaba.

Para comer,  en el trabajo me daban ticket de restaurante de 2000 pesos. Me alcazaba para un completo más bebida y papa frita o una ensalada de cochayuyo. Bueno no todos los días comía eso, pero es una relación para lo que me alcanzaba.

Para ir a trabajar lo hacia en bicicleta, así me ahorraba el pasaje, los tacos, y todos los olores del metro o la micro. Mi trabajo desde la puerta de mi casa quedaba a 17 kilómetros. Así que todos los día hacia esa distancia de ida y de vuelta.

En la noche pasaba por los carritos de sopaipillas en Bellavista y mi cena era una sopaipilla con té o un pan con quesillo.

Iba a la Vega a comprar frutas y verduras con un par de lukas hacia magia (la Vega es mágica). Siempre tenia suerte, las caseras(os) me regalaban algo extra. De hambre no iba a morir.

Cuando quería comprarme ropa iba a Bandera (es una calle donde hay muchos locales de ropa usada) donde siempre encontraba algo de mi gusto y muy barato.

Me gustan mucho las actividades culturales, pero con lo que ganaba ni soñar ir al cine por ejemplo. Pero en Santiago siempre hay panoramas gratis. Y el hecho de ser gratis no significa que sean de mala calidad, por el contrario tuve la suerte de estar en muchos grandes espectáculos de connotación mundial.

En una ocasión había un concurso por unas entradas al magnífico Cirque du Soleil concurse y gane! un sueño para muchos, para mí una realidad.

Con una luka (1000 pesos chilenos) carreteaba. Una luka era lo máximo que podía gastar en un carrete todo un derroche para mi. Todos mi amigos ponían luka así que entre luka y luka sumaba y al final nos alcanzaba para un estupendo carrete.

Cuando quería bailar entraba a las discos gratis, siempre las discos hasta cierta hora dejan entrar a mujeres gratis.

Para ir a la playa tomaba mi bicicleta y con un grupo de amigo nos íbamos a la costa. (Valparaiso esta a 123 kilómetros de Santiago). Mi bicicleta es mi medio de transporte preferido para ir a cualquier parte.

Ir a comer a un restaurante era todo un lujo. Era un gusto casi imposible para mí. Pero aveces podía ahorrar mis ticket de restaurante y me daba el gusto de ir a comer sushi.

En las calles siempre hay promotoras regalando alguna muestra de algo, de una nueva linea de shampoo o pasta de dientes, las más ricas galletas o la papa frita con más onda. Siempre probé la ultima novedad del mercado.

Bueno, para poder llevar este ritmo de vida, por nada del mundo hay que enfermarse, porque ahí si que todo el equilibrio se desequilibra.

Una vez me resfrié y mi resfrió fue empeorando, nunca faltaba a trabajar aunque nevara. Pero esa vez me sentía tan mal que no fui. Cada hora que pasaba más mal me sentía. Así que fui donde va toda la gente que no tiene dinero o ganan un sueldo mínimo, a una asistencia pública. En la famosa Posta Central de Santiago, ahí estaba yo temblando de fiebre junto a quebrados, cortados, paros cardíacos y perros que aprovechaban el calor humano para pasar el frío. Olores y dolores. Esperé casi 4 horas hasta que una señora de blanco, tomó mi temperatura, mi presión, con el frío espéculo escucho mis pulmones, abrió mi garganta con una fea y áspera paleta de madera que al tocar mis gordas amígdalas estas se retorcieron de dolor. Después de estar  unos 20 minutos en todos esos menesteres. La señora de blanco me dijo:  tienes neumonitis, amigdalitis, faringitis, bronquitis aguda,  pero como no hay camas y en la farmacia no esta el antibiótico que necesitas te vas a tu casa, y compras estos medicamentos. Me fui más adolorida de lo que había llegado y con todas las itis, pasé a la farmacia y casi me dio un infarto cuando el vendedor me dijo los precios de los medicamentos.

 

Finalmente. Sobreviví y aprendí que la vida esta hecha de momentos y no de cosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El desierto mas árido del mundo. Florece a la vuelta de mi pedal.

Lo maravilloso de viajar, es el poder maravillarse del mundo que nos rodea.

Nací en el sur de Chile  y gran parte de mi vida la he vivido en esa zona. No conocía la parte norte de Chile. Muchas veces había oído hablar del desierto florido, por imágenes en internet veía algo maravilloso, pero nunca mi tiempo coincidía con dicha floración. Hasta que se dio el momento.
Con nuestras bicicletas fieles compañeras de viaje, con mucho entusiasmo y ansias por esta nueva aventura con Daniel emprendimos el viaje. Tomamos un bus hasta Vallenar. Desde ahí comenzaría el pedaleo.

Llegamos de amanecida a Vallenar. Armamos nuestras bicicletas  y nos fuimos a recorrer la ciudad. Lo primero que llamo mi atención fue que la ciudad estaba en un hoyo y que había poca vegetación y un pequeño río cruzaba la ciudad. Fuimos hacia la plaza; siempre que viajo me gusta conocer las plazas de los pueblos. Es ahí (desde mi punto de vista) donde un viajero puede observar a la gente de una ciudad y su cotidiana vida más directamente.

Iglesia en la Plaza de Vallenar
Iglesia en la Plaza de Vallenar

Poco a poco el pueblo fue cobrando vida. Gente apurada hiendo a trabajar o a hacer trámites, almacenes que habrían sus cortinas, estudiantes, vendedores, los colectivos o taxis trasladando pasajeros. La ciudad había despertado.

Pasaban y nos saludaban con asombro al ver que viajábamos en bicicleta. Los menos tímidos se acercaron a conversar y a preguntarnos de dónde veníamos y darnos datos de que lugares conocer. En medio de todo eso, yo observaba que toda la gente salia con su escoba y barría el frontis de sus casas o tiendas. No en muchos pueblos que he recorrido he visto esa matinal costumbre. Me agrado mucho, porque veía a la gente sonreír, saludarse y comentar una que otra cosa, era como en los cuentos donde la gente es feliz. Luego todos volvían a sus rutinas. Sería genial que la gente de la gran capital se tomara esa pausa para socializar. Solo una ilusión.
Después de desayunar, tomamos la carretera rumbo a Copiapó.  Yo abría bien grandes mis ojos para capturar cada detalle del camino; no quería perderme de nada. A la vez, saludaba a los camioneros que alegremente nos saludaban con sus bocinas. El paisaje se tornaba gris, en el infinito el cielo nubes se juntaba con los grises, la vegetación desapareció por completo, era un verdadero desierto, pero no dejaba de ser bello ver la gama de colores, azul, violeta, rosado, rojo, café y gris.

ruta entre Vallenar y Copiapo. Chile
Desierto

Después de varias horas de pedaleo nos dio hambre, y vimos que los camiones se salían de la carretera y estacionaban al lado de una pequeña casa que decía restaurante. Nos acercamos también. Estaba lleno, sin una mesa desocupada y con una larga fila de hombres hambrientos esperando turno. Así que decidimos seguir.

A unos 3 kilómetros más arriba nos encontramos con otra casa restaurante, pasamos y ésta tenia menos clientes. Cuando nos sirvieron aquel tremendo plato de comida, nos dimos cuenta que estábamos en ese otro Chile, que no es Santiago. Este país es una larga y angosta faja, en la que cada región tiene su belleza particular y donde su gente es única en cada lugar.

Restaurante en el desierto.

Con la guatita llena y el corazón contento (dicho sureño) continuamos el pedaleo.

Nos salimos de la carretera y tomamos un camino minero que nos llevaría hacia el Parque Nacional Llanos de Challe. Aquí el camino se torna más bonito y solitario. No hay camiones.

La superficie es muy suave, espectacular para las bicicletas. La gente de la zona le llama caminos de “vichuquita”, que en el fondo son caminos estabilizados con sal. La vichuquita nos permite desplazarnos con mayor rapidez y suavidad.

Camino de vichuquita.

Comienzan aparecer los primeros capullos de flores. Parece que sonríen moviéndose con el viento. Le ponen más color a este desierto. Los cerros son de color café, con vetas negras, como si alguien con una brocha pintara franjas negras, haciéndolo más hermosos y misteriosos.
En solitario pedaleamos por esos caminos, donde corre viento. A ratos hace ráfagas que dificultan el pedaleo, pero que refresca de los intensos rayos de sol. Pequeñas y tímidas florcitas adornan el camino, expelen suave perfume que llega hasta nuestras narices.

La vida florece.

Escucho un extraño sonido. Me detengo a observar de donde viene y veo, en lo alto de uno de los cerros cafés, unos puntos, también cafés, que se mueven. Nos quedamos quietos, observando como una manada de guanacos viene en dirección hacia nosotros. Quieren cruzar el camino, pero al olernos se detienen, se hacen gestos entre ellos. Uno se acerca mas a nosotros, y emite sonidos. Nosotros fascinados tratamos de fotografiarlo mientras la manada nos observa a la distancia, desde otro cerro. Es como si esperan a que alguien se aburra, nosotros o ellos, para continuar el camino.

Como vemos que no avanzan mas, y que es difícil fotografiar al que nos grita, es que continuamos, pero es ahí donde la manada comienza a cruzar y el gritón corre al lado de nosotros y nos da otros gritos antes de desaparecer entre los cerros. Su estrategia fue distraernos y luego aburrirnos; así cruzo toda la manada.

Pasamos la noche en medio del desierto nunca había estado en un desierto toda esa experiencia era fascinante para mi. Acampamos detrás de unas pequeñas dunas. El cielo estaba sembrado de estrellas. Era maravilloso sentir esa sensación de libertad y pequeñez ante esa inmensidad solitaria. Pensaba lo fácil que sería perderse. El desierto en el horizonte de veía infinito y todo me parecia una postal surrealista.
La temperatura bajó mucho. Ahí experimente eso que había oído decir que en el desierto hace mucho calor de día y frío de noche.

Al despertar nuestra carpa tenía hielo y la arena estaba congelada. Nada mejor en esos casos que un rico chocolate caliente, con galletas de avena para tener energías y unas frutas.

El camino era hermoso, los colores y las formaciones rocosas impresionaban y me impresionaba cómo en esa rocas peladas crecían pequeñas flores que le daba vida a esa roca inerte. De vez en  cuando veíamos a los guanacos que desde la cumbre de algún cerro nos vigilaban.

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Llegamos al Parque Llanos de Challe, seguimos pedaleando por una huella de vehículo hasta que se convirtió en un sendero en el que aparecían pequeños jardines de colores.

Entrando al Parque Llanos de Challe.
Entrando al Parque Llanos de Challe.

 

Pequeños Jardines
Pequeños Jardines

Acampamos en el Parque en pleno llano. Los guanacos de nuevo hicieron postal en el paisaje. Recorrimos algunos cerros y fotografiamos las flores. Yo estaba maravillada de esa belleza enigmática, atrayente… hasta sublime.

Flores de Llanos de Challe.
Flores de Llanos de Challe.
Desierto Florido. Magico fenomeno.
Amanecer en el Parque Los Llanos de Challe
Colores y Aromas

Salimos del Parque Llanos de Challe y continuamos por un camino que nos llevaría hacia la costa.

Camino hacia la costa.
Camino hacia la costa.

Llegamos a un pueblito costero llamado Carrizal Bajo. Nunca había oído hablar de ese pueblo, pero más tarde nos enteramos que tuvo su momento de fama durante el periodo del gobierno militar en Chile, porque por ese pueblo se interno un gran arsenal de armas, las cuales serian usadas en contra del gobierno dictatorial, la cual fue una fallida operación.

Carrizal Bajo
Carrizal Bajo

Al llegar al pueblo, un niño nos contempló con mucha curiosidad, luego se acerco y nos preguntó que hacíamos nosotros ahí. Conociendo, le conteste. Mmm… —dijo el— pero aquí no hay nada interesante como para que vengan turistas. Yo le respondí que nosotros no eramos turistas, sólo somos viajeros que nos gusta conocer nuestro país. Aah! dijo el, y luego nos recomendó donde comer; cual restaurante era mejor, aunque había solo uno. Más en confianza, nos hablo de las añañucas amarillas y de la flor garra de león, especies endémicas de ahí.

 

Añañuca Amarilla
Añañuca Amarilla

Una de las razones por la que llegamos hasta allí era para conocer la famosa garra de león, que sólo florece en el desierto y en ciertos períodos. Por lo que había leído ese era el momento en que debía florecer. No encontramos la garra de león, pero encontramos estas otras bellezas.

 

La belleza hecha flor

 

 

Finalmente le pregunté ¿Y hay más que se deba conocer acá? El niño se quedó pensando y nos dijo: tenemos un humedal. Entonces hay que conocerlo —dije, pero él titubeo —solo queda un flamenco. ¿Uno solo? pregunté. Si —dijo él— lo que pasa es que teníamos un cisne cuello negro y un flamenco. Cada uno tenia su territorio, así no peleaban. Pero un día, uno de ellos paso el límite y se pelearon, y bueno, sólo quedó el flamenco— terminó con tristeza. Pero igual sera interesante conocer al flamenco— dije para alegrarlo.

 

Colores

Continuamos hacia el norte, por un camino costero, el paisaje se torna verde, violáceo. Los violetas se mezclan con el azul del mar. El mar ruge, las olas golpean sobre las desnudas rocas, como castigándolas por detener sus intentos de ir mas allá.
Acampamos en un jardín de amarillas añañucas. Sus tallos se mecían con el viento. Era como si el viento cantara una canción de cuna, arrullándolas para dormir. Bajo ese arrullo nos dormimos nosotros también.

Después de unos días de viajar y acampar por solitarios y bellos parajes, y no encontrar la famosa garra de león. Nos movimos hacia a la urbe, a la ciudad de Huasco, un bello pueblo costero, contaminado por una fea termoeléctrica.

Huasco
Huasco

Nos quedamos una noche ahí, al día siguiente continuamos hacia el interior del valle del Huasco, poco a poco iba quedando atrás el impresionante desierto. A nuestro encuentro salían enormes y añosos olivos, gente amable que nos saludaba, ofertas de aceitunas por todos lados.

Plaza de Freirina.

Llegamos a Freirina pequeño pueblo conocido por sus aceitunas y camarones de río. Inmediatamente Freirina nos hechizó con la hospitalidad y cordialidad de su gente. La línea del tiempo parecía detenerse. Una mezcla entre un pasado colonial y ancestral diaguita, y un presente representado por grandes camiones cargando el preciado mineral. A ratos parece estar entre lo irreal y lo real, entre calles polvorientas que parecían cantar una historia, de trabajo y sudor, y por otro lado, el monstruo del progreso rugiendo, haciendo una moderna carretera.
Aun el cielo estaba estrellado cuando nos marchamos, despacio y sin ruido, fuimos dejando atrás el inmenso desierto poblado de sueños y esperanzas…

En Coquimbo tomamos el bus de regreso a nuestro hogar, trayéndonos una de las experiencias más bonitas de los milagros de la naturaleza, sentir y contemplar en plenitud el desierto florido.

En Coquimbo
En Coquimbo

Cruzando la frontera en bicicleta parte 1

Con Daniel planificamos viajar, pero no teníamos claro el destino, sólo sabíamos que queríamos hacer un viaje por varios días en bicicleta. Dando un vistazo a un mapa rutero, nos decidimos a cruzar la frontera. Sería nuestro primer viaje largo juntos. Así comenzó la aventura.

Salí del trabajo y llegue a casa corriendo. Tomamos las alforjas, carpa, sacos de dormir, y nuestras bicicletas, y partimos al terminal a tomar el bus. El auxiliar del bus nos dio una mirada no muy amable al vernos con nuestras bicicletas desarmadas y empacadas. Hizo un gesto de protesta, pero antes que dijera algo le pasé el tiket de pago por sobre equipaje.

Muchas veces los auxiliares de los buses se molestan mucho al ver a ciclistas viajar con su bicicletas como equipaje aunque estas estén desarmadas, empacadas y además se les paga extra. Nunca he entendido mucho cual es el motivo de la molestia, si hay pasajeros que viajan con la casa completa y ni una queja al respecto.

Arriba del bus, con nuestras chanchitas (bicicletas) en el maletero, nuestro primer destino era Villarica.

Llegamos de madrugada a Villarrica, el día estaba frío y costaba despertar. Armamos nuestras bicicletas, desayunamos, compramos algunas cosas que nos faltaban y recorrimos el pueblo.

Y comenzó el pedaleo  camino a Lincan Ray.  El sol salió con toda su fuerza, haciendo el día más hermoso, pero con el calor mis fuerzas bajaban bastante. El paisaje relajante hacia que olvidara el calor, y nos concentrábamos en disfrutar y admirar la belleza de paisaje que asomaba al ritmo de nuestros pedales. Tuvimos el primer pinchazo (único en todo el viaje) justo en una curva sin protección del sol y junto a un fastidioso amigo perruno que nos mostraba sus dientes. Con nuestras habilidades en mecánica, rápidamente arreglamos el percance y continuamos el viaje felices y riendo del perro gruñón.

Sin darnos cuenta, con paradas a comer, con pequeñas conversaciones con lugareños que encontramos en el camino, paradas para ir al baño y a sacar fotos, el día se nos estaba yendo y el atardecer estaba marcando su presencia con sus tonos ocres. Hacia rato que ya habíamos pasado por Coñaripe y dejado atrás el camino pavimentado. Pedaleábamos por un camino de ripio, mucha piedra suelta y las camionetas 4×4 nos llenaban de polvo. La noche se estaba haciendo notar y pronto debíamos encontrar un lugar donde acampar. Íbamos por la ruta de las termas así que lo ideal seria acampar en algún camping con termas.

Atardecer en la ruta de la termas.

El cansancio se nos estaba notando y el camino se hacia cada vez más rudo. Empezábamos a subir una cuesta larga y ni un camping se veía en el camino.

Camino

Desde una casa que estaba al lado del camino, una señora nos contemplaba con curiosidad. La saludamos y le preguntamos si había un camping con termas cerca y nos dijo que a 10 kilómetros había uno. Tienen que terminar de subir la cuesta. Igual nos falta, comente. Pero si gustan se pueden quedar aquí. También hay camping y unos posones termales. Sólo que no hay luz eléctrica. Nuestros rostros se iluminaron. Sí! No, nos importa la luz eléctrica. Sólo queremos descansar. La señora nos llevo al interior de su campo. Caminamos por un sendero y llegamos a la orilla de un río. Debajo de un gran árbol habían mesas. Ustedes acomódense donde quieran, nos dijo.

Como íbamos a andar por una zona lluviosa, nos habíamos comprado una carpa que aguantara las inclemencias del clima, pero no habíamos tenido tiempo para armarla. Así que, estábamos aquella primera noche, sin luna, bajo la sombra de un bosque, intentando con una linterna leer las letras pequeñas del manual de armado de la carpa. Finalmente, nos tomamos una sopa caliente y cansados pero felices, nos dormimos escuchando el canto del río. Ese día pedaleamos casi 70 kilómetros. Para ser el primer día y con todas las paradas, estaba más que bien para nuestras expectativas.

Río

Desperté temprano, el río estaba hermoso, tranquilo, tan quieto que daban ganas de bañarse, pero el agua estaba muy fría. Y sin pensarlo dos veces, me saque la ropa y me lancé al agua. Estaba muy fría, pero deliciosa. Un par de pajaritos me miraban todos curiosos, sorprendidos creo, de mi piel tan blanca. Disfrute el agua al máximo. Fuimos a ver los posones termales, pero ya había gente y eran muy barrosos así que volvimos a desayunar. Levantamos campamento, nos despedimos de la amable señora y continuamos la ruta.

El camino de ripio fue tomando cada vez más pendiente. Al llegar a la cumbre, por el otro lado del camino venían subiendo otra pareja de ciclistas nos detuvimos sorprendidos a saludarlos. Ellos eran Belgas que venían desde Argentina y nosotros íbamos a Argentina. Fue divertido encontrarnos justo allí, luego de subir por ambas cuestas. Luego de un intercambio de datos cada cual continuó su respectivo viaje.

El camino seguía subiendo y se ponía en mal estado, ripio suelto con muchos hoyos y cuestas más larga. Pero el paisaje nos sorprendía, con verdes bosques, puentes de madera, helechos gigantes, copihues rojos trepando por los altos coigües, chilcos floridos , pájaros que rompían el silencio con sus trinos. A lo lejos se veía un cordón de cerros calvos, esas bellas montañas habían sido taladas, la mano del hombre era evidente.

Las personas que encontrábamos en el camino eran muy cordiales. En una casa de campo compramos una ricas tortillas de rescoldo. Son muy buenas para viajes largos, duran bastante conservando su textura y sabor.

Donde compramos las Tortillas de Rescoldo

Este segundo día queríamos llegar hasta la avanzada nacional en Carirriñe (pasó fronterizo Chile – Argentina) solo funciona en época estival, (en invierno queda bajo nieve entre 3 hasta 6 metros de nieve), no teníamos la certeza de cuantos kilómetros nos faltaban  y el camino aunque hermoso era duro  y mis músculos estaban fatigados y nos quedaban unos dos horas de luz.

En el camino nos topamos con unas termas y decidimos descansar y pasar la noche ahí. El olor azufre era intenso, señal que el agua debía ser buena. Y no, nos equivocamos unas termas exquisitas, en medio de verdes bosques, con baños de azufre, un río de aguas calientes. Buenas instalaciones piscinas, cabañas. Daniel como un pez nado en el río en lo más profundo y observo a muchos peces grandes. Descansamos, nos relajamos disfrutando  de las termas Hipolito Muñoz.

Al día siguiente partimos después del medio día las termas estaban demasiado ricas.

Continuando por el camino de ripio que se ponía angosto y pedregoso. Después de unas cuantas horas de pedaleo por un solitario camino solo nuestras voces y risas hacían eco. En todo el camino solo topamos a unas personas en una camioneta que nos dijeron que era imposible cruzar, que el camino estaba bastante malo, y que en bicicleta no lo lograríamos. No, nos desanimamos con sus comentarios y continuamos pedaleando por un camino muy dificultoso pero de un bello manto verde de exuberantes bosques y cristalinas aguas. Los Coigües y hualles se levantaban imponentes, mis ojos quedaban extasiados al ver esos gigantes.

Gigantes

Finalmente llegamos a  la avanzada Carirriñe. Aquí hay dos servicios controladores el SAG (servicio agrícola y ganadero) el SAG controla que por las fronteras no ingresen plagas o enfermedades, que puedan afectar al ganado y la agricultura. El otro servicio es Carabineros de Chile quienes realizan el control migratorio y aduanero. Al parecer no es paso muy frecuentado.

Tanto la persona del SAG  como Carabineros fueron muy cordiales.  Acampamos en la avanzada. La noche estuvo más fría que otros días,  pero nosotros estábamos  preparados con buenos sacos así que dormimos cómodos y calentitos.

Avanzada Carirriñe

En la mañana desayunamos con la persona del SAG. Hicimos los tramites de rigor con carabineros y continuamos el viaje hacia el Parque Lanín – Argentina.

El camino de ripio desapareció. Y dio paso a un camino hecho de grandes piedras y  palos, soberbiamente hermoso y complicado para las bicicletas sobre todo para la mía que es una bicicleta urbana, pero donde no se podía pedalear caminábamos esto hacia mas entretenida la aventura.

Camino de palos

Luego de un par de horas de pedaleo por un rustico sendero llegamos al hito que divide Chile-Argentina.

Hito Chile
Hito Argentina

Unos metros más allá estaba el letrero de bienvenida al Parque Lanín. Nos despedimos de nuestro Chile y nos internamos en el Parque Lanín.

Entrando a Lanín

Ya estábamos dentro del parque y teníamos que pasar por un control de aduana Argentino que se suponía estaba cerca del chileno. Exactamente a que distancia estaba desconocíamos por completo. Al final el control estaba a varios  kilómetros de distancia del chileno. Cuando pasamos por este, era un pequeño caserío que parecía  abandonado. Cuando llegamos no había indicios de ninguna personas. Alo alo llamamos y de pronto de una caseta una mano se levantaba haciendo un gesto de que pasáramos los documentos. Saludamos y  pasamos los documentos este tipo puso un timbre y seguimos nuestro camino.

Pedaleábamos varios kilómetros  por medio de bosques con olor a tierra mojada, a fresco. Grandes, bellas araucarias aparecían para darnos la bienvenida a Lanín, lagos azules  se asomaban para vernos pasar, a cada paso del pedal aparecía mucha belleza natural.

Araucarias

Paramos a tomar un largo descanso en un lago, muy transparente y quieto. Daniel estuvo un rato nadando mientras yo estudiaba el mapa hacia donde continuar. Después de un buen descanso continuamos, debíamos encontrar un lugar donde acampar esa noche.

Lago Azul

Pasamos por un enorme escorial, lagunas, lagos, bosques. Hasta llegar a un pequeño lago que tenia camping libre, y a unos dos kilómetros había una proveeduría, como le llaman los Argentinos a pequeños almacenes. Nos quedaban pocos alimentos así que era buen lugar para descansar y abastecernos de más alimentos.

Escorial
Laguna el Toro
Un tranquilo lago.

Fuimos a la proveeduría y nos encontramos con una familia muy acogedora que nos atendió muy bien. Disfrutamos de unas ricas milanesas con papas fritas, y tomando mate se arreglaba el mundo.

Arreglando el mundo
Arreglando el mundo

Conocimos al viajero mas inusual que imaginábamos conocer. Thierry Posty un francés que viajaba por el mundo a caballo. Poco común encontrarse con un viajero así. Thierry al vernos en bicicletas nos saludo  y dijo ustedes viajan en bicicleta y  yo viajo con Pablo mi caballo.

Pablo el caballo de Thierry
Pablo el caballo de Thierry

Nos quedamos dos noches en ese lugar, necesitábamos recuperar energías y ademas la gente era muy agradable.

Thierry reparando su equipo.
Thierry reparando su equipo.

Pasamos momentos muy acogedores con el calor de una agradable fogata, bajo un hermoso cielo estrellado, la quietud del lago. Tomando mate, escuchando las aventuras de otros ciclistas argentinos, la poesía de Thierry, los chistes de Mariano un chico lleno de chispa, era el  hijo del dueño de la proveeduria, el rico pan amasado de Adrian el dueño de la proveeduría. Personas y momentos muy lindos que se quedaron en nuestros corazón.

Compramos pan y otras cosas para el camino entre ellas un extraño jamón enlata llamado chancho chino. Nos despedimos de nuestros anfitriones y de los amigos viajeros y nuestras bicicletas tomaron rumbo a San Martín de los Andes.

Aquí termino la primera parte del viaje cruzando la frontera en bicicleta. Cuando termine de actualizar este post. Busque en google a Thierry para saber en que lugar del mundo anda cabalgando, y me entere que dejo de cabalgar en este planeta para irse a volar por el universo. Thierry falleció el 2010.

En cada viaje no solo conozco lugares y gentes bellas. Si no que me conozco más a mi misma.

Cruzando la Frontera en bicicleta parte 2

A medida que avanzábamos en el camino la magia de los bosques y la proveeduria  se iban quedando atrás,  pero en nuestros recuerdos  se quedaban para siempre.

Y en vez de seguir a San Martín de los Andes. Tomamos un desvió y decidimos ir a conocer Junín de los Andes. El camino de cenizas volcánicas en partes era muy suave y mi  bicicleta se deslizaba como pluma, en otros los bancos de arena nos atrapaban al punto de casi derribarme.

Camino de cenizas volcanicas
Camino de cenizas volcanicas

La vegetación cambiaba, los grandes arboles desaparecían y aparecían pequeños arbustos, el verde de las montañas se cambiaba por campos de color café claro, el viento silbaba. El suave camino también cambio por una fastidiosa calamina interminable. Nos encontramos con  un grupo de gauchos arreando su ganado. Un agradable momento de distracción de la torturadora calamina.

Gauchos
Gauchos

Finalmente llegamos a Junín de los Andes donde la pampa se impone, una localidad pequeña, tranquila, como su gente con ese acento argentino más pausado que hace que uno se relaje y sienta que no hay prisa, que el tiempo no importa, que agradable sensación.

Pampa linda
Pampa linda

Aprovechamos de preparamos unos sandwiches con el chancho chino. Pronto llegaron lugareños curiosos por nuestra comida. Unas hormigas negras, grandes y cabezonas sin siquiera saludar se treparon por una de mis piernas para devorar mi sandwich. Por otro lado dos sabuesos se languetiaban pidiendo un bocado del sandwich de chancho chino. Compartimos la merienda con estos lugareños, había que estrechar lazos.

San Martín estaba a unos 42 kilómetros de Junín de los Andes y dado que quedaban varias horas de día decidimos continuar viaje ademas esa distancia la podíamos cubrir en pocas horas y en camino asfaltado  mucho mejor.

Pero no contábamos con una tormenta que nos sorprendió con toda su fuerza en mitad de la carretera. La lluvia y el viento impedía que avanzáramos rápido. La carretera por la íbamos con la lluvia desaparecía convirtiéndose en un río de agua y barro. Y de un golpe llego la noche. Las luces de las bicicletas alumbraban el camino, pero el agua golpeaba tan fuerte en la cara que hacia perder la visión, tampoco podíamos detenernos en el camino y buscar refugio, con la lluvia nuestra visión no era más allá de dos metros.

La lluvia llego.
La lluvia llego.

Llegamos a San Martín de los Andes  y el pueblo estaba completamente a oscuras, con la tormenta  se había cortado la luz. Nosotros mojados hasta el alma, con frío, hambre y sueño que más nos podía faltar, no encontrar alojamiento.

Pasamos la noche en una YPF (servicentro)  Lo bueno que mis alforjas a prueba de agua resistieron muy bien así que tenia ropa limpia y seca.

San Martín de los Andes  es un pueblo de bellos paisajes pero muy turístico y comercial para mi gusto. Así que con el cuerpo calentito y las sonrisas de vueltas apenas amaneció tomamos la ruta ahora hacia el paso fronterizo Hua Hum.

Desde que partimos de la proveeduria hasta San Martín y luego continuamos a Hua Hum llevamos más de 100 kilómetros. Habíamos  estado pedaleando de noche con lluvia, no habíamos dormidos, (porque en la YPF nos cambiamos de ropa, comimos, pero no se podía dormir, no podíamos descuidar las bicicletas ni a nosotros) Nuestros cuerpos estaban exhaustos y a ratos nuestros ojos se querían cerrar, pero sabíamos de un buen camping a pocos kilómetros así que invertiríamos toda la energía que nos quedaba para llegar allí y descansar tranquilos.

Volvimos a entrar al Parque Lanín por un camino de ripio ancho. Unas liebres de grandes orejas y patas largas nos acompañaban por el camino. Sus saltos eran tan divertidos que nos causaban  risas y el sueño se espantaba.

Paisaje volviendo al Parque Lanín

Llegamos al camping pero era solo para picnic, pero igual podíamos quedarnos unas horas y dormir, también se podía hacer fogata. Así que yo encendí una fogata y puse a secar la ropa, tenía tanto animo que el cansancio y el sueño se me  esfumaron. Daniel se quedo profundamente dormido. Cocinamos unas sopas 3 minutos. Nos iba quedando poca comida. Esperábamos encontrar un poblado o una proveeduria  no muy lejos para comprar mas comida.

Ya repuestos continuamos por el camino de ripio a un ritmo suave, aunque yo no había dormido y mientras Daniel dormía yo estuvo todo el rato haciendo cosas, aun me quedaban energías. Daniel dice que soy indestructible.

Después de unas horas de relajado pedaleo nuestros cuerpos exigieron reponer fuerzas con una buena comida. Lo  malo era que ya no nos quedaba comida, tendrían que esperar hasta Hua Hum. Porque por el camino ni una mosca pasaba, ni una casa ni por asomarse. Y cuando empezaba a sentirme muy fatigada y mi animo estaba en pic de bajada.

Como en los cuentos en medio de la nada un pedazo de madera que decía café, onces, almuerzo, y una flecha indicando la dirección.  Solo nos miramos con Daniel y seguimos la flecha que se internaba por un sendero entre los árboles y arbustos, hasta que apareció una hermosa casa de madera.

Una casa como en los cuentos.

Y como en los cuentos un joven amable nos recibió. Comimos muy exquisito bajo una arboleda, en una mesa de mantel blanco, parecía un sueño. Fue nuestro premio.

La mesa de mantel blanco.
La mesa de mantel blanco.

Felices nos despedimos de Andrea el joven que nos atendió. Este lugar mágico se llamaba estancia Quechuquina

Esa noche alojamos en un  camping a orillas del Lago Lacar.  Tuvimos un sueño reparador, nos tomamos un tiempo de relajo y recuperamos fuerzas para el regreso a Chile.

Lago Lácar
Lago Lácar

Cuando ya estábamos saliendo del Parque Lanín encontramos un pequeño museo de los colonos de la zona. Me puse a mira unos mapas Argentinos y me di cuenta que en mi mapa faltaban lugares.

Así que en  vez de continuar el regreso decidimos continuar la aventura y nos fuimos a conocer el Lago Queñi de una impactante belleza escénica. El camino para llegar era pura tierra y había que cruzar un río por una pequeña pasarela de madera, sacamos las alforjas y cruzamos con las bicicletas al hombro.

Cruzando un río

El Lago estaba rodeado de juncos y coigues, de un azul profundo. En la noche las ranas nos regalaron el más bello concierto sinfónico que mis oídos habían escuchado en un escenario iluminado por pequeños gusanos luminosos. Realmente era un Lago mágico un cuento de hadas.

Lago Queñi

Cerca del Lago existían una termas. Con las bicicletas sin alforjas nos internamos por un sendero en medio de un  bosque de grandes coigues, maquis, quilas, pequeños esteros,  se subía por pequeñas lomas y senderos muy angosto con muchos arboles y ramas caídas.

Bicicletas aperradoras.
Bicicletas aperradoras.

Después de una hora llegamos a las termas eran unos saltos de aguas calientes espectaculares. Nos costo llegar pero valió la pena esa maravilla toda solo para nosotros. Fue un bálsamo  para nuestros cuerpos que agradecimos a la madre naturaleza por tal regalo.

Aguas Termales
Aguas Termales

 Nos despedimos del Lago de la hadas como llame, al Lago Queñi con la sensación de haber estado en un lugar encantado. Un lugar que esperamos volver y encontrarlo tal cual.

En el camino de regreso pasamos a la cascada Chachín despidiéndonos de Argentina hasta una nueva oportunidad.

Cascada Chachín
Cascada Chachín

Pasamos por gendarmeria  Argentina para los tramites de rigor. Luego a carabineros de Chile y el SAG.

De vuelta al terruño.
De vuelta al terruño.

Nos quedamos en la hostería Pirihueico al otro día llego el transbordador. Pagamos la tarifa correspondiente por nuestras bicicletas y las amarraron en un rincón.

Arriba del transbordador
Arriba del transbordador

Cruzamos navegando el Lago Pirihueico con una suave brisa acariciando nuestros rostros y dejando atrás  un montón de bellos lugares llenos de mágicos momentos.

Lago Prihueico – Volcan Mocho-Choshuenco

Desembarcamos en Puerto Fuy  y tomamos el camino hacia Panguipulli un camino  bastante malo tanto que la parrilla de mi bicicleta se rompió con las vibraciones de la calamina y justo cuando empezaba a caer la noche,  que mala pata. Mientras estábamos solucionando el percance pasaron unos camiones gigantes. Uno de ellos se detuvo y el chófer nos ofreció ayuda. Yo le responde que estamos bien, pero entonces el chófer trepa por un costado de la carrocería del camión y nos grita;

-suban las bicicletas

-los llevo hasta Panguipulli.

En  el camino los camioneros son los que siempre tienen mas empatía con los demás. Como este camionero que sin pensarlo detuvo su camión y amablemente nos  presto ayuda.  Un reconocimiento a los camioneros de Chile.

El camionero nos dejo en Panguipulli reparamos  mi bicicleta y continuamos viaje a Paillaco aquí terminaba el viaje a pedales. Pedaleamos otra noche más con un hermoso cielo estrellado, en mi vida había visto tantas estrellas fugaces. Llegamos de amanecida a Paillaco. La aventura en pedales había terminado desde aquí tomábamos un bus y volvíamos a casa con el  corazón llenito de felicidad por todos los momentos que vivimos y por los encuentros con bellas personas que conocimos en el camino.

Con nuestras bicicletas pedaleamos aproximadamente 600 kilómetros en 9 días y 10 noches. Con torrenciales lluvias, de noche con el cielo estrellado más bello. Cruzamos la cordillera de verde manto. Abrace una araucaria milenaria. Bebimos aguas puras de las vertientes. Nos bañamos en ríos y lagos mágicos, termas paradisíacas. Dormimos bajo un manto estrellado. Estrechamos manos generosas y amables.

Nuestras bicicletas nos ha llevado  a lugares que quizás en otros medios no habríamos conocido, ni valorado tanto la libertad que nos brinda una bicicleta.

Un año después que hicimos este viaje una de nuestras bicicletas fue robada. El ladrón no solo se llevo una bicicleta, si no que se llevo algo que era parte de nuestras vidas.

Hay momentos que se quedan en el alma para llevarlos toda la vida.

Tudor el gato negro

Con mi mote con huesillos en la manos, me senté en la escalera de piedra, debajo del león de piedra con alas y pico de águila,  un pequeño empujón en mi espalda, luego su cola negra rodeo mi cintura, y sin pedir permiso en mis piernas se instalo, su cara de gato me dijo aquí! mando yo! estiro una de sus manos una gran garra! me mostró, me quede de piedra! como la escalera, sin moverme como las alas del león, sus ojos de gato negro se cruzaron con los míos en un intenso desafió, aquí mando yo, con sus reflejos de gato negro saco! su uñas en mi pierna enterró firme! pero sin hacer daño, solo para decirme aquí mando! yo. Con mi mote con huesillo en una manos, mis reflejos también reaccionaron y mi otra mano de un tirón lo saco, un zarpazo de gato negro me lanzo, de piedra estaba yo, el aire su zarpazo corto. De frente nos miramos, el con sus ojos de gato negro yo con mis ojos de miedo y mi mote con huesillo en  una mano, aquí mando! yo. Su cola paso por mis pies se dio una vuelta, levanto la cabeza y con sus ojos de gato negro me dijo aquí mando! yo.

Mi minuto de furia

Somos un país catastrófico, a lo largo de nuestra historia y geografía estamos sufriendo, de terremotos, sequías, inundaciones, temporales, inviernos crudos, incendios, aluviones etc etc… y cada vez que ocurre una catástrofe, el chileno pobre, el que se saca la mugre trabajando, no duda ni un segundo en acudir ayudar a sus compatriotas afectados. Dicen que es nuestra idiosincrasia, que los chilenos somos solidarios y lo somos. Pero porque? cada vez que ocurre una catástrofe el estado se apoya en ese Chile solidario. Si somos un país catastrófico, hace tiempo que ya debería existir un ministerio de la catástrofe o algo parecido, una identidad que tenga y administre los recursos de ante mano, para ir en ayuda en casos de catástrofes. En vez de invertir millonarios gastos en armas, y elementos de represión en contra de la propia ciudadanía, mejor invertir ese dinero y estar preparados como Estado para enfrentar de mejor forma estos sucesos por ejemplo, construir buenas casas definitivas y no las típicas mediaguas baratas, feas y frias. No es malo ser solidario y es nuestra idiosincrasia, pero creo que es tiempo que el Gobierno deje de apoyarse en este Chile Solidario. Mi minuto de furia.

Historias Flor de Quila

Caminando por unos bosques encontramos varias quilas en flor y  a propósito de esta floración. Me acordé de las historias de mi abuelo.

Flor de la Quila
Flor de la Quila

El decía que cuando la quila florecía era un mal presagio, seguro habrían hambrunas, y desastres.

Que en una ocasión en que la quila floreció habían tanto ratones que tenían que dormir con un palo al lado para poder defenderse de los ataques de estos,  que en un descuido de las madres los ratones le habían comido las manitos y cara a varios niños. Que se comían el trigo, las papas y todo lo que encontraban entonces el alimento escaseaba para la población y las familias pasaban hambre. Cuando sacaban agua del pozo salían los ratones medios ahogados flotando en los baldes. Imagino en esos tiempos igual las familias que vivían en los campos eran numerosas y vivían un poco aisladas unas de otras.

Mi abuelo vivía en el campo y tenia muchos hijos cosa que no debió ser fácil para criar a tanto chiquillo y en una época en que todo escaseaba así que cualquier cosa habría sido presagio de la mala fortuna. Pero al recordar sus historias de plagas y hambrunas por culpa de la quila. No puedo dejar de pensar que tenían mucha lógica.

Bosque con Quila
Bosque con Quila

La quila es una especie de bambú y florece en ciclos de 15 a 20 años, puede florecer por pequeñas sectores o puede florecer toda una zona. Cada vez que florece se muere la planta. Su semilla es un alimento muy nutritivo para los ratones ayuda a que la familia de ratones aumente más de lo normal. Como es un arbusto con una resina muy inflamable ayuda a que los incendios se propaguen con más facilidad.

Al provocarse los incendios, a los ratones se les termina la buena vida así que emigran hacía los poblados, arrasando con los cultivos y alimentos guardados.  Entre todos estos emigrantes esta el ratón de cola larga que no solo se come todo, si no que contamina con su orina y fecas lugares y alimentos con un peligroso virus para el ser humano. Este virus es el HANTA, sobre todo hoy en día hay que tener cuidado con este virus porque si no se trata a tiempo puede ser mortal.

Pero no todo es desastre con la quila. En épocas en que los inviernos son duros y los pastos escasean en el campo se recurre a la quila como forraje para los animales (vacas, caballos, ovejas). Como es un madera flexible se utiliza para hacer muebles, cercos o techumbres.

La memoria guarda infinitos recuerdos, que aveces estan más presentes de lo que uno piensa, la quila me trajo esos recuerdos de mi abuelo. Creó que todos de una forma u otra guardamos esas historias que una vez tú abuelo te contaba y la vez tan lejanas, que piensas que son como  sueños.  Pero un día se vuelven tan presente como cuando vi esas quilas en flor.

Ahora el Hanta es preocupante y sí tienes dudas al respecto puedes visitar la pagina del MISAL

En el Lugar y el Momento Preciso

 La oportunidad pasa todos los días al lado de nosotros, pero no siempre se le sabe ver. Esa oportunidad no solo es el momento preciso para convertirte en millonario, también puede ser la oportunidad de mirar tu centro.

Cada primavera una flor vuelve a florecer

 

Venía caminando por el lado sur del río Mapocho. El río color chocolate que cruza Santiago. Apenas tenia un hilo de agua.

Delante de mí, a unos 10 o 20 metros, caminaba una mujer. Noté que sus pasos tambaleaban. Pensé que estaba ebria o drogada. Observé que se dirigió a la baranda del puente e hizo un leve impulso. No intentará saltar me pregunte.

Más cerca, noté que ella lloraba desconsoladamente, con mucho dolor. La gente pasaba al lado de ella, como si esa mujer no existiera.

_¿Qué hago?

_ ¿Le pregunto si necesita ayuda o hago como el resto…

_ sigo mi camino y no me involucro?

_Total, ni siquiera la conozco…

Pero entonces me encontré frente a ella preguntándole ¿necesitas ayuda? ¿te puedo ayudar? Y ella con cara desorientada y a la vez desconcertada me dijo ¡soy una cobarde! ¡no puedo saltar! ¡me quiero morir!

Rápidamente, mi mente buscó las palabras que pensó eran las correctas. Pero si saltas no morirás. A lo mas sufrirás unas fracturas. Ni agua lleva… el río…Ella me clavó la mirada, como preguntando qué te metes, pero no dijo nada. Con la mirada perdida me preguntó cómo se hace para vivir, si no quieres vivir más.

Mil cosas cruzaron por mi mente. Pensé en decirle que la vida es linda, que a pesar de todo vale la pena vivir, pero que difícil decirle esas cosas a alguien que no conoces y que ha decidido poner fin a su vida, que difícil es decirle a alguien que hay luz, cuando solo ve oscuridad, que difícil es decirle a alguien que tiene una pena tan profunda como un abismo, que todo estará bien, como decirle que eso de que después de la tormenta siempre sale el sol, es verdad. Como encontrar esas palabras precisas para calmar esa enorme tormenta interior que parece no tener fin para esta persona que esta frente a mi, esperando una respuesta. Que no se como dar…

_Debí seguir caminando no mas…

Busqué en mi interior la respuesta y le dije no lo sé. Creo que cada uno de nosotros tiene algo, una fuerza invisible, que nos hace levantarnos cada día, pero no sé como se hace, no tengo la receta y desconozco si alguien la tiene.

Ella me miro nuevamente con la mirada más tranquila. ¿Quieres caminar? le pregunté. Lentamente, ella comenzó a hablar y a contarme su historia. Una historia de decepción y engaños.

Algo más calmada fuimos a tomar un café. El café la relajo y me contó su vida. Sus alegrías y tristezas. Sus angustias, sus miedos y sus orgullos. Hizo una pausa se quedó mirándome. ¿Por qué te detuviste a ayudarme? me pregunto. No lo sé, simplemente me nació. No sé si lo hice mal o lo hice bien. Ella me miró y me dio las gracias. ¡No tengo idea que voy hacer pero gracias! Por detenerte y escucharme en el momento preciso.

Supe que su nombre era Jimena y que no era de Santiago. Le pregunté si tenía familiares y me dijo que tenia una hija acá en Santiago. Llamé a la hija y esta llegó a buscarla. Me abrazó y me dijo gracias. ¡Los ángeles Existen! Un nudo se atoro en mi garganta y sentí que toda la sangre se me subía a la cabeza. Rápidamente me despedí y me fui. Al cruzar la calle mire hacia atrás y vi a Jimena abrazada a su hija. No sé si Jimena volvió a reencantarse de la vida y reencontrarse consigo misma.

 

Vivimos en un mundo en que todo pasa de prisa, donde nuestros egos están primero. Hemos perdido la capacidad de sorprendernos de nosotros mismos, de admirarnos, de maravillarnos como seres humanos.

Dejamos el centro de la tribu para mirar desde afuera los problemas que a esta aquejan. Dejamos de sentirnos parte de un todo, para sentirnos un todo.

Tengo y he tenido la gran suerte de estar en el momento preciso cuando alguien necesitaba que yo este ahí. Son lo que llamo esas casualidades de la vida.

 

Para sanar el alma, a veces solo tenemos que construir puentes que conecten nuestro mundo interior, con otros mundos.

Pido Silencio

eclipse.jpg

Ahora me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos.
Y sólo quiero cinco cosas, 
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.
Lo segundo es ver el otoño.

No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.
Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.

Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mi crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido que
quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.

Recordando a un grande de la poesía de Chile y el mundo.  Pablo Neruda nació un 12 julio 1904 en Parral. Este es un poema con el cual me siento muy identíficada.

Lluvia de estrellas, mi cuento honorífico

Siempre hay concursos de todo tipo, un par de veces concurse para ganar entradas para un concierto, obras de teatro y cosas por el estilo. No me puedo quejar gran parte de la veces he ganado las añoradas entradas y disfrutado como nunca del espectáculo.

 Pero un día me enteré de un concurso de cuento corto relacionado con las estrellas. Uno de los premios era un libro de astronomía muy interesante. Tengo una sobrina chica aficionada a la astronomía. Así que decidí probar suerte y ganar ese libro para ella. Algunos de mis amigos les gusta como escribo y me han motivado a que escribir y compartir. Es por eso que hace unos años  me decidí a crear  este pequeño blog donde escribo muy de vez en cuando.  Más que nada mis propias experiencias, cosas que he vivido. Mi vida a estado llena de sucesos poco comunes y esa vivencias las he  ido transformando en cuentos.

Bueno como les contaba, decidí  participar en el concurso literario de un cuento corto. Para ganarme el libro. Aunque no estaba segura de que me lo ganaría, pero lo intentaría. A demas sería la primera vez que pondría a prueba mis dotes literarios. 

Escribí mi cuentito y lo envíe . Pasarón los días y me olvide por completo del concurso, cuando un día llego un correo extraño en que me felicitan y decía  que gane una mensión honrosa en un  concurso, al principio pensé que era un spam o algo así . Y luego me acorde de que se trataba. Me puse tan feliz, no me gane el libro pero gane una mensión honrosa y de regalo me enviarón un planiferio estelar y varias laminas de galaxias y estrellas. Que feliz me sentí, tal vez nunca llegue a escribir un libro o una columna en un diario famoso. Pero ese pequeño reconocimiento fue un nobel para mi. Después que ha pasado un tiempo decidí  compartir mi cuento honorífico  con ese lector anónimo que rebota en mí blog.  Y este es el cuento que me tuvo tocando las estrellas por varios días. Espero les guste.

Lluvia de Estrellas

En las noticias dijeron que esa noche habría una lluvia de estrellas. Las imaginé cayendo coquetamente
sobre árboles, edificios y gente. Millones de estrellas, doradas y plateadas. Tomé mi bicicleta y me fui
al San Cristóbal. El guardia me indicó que el parque estaba cerrado. Puse cara de gato con botas y me
dejó pasar. Subí hasta el anfiteatro. El cielo estaba luminoso, pero no por las estrellas, sino por los
grandes focos de la ciudad. Desde el cielo no llovieron las estrellas, pero en el suelo vi mil de ellas.

estrellas

Armonía de Pedales

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Es tan bonito en los sectores rurales cuando comienza el alba. Ver a la gente ir trabajar en sus bicicletas, es tan bonito su lento y armonioso pedalear, es tan bonito ver como sonríen, y en un pausado saludo te preguntan ¿como esta? se toman el tiempo para cruzar un par de palabras, luego siguen su lento y pausado pedalear. Si hasta el chirrido de sus viejas bicicletas suena a una armoniosa orquesta. Es tan bonito ver como nadie adelanta a nadie, si no, que todos respetan el ritmo del que va delantero. Sonriendo levantan la mano y saludan al vecino que a lo lejos se ve cosechando en la chacra.

Es, tan bonita la armonía de pedales en una mañana cualquiera.

Mi momento íntimo

Amo ese íntimo momento en que hierve el café en la cocina. Y nos envuelve abrazandonos con su seductor aroma haciendose complice de nuestras miradas. Los rayos de sol fisgonean por una rendija entre las cortinas, tan rapido sacan la mirada que parecen avergonzarse de romper ese momento íntimo en que hierve el café en la cocina…Imagen

En un lejano lugar

navidad

Por los caños de las cocinas a leña el olor del humo de la madera mojada se mezclaba con olores a pan de pascua, ese típico olor a especias, vainilla, anís, canela, clavo de olor. El aire dulzón hacia el día más especial en la pequeña Caleta ubicada en el fín del mundo.

Llegaba el barco y muchos de los habitantes de la pequeña caleta podríamos ir al continente, como se le decía a Puerto Montt. Pasaríamos navidad con toda la familia, eso era motivo de gran alegría. Así que se preparaban todos los detalles del viaje.

No todos podían viajar, varias familias se quedarían en la Caleta. Era tradición armar el arbolito de pascua, y cada familia preparaba el suyo. Aunque nuestra familia no estaría presente. Nos gustaba dejar nuestro árbol por si acaso el viejito pascuero quisiera pasar por nuestra casa a descansar un ratito, dormir una siesta y comer un pedacito de pan para tener energía y continuar su viaje por mundo.

Armamos el arbolito un pequeño pino que crecía en una maceta lo decoramos con guirnaldas de papel, estrellas de mar y coral rociándolo con motas de algodón. En el mundo no había otro árbol igual, estábamos felices.

Una gran sirena sonó, todos corrimos al muelle, era nuestro barco. Había que zarpar enseguida. Una fuerte tormenta se aproximaba.

Subimos por las escaleras al barco. Acomodamos el equipaje en el camarote. Todos los pasajeros a bordo, listos a zarpar. Entonces se escucha los llamados de auxilio de una pequeña embarcación. Las pequeñas embarcaciones no estaban autorizadas a zarpar, no podían acudir al rescate.

Él capitán del barco no lo pensó dos veces y pidio autorización al capitán de puerto para acudir al rescate. Rápidamente desembarcamos y éste tomo rumbo hacia la embarcación siniestrada. Luego de unas cuantas horas de angustia, esperando el regreso del barco, éste volvió al muelle con la tripulación de la pequeña embarcación herida. Había que trasladarlos a un hospital. El más cercano estaba a dos días de navegación. Pero ese no era el mayor problema, si no que la mayor dificultad era que el barco tenia una capacidad limitada de pasajeros y ya estaba completa con todos los viajeros.

Soló me puedo comprometer a regresar en 3 días más a buscar a quienes cedan su lugar a los tripulantes heridos; dijo el capitán. Era la promesa del capitán.
Difícil decisión de quien cedía su lugar. Todos nos miramos las caras y las caras de desesperación de los tripulantes heridos, así que la elección fue voluntaria. Un par de viejos pescadores cedieron sus lugares. Bueno él capitán del barco me pidió que cediera mi cupo a un pariente de uno de los más mal heridos. Primero me rehusé a tener que quedarme sola en ese lugar con un par de familias de pescadores, sentí que yo no tenía culpa de todo lo que estaba pasando. Hacía mucho esperaba salir de ese lugar. Es sólo un día, me dijo el capitán con ojos suplicantes, prometo enviarte una lancha rápida. Pero igual no pasaré navidad con mi familia, le contesté. Luego mire a la mujer del tripulante herido, ella tenía una enorme panza, estaba embarazada y dije, bueno total es sólo una fecha. Ella sonrió, tomó mis manos y me agradeció. Los que quedamos en tierra nos quedamos mirando como en el horizonte el barco se alejaba y se convertía en un punto que pronto desapareció. Me dije, será solo un día, no más y estaré fuera de aquí.

Era noche buena, con los pescadores y sus familias nos reunimos en la iglesia, cantamos y reímos,compartimos una cena sencilla. Luego me fui a lo que era mi casa y recordé que había dejado listo el arbolito para que el viejo pasara. Pero si yo estaba ahí, el viejito no pasaría. Pensé aquí estoy, en el fin del mundo, sola y ni siquiera el viejo pascuero vendrá.

Mientras comía un trozo de pan de pascua, sentí un pequeño golpetear en mi puerta. Fui a mirar, solo se veían las estrellas. brillaban como nunca. La nostalgia y la soledad me invadieron. Sin poder evitarlo, me puse a llorar. El cielo brillaba muy intenso. Me senté a la mesa, a comer un trocito de pan. Unas miguitas cayeron al piso y por entre mis pies pasó un pequeño ratoncito blanco, de un salto estaba arriba de la silla, me iba a poner a gritar ¡un ratón! ¡un ratón! pero él me miró, como diciendo, ¡hey! ¡shit! oye solo quiero comer un poquito. Entonces tiré más miguitas al piso y él las recogía. Luego le puse leche en un platito y él se la tomó. El susto y la pena se me paso el sueño me venció. Cuando desperté el plato en el piso y las migas regadas pensé en los cuentos de hadas. Al final viejo Pascuero nunca pasó. Pero un ratoncito me acompañó.

Fue mi mágica navidad.

Pensando, pasando, pesares…

Me quede pensando en esas despedidas que nunca se alcanzan a dar, me quede pensando en la llamada de mi madre, en las cosas que quisiera decirle, en las cosas que no le digo, en las cosas que me hacen mal, se me tuercen los sentimientos, se me tuerce la razón, se me pierde el horizonte, se me pone mudo el corazón.
Me quede pensando en que el día es corto y los sueños no se alcanzan, en que un suspiro es apenas un suspiro, y en que una mirada puede ser tan profunda como el profundo mar, que un abismo puede separar, pero más separa el silencio mortal.
Me quede pensando, en que un minuto puede mas que una vida, y una vida es robada en un minuto, me quede pensando en la estelas en el mar, como un barco escribe su pasar, como un hombre escribe una crónica sin pasar, me quede pensando en la soledad, la soledad que mata el alma, y la soledad que acompaña el final.
Me quede pensando en el alma que no florece, en el desierto que sin tener alma si florece.
En este continuo pensar va pasando mi pasar, en este continuo pensar, no se si rezar, rezarle al viento, por darme su aliento sin saber que lo siento. Me quede pensando en la gente que viene y va en sus pequeños y grandes problemas de humanidad.
Tantas cosas que pensar y nada que pensar, cosas que vienen y van, y que al final da igual.
Y en este pensar de pensares se van pasando mis pesares que se disipan en este mundo de mortales.

Marcha por la Igualdad

Me desperté mas decaída y congestionada mi espíritu quería subir un cerro, pero mi cuerpo decía no. El día estaba soleado e invitaba a salir a dar un paseo, recordé que una amiga me había mencionado que habría una marcha que busca promover los derechos de los homosexuales.

Plaza Italia era el centro de congregación, cuando llegamos había multitud de gentes multicolores sonrientes, felices. Familias con niños, mascotas, abuelos acompañando a sus nietos y afirmando que todos eramos iguales.  La verdad era una fiesta de la alegría.  No me centrare en el tema de que si los homosexuales tienen  o no tienen derechos. Para mi eso esta mas que claro todos los seres humanos tienen los mismos derechos.

Las diferencias nos hacen humanos y la igualdad sociedad.

Mi idea de este post es compartir lo que vieron mi ojos y las imágenes que capture con mi pequeña cámara.  Mas de 80 mil personas se vieron iguales.

Corazón

Autor desconocido.
Desde los Muros nace un artista, y en los Muros se hace Arte.

Mi corazón a esas mujeres que detrás de las rejas…tiene un corazón en libertad lleno de amor e ilusión por sus hijos…

Mi corazón para esas mujeres que las lineas invisibles de las fronteras las separaron de sus hijos…pero  ellas construyen trazos de esperanzas y amor para estar cerca de sus hijos…

Mi corazón para esas mujeres que en un suspiro la vida les arrebato a sus amados hijos… pero que en su corazón guardan infinito amor…

Mi corazón para esas mujeres que dan todo,  sangre de su sangre al hijo que no cultivo en su vientre, y que alimenta con su leche que brota de su corazón…

Mi corazón a esas mujeres que luchan en solitario día a día, para sacar sus hijos adelante…

Madre…lejana…cercana…extraña…fuerte…frágil…amada…madre…mujer que con desgarrador dolor estas pariendo un corazón… te dejo mi corazón hecho canción que copla a copla canta el viento…esparciendo pétalos de puro amor…

Madre desde el finito hasta el infinito gracias por la vida.

Olores son Sabores

Cuando pienso en olores…mi mente se llena de aromas desde el norte hasta el sur…

Cuando veía postales de Arica con sus azules playas, imaginaba que olían a frescura, a brisa marina como el desodorante. Arica se le conoce por la ciudad de la eterna primavera; eso me hacia pensar en fragancias florales. Pero cuando bajé del bus en el terminal, olía como a todos los terminales de buses en que he estado, a orina y sudor, a perfumes y desodorantes y a perro mojado. La ciudad no olía ni a brisa marina, ni a fragancias florales como había imaginado. Es una bella ciudad que emerge majestuosa como espejismo entre el mar y un vasto desierto. Me encantó, nos encontramos con gente muy buena y amable. Sentía un olor que no podía describir, un olor muy particular que no había percibido en otro lugar y, cuando estábamos visitando un museo de las momias de chinchorro, sentía más intenso el olor y comenté con mi pareja que el olor en ese lugar era aún mas penetrante. La persona encargada del museo me escuchó y me dijo –es olor a muerto. Arica huele a pasado, enterrado en las arenas del desierto, huele a su momias de Chinchorro milenarias, al vergel del valle del Lluta, desde el Azapa se arrastran olores de aceitunas y limón.
Al estar en Antofagasta, otra ciudad del norte de Chile que se levanta en pleno desierto, contrastando el mar, con el grisáceo del desolado desierto, huele a moho, alga podrida, a trasnoche bohemio y desolado de almas que buscan en la noche un poco felicidad.
Pensaba que el desierto no olería a nada, porque son kilómetros de arena y soledad. Cuando dormí en pleno desierto, un aroma dulce a flores me despertó. Era una visión… casi un espejismo que invadió el desierto de vida, color y olor.
Llegando a la Serena sentí los olores de las papayas dulces y frescas. La Serena huele a papayas. Coquimbo huele a pescado frito, chirimoyas fragantes, a barcos, a puerto y a marinos perdidos en el perfume barato de un burdel.

Santiago, la capital de Chile, una ciudad con mas de 5 millones de habitantes. La mayor parte de la población de Chile se concentra en esta gran mole de cemento que emerge de los pies de los majestuosos Andes. Una ciudad hoy en día multicultural, en que se mezclan razas, idiomas, costumbres, sabores y olores. Santiago, sus calles huelen a orina, feca de soledad y clandestinidad, de sueños rotos, ilusiones que se van entre el olor del vómito explosivo, que corre por las alcantarillas, desembocando en el Mapocho. Un río de color café, pero que no huele a café, sino huele a inmundicia, la inmundicia que trae de las altas cumbres, que apestan a doctrinas y morales pacatas, pestilencias de poderes obsesivos, nauseabundas tradiciones, asquerosos conceptualismos de puritanas posturas. Derraman sus pestilencias río abajo. El Mapocho arrastra sus pestilentes olores por toda la ciudad, contaminando con su repugnancia de olores de ricos a los pobres que sueñan con olores de miel y limón.
Santiago pobre huele a grasa, a sopaipilla con mostaza. Huele a jabón Le Sancy, a desodorante axel, a sueños de París en el perfume de la calle Meiggs. Santiago, huele a comida rancia, a sushi, a cazuela, a porotos granados. Huele a arrollado de primavera; a la salida del metro los chinos dicen –sacar a shen, sacar a shen– y un chileno les hace coro –anticucho y sanguche ‘e potito calentito.

Santiago la mole de cemento que ruge como un océano, un océano de gentes que van y vienen, gentes que huelen a sudor y esperma, a sándalo y pachulí, a pipeño y cerveza; olores que cantan, olores que sueñan, olores que emergen debajo de un puente que esta por sobre el río, olores a nieve y smog. Olores que causan dolores, olores que causan placer. Se despierta y duerme la ciudad en un intenso olor de sombras y felicidad.

Mi sur de lagos y volcanes, de selvas verdes y húmedas, de eternos glaciales, huele a copihues, a bosque, huele a miel y dolor, dolor de abandono de aislado corazón, huele a frescura de canto del río, y a hediondez de muerte del bosque. Huele a pan caliente, a mate insurgente. Hay olor a tierra y sudor, sudor campesino que gota a gota riega la simiente, para alimentar el alma inconsciente. Su rancho huele a estiércol, paja y carbón, huele al perfume del amor ausente. Huele a escarcha, lluvia torrencial que moja el alma dejando olores de húmeda soledad. Mientras, el patrón huele a colonia inglesa, para sentirse europeo y conquistador con el látigo de la explotación. Entre rosas y jazmines aromatizan sus jardines. Los tilos en flor, perfuman el aire con su dulce olor, dejando una estela de agradable olor… olvidando el hedor a invasión extranjera que se instala con su falso olor sintético a plástico, disfrazándolo de rosas y algodón.

Una anecdota sabrosa.

Hace unos años viví en Chiloé, una hermosa isla que esta ubicada en el sur de Chile. Posee una cultura propia heredada de una mezcla de tradiciones indígenas e hispánicas. Sus casas se construyen sobre pilares de madera en el agua, llamados palafitos. La mitología y las creencias son propias de la Isla. La gastronomía, la artesanía, e incluso el castellano que se habla en Chiloé son muy peculiares. El clima es frío y lluvioso.
A pesar del clima la gente es muy cálida y cariñosa. Son buenos para tomar mate y comer muchos alimentos en base a papas y carne de cerdo.
Cuando llegué, los vecinos me dieron la bienvenida con un rico curanto, un plato típico que tiene variedad de mariscos, carne ahumada de cerdo, pescado y por supuesto chapaleles, una masa hecha de papas.
Cada vez los vecinos me sorprendían con ricos platos típicos y entre tardes de lluvia y mate aprendía a conocer más a Chiloé, sus mitos, leyendas y costumbres.
Como tenia una casa enorme y me sobraban muchas habitaciones, decidí recibir visitantes. Así, a mi casa llegaron muchos extranjeros atraídos por la mitológica isla y entre ellos llegó una gringa norteamericana, con ganas de quedarse unos buenos meses en la isla. Pronto los vecinos simpatizaron con ella, y ella con ellos. Con el tiempo aprendió a manejarse con el idioma. Con poncho y botas de agua salíamos a dar largos paseos por la playa. Cada vez que salíamos los vecinos nos invitaban a tomar mate. La gringa era una experta en decir que sí, a toda invitación que salía ella decía siempre sí; me decía que no quería ofender a nadie. Yo como chilena tenía mis excusas para decir que no. Bueno, entre todos estos si y no, un día nos invitaron a un carneo, que consiste en todo el proceso de la faena de un cerdo, y mi amiga por supuesto que dijo sí. Toda la faena es una fiesta muy típica y tradicional. Entre los subproductos sacados del cerdo están las prietas, un embutido a base de sangre, verduras y especias. Le preguntaron a mi amiga si le gustaban y ella dijo que le encantaban. Y en Chiloé, si dices que te gusta algo te sirven el doble. Mi amiga miraba su plato y decía ¡mmm que rico! Ella comió más rápido que todos. Yo al ver su plato vacío, pensé que era verdad que le gustaban tanto. Estábamos un grupo de unas 8 personas sentados en la mesa cuando alguien tocó la puerta. Era mi perro Randy. Los dueños de casa al reconocer a mi perro le dejaron pasar y el entró moviendo la cola de felicidad al verme. El Randy traía algo en el hocico, yo con un poco de vergüenza, pensé: este perro loco se robó algo de la cocina. Pero luego todos en la mesa gritamos con asombro ¡Randy tiene una prieta! Y las miradas quedaron posadas en la cara de mi amiga la gringa. Ella estaba mas roja que su pelo. Todos comprendimos de donde sacó la prieta Randy.

Randy con la prieta que la gringa tiro por la ventana
Randy con la prieta que la gringa tiro por la ventana

Ella para no decir que no le gustaba un alimento prefirió decir que le gustaba mucho. Cuando lo lanzaba por la ventana nunca pensó que el perro lo iría a buscar para luego traerlo de vuelta.

A cuántos les a pasado, recibir algo que no te gusta y después no saber que hacer. Para que no les pase lo de mi amiga es mejor ser sincero, creo que ofende menos.

Y para que se hagan una idea de la gastronomía Chilota les dejo algunas de sus mas típicas recetas. Disfrutarlas.

CHAPALELES

INGREDIENTES

  • 1 kilo de papas
  • 1 ½ kilo de harina a cucharada de manteca
  • 1 taza de chicharrones sal a gusto

PREPARACIÓN

Las papas se hacen puré, después se agrega la manteca, sal y chicharrones, se masa y se hacen los chapaleles.

MILCAOS

INGREDIENTES

  • 1 almud de papas
  • 1 taza de chicharrones
  • 2 tazas de manteca sal a gusto
  • 2 kilos de papas cocidas

PREPARACIÓN

El almud de papas de ralla y después se exprime. A esta bola de papas se le agregan los 2 kilos de papas cocidas, los chicharrones picados, la manteca y la sal; se amasa y se forman los milcaos, luego se colocan al curanto.

CURANTO EN OLLA, 12 personas

INGREDIENTES

  • 1 perol o tiesto grande
  • ½ almud de almejas
  • ½ almud de cholgas
  • ½ almud de choritos
  • 12 papas grandes
  • ½ almud de arvejas y habas
  • ½ kilo de longaniza
  • 1 ½ kilo de carne ahumada
  • ½ kilo de queso
  • hojas de coles
  • ½ taza de agua
  • ½ taza de vino blanco
  • 1 cebolla a la pluma
  • chapaleles, milcaos y pebre

PREPARACIÓN DEL CURANTO

Se colocan los mariscos limpios en el perol, se grega el agua y vino, la cebolla a la pluma, luego se colocan las papas lavadas y con cuero, posteriomente la carne cortada en trozos y después el queso (en una fuente pequeña), cubrir con hojas de coles, colocando en orden los milcaos, luego otra capa de hojas de coles y nuevamente milcaos, continuar igual con los chapaleleles, para terminar taparlo bien con coles. Tapar el tiesto herméticamente y hervir durante…horas a fuego moderado.

EMPANADAS DE MANZANA

INGREDIENTES

Masa

  • 1 ½ kilo de harina
  • 400 grs. de manteca o mantequilla
  • ½ cucharadita de sal
  • ½ taza de leche fría

Relleno

  • 24 manzanas medianas peladas y picadas
  • 1 cucharada de azúcar por empanada
  • canela en polvo
  • 1 trozito de mantequilla por empanada

PREPARACIÓN

Se cierne la harina, se agrega la sal y la mantequilla, se mezclan en seco, luego se une con la leche, formando una masa que no se pegue en las manos.
La masa se divide en 24 porciones, se extiende y se le coloca una manzana picada, una cucharada de azúcar, un trocito de mantequilla y canela a gusto.
Llevar a horno moderado por 20 minutos.

Amor entre cornisas

Hace unos meses, mientras trabajo en mi computador, desde mi ventana lo veo llegar. Llega rápido, se acicala y se mira en el reflejo de la ventana usándola de espejo. Se mira, se sacude, da un par de paseos y luego, impaciente, se sienta a esperar. A los minutos, alguien. Trae prisa, mete ruido; es ella. Llega toda coqueta, se da un paseo, se hace la indiferente. Él la contempla extasiado, como si en el mundo no hubiera nada más hermoso que ella. Entonces los dos se miran, se comunican en su idioma, se acarician con una ternura que conmueve. Él la mira y cual galán baila alrededor de ella. La rodea y la hechiza con su coquetería. Ella se deja llevar y se dan un apasionado beso de intenso amor. Vuelan por los aires; llegan hasta cielo y vuelven a bajar. Se quedan mirando un rato a los ojos, como jurándose amor, un amor que es sólo de ellos dos. De pronto, la mirada de ella se angustia. Él la acaricia consolándola de la angustia que la aqueja. Entonces, ella avanza unos pasos, da la vuelta y con una mirada dulce y triste se marcha. Él se queda mirando como ella se aleja, saboreando el dulzor del encuentro clandestino, recordando cada suave pliegue de su piel. Se estremece, se sacude, mira al vacío, con la mirada puesta en el horizonte y se aleja tan rápido como llegó.
Desde hace unos días lo veo llegar como siempre a la misma hora y posarse en el mismo lugar. Hace el mismo ritual y se sienta a esperar. Ya no con la impaciencia que lo hacía antes; contemplativo, mira los muros que albergaron su amor, recordando… Espera y espera y ella por alguna razón ya no llega; luego triste se marcha.
Me pregunto hasta cuando seguirá viniendo, en busca de su amor. Me sorprende como dos palomas se profesan tanto amor.

La montaña, espejo de mis pasos.

Chile es un país en que por todos lados tenemos montañas. En Santiago, si uno quiere subir un cerro, sólo basta tomar el metro, una micro o un colectivo; e incluso en bicicleta llegas a los pies de un cerro. Yo amo la montaña. Subir una montaña para mi es enfrentarme a mis propios desafíos; es lograr mis propias metas; romper mis miedos.
Cuando comienzo a subir miro lo lejano y alto que se encuentra la cumbre. Pienso que no lo lograré, que está muy lejos, me van a dar calambres, me deshidrataré, me subirá la presión o me dará un edema pulmonar. Pero miro que inmóvil la montaña me mira. Una suave brisa atenúa el calor. Busco una sombra, y no la hay. Mi corazón palpita a 100. Pienso que se va a escapar; y continuo subiendo.
Algo se movió; mis sentidos se ponen en alerta. Es una lagartija. Me la quedo mirando y ella a mí. Qué lindos colores, digo. Luego ella sigue saltando, y yo nuevamente miro la cumbre ¡Qué lejos está!
Una pequeña sombra de un guayacán me alberga. Descanso; me hidrato; siento que mi azúcar está baja; una barrita de chocolate; me siento mucho mejor. Continúo subiendo; sorteando los obstáculos. Mi bastón es un gran apoyo; me salva de una resbalada y de caer. No sé si se acerca o se aleja la cumbre, pero cada vez mi corazón palpita más rápido, más fuerte. Siento que el aire se me escapa. Trato de retenerlo en mis pulmones. Y digo, ¡para! ¡para! ¡no puedo más! Bebo agua, me relajo y contemplo esa roca pelada, llena de colores. ¡Qué bellos! Entre las rocas se aferran a la vida cactus y otras plantas; tímidas flores perfuman el aire de dulces aromas.

flores

Por unos segundos el éxtasis me invade; siento como mi sangre recorre cada centímetro de mi cuerpo y el desafío se hace más fuerte. No falta mucho; la cumbre esta ahí; un esfuerzo más y llego. Clavo firme mi pie sobre la roca. Con mi bastón me impulso y pego el salto hacia la otra. Por un instante miro el camino por donde he ido pasando; se ve más complicado de lo que parece. Pero es el camino que forjé para lograr la cumbre, un sendero en común que cada montañista hace, pero que cada quien decide como hacerlo; dónde poner cada paso que da.
Contemplo esa enorme roca, e imagino. Si un gran temblor en ese instante ocurriese, la enorme roca rodaría cuesta abajo arrastrando a otras pequeñas, causando un gran derrumbe. Pienso; tal vez me aplasta. Pero alejo esos malos pensamientos y me concentro en la nube que va pasando. Siento que estoy a la mitad de la cumbre, pero me siento desfallecer. Siento que las piernas no quieren caminar, que mi cabeza va a estallar, que mi esfuerzo es sobre humano. Pongo el pie en una roca firme y me impulso con el bastón. Tanteo que la otra esté firme. Doy un salto y siento que no me quedan mas fuerzas para lograrlo. Si he llegado hasta aquí, me digo, no puedo desfallecer. Así que, con todas mis fuerzas, me impulso para dar el siguiente paso; las nubes pasan arriba de mi cabeza. Alzo la vista a una gran mancha negra que cruza los cielos. La sigo con la mirada. Es un cóndor, que bello, imponente y libre surca los cielos. Flota, baja y se eleva más alto, hasta que lo pierdo de vista. Que magnífica ave, en mi retina un flash fotográfico captura el sublime vuelo. Me quedo pensando en la libertad de volar, en la libertad del alma…
Un suave viento con una fría brisa acarician mi pelo. Es entonces que arriba de mi nariz parece estar la cima. Estudio los últimos pasos para lograr la meta; al parecer mi abastecimiento de energía está agotado. Bebo un sorbo de agua y con gran esfuerzo continúo un poco más. Respiro profundo y contemplo extasiada el paisaje lleno de un cordón montañoso, con verde vegetación, picos nevados, gama de colores. Me siento una pluma. Siento que toda la carga pesada se ha quedado en el camino, que soy libre como el cóndor, que puedo surcar los cielos, que los miedos y las culpas eran los que no me dejaban continuar… Una vez arriba el cansancio de esfuma. Aun queda energía para armar la carpa, cocinar una sopa, admirar el paisaje, sentirse pequeño ante la inmensidad de los montes, ver aparecer una a una las estrellas, y pensar que somos parte de ese gran cosmos, nosotros insignificantes seres, que a veces nuestra vanidad nos ciega y nos cierra los ojos al verdadero sentido de la vida.
La noche iluminada por millones de cuerpos celestes. Un gran destello ilumina las cumbres; hilos de plata dibujan el cielo, me duermo… con esa imagen en mi mente…
Que los miedos no sean obstáculos para lograr las metas.

montañas

Un grado más

Leyendo sobre el calentamiento global me soprendio lo que puede provocar el aumento de grado por grado según Mark Lynas en un libro que escribió titulado “Six degrees” (seis grados).
Un grado más: se acabaría el hielo del Ártico.
Lynas plantea la desaparición del hielo del Ártico durante medio año si la temperatura sube solo un grado centígrado más. Además, las mareas podrían sumergir todas las viviendas de la costa de la Bahía de Bengala, entre Birmania e India, donde habitan más de un millón de personas. Habría huracanes en el Atlántico Sur, sequías severas en el oeste de Estados Unidos donde se ubican ciudades como San Diego, San Francisco, Las Vegas y Los Ángeles y se verían cambios inesperados en la agricultura de Inglaterra, donde hay más de 400 viñedos.
Más 2 grados: se acabarían las barreras de coral.
Se aceleraría el derretimiento de los glaciares de Groenlandia. Del glaciar Jakobshavn se desprenderían porciones de hielo que si se derritieran serían suficientes para abastecer con agua potable a todos los habitantes de Nueva York por un año. La extinción de los osos polares no tendría vuelta atrás y los insectos podrían comenzar a migrar a muchas regiones que se han vuelto más templadas, un hecho que ya es evidente en regiones de Brasil, Venezuela y Colombia. La isla-nación de Tuvalu, en el Pacífico sur, podría quedar sumergida por las mareas y las barreras de coral desaparecerían, porque no resistirían el aumento de la temperatura del agua.
Más 3 grados: la amenaza caería sobre la selva del Amazonas
La nieve de los Alpes se acabaría y las olas de calor serían lo normal en el Mediterráneo y en la mitad de Europa central. Los huracanes de categoría 6, peores que ‘Katrina’, serían más frecuentes y la selva del Amazonas podría desaparecer por la proliferación de incendios.
Más 4 grados: desaparecerían Venecia y parte de Egipto. El derretimiento de los glaciares del Himalaya, que alimentan el río Ganges, se produciría antes del 2035. La inundaciones serían frecuentes. Además, sin nieve que produzca agua, habría hambrunas. El norte de Canadá se convertiría en la zona agrícola más prolífica del planeta y los hielos del oeste de la Antártida podrían colapsar elevando el nivel del mar hasta la destrucción de zonas costeras de América Latina. También se inundaría por completo Venecia (Italia) y zonas de Egipto y Bangladesh.
Más 5 grados: no habría agua para Los Ángeles, El Cairo, Lima o Bombay.
Ante un escenario de este tipo, la guerra por el líquido sería inminente, una situación que muchos de los expertos del mundo han anunciado.
Más 6 grados: nos devolveríamos al periodo Cretácico.
Por falta de nutrientes, y ante la extinción de más del 70 por ciento de las especies, el océano se vería azul brillante. Los desiertos avanzarían sobre los continentes. Los desastres serían asunto de todos los días y muchas de las principales ciudades del mundo, como Nueva York, estarían bajo el agua. El mundo podría parecerse al período Cretácico, 144 millones de años atrás, en el que solamente un 18 por ciento de la superficie de la Tierra estaba sobre el nivel de las aguas, cifra que hoy se acerca al 30 por ciento.

Al leer todo esto me quede impresionada, yo sé que hay mucha gente que aún no cree en el cambio climatico que piensa que solo es una invención de algunos locos que andan sueltos, pero hace mucho tambien se pensaba que el mar tenia recursos inagotables que jamas de terminarian las especies que habitaban en el,  pero hoy día sabemos que no es así y que muchos de sus recursos están desapareciendo.

Me impacta el cambio de clima y las consecuencias que esto lleva me pregunto si como humanidad lograremos hacer algo para mejorar y no seguir a un caos, cuando pienso en eso claro, los paises desarrollados y poderosos inventaran cosas para protegerse colocaran diques grandes barreras para que sus ciudades no se inunden o que se yo, pero que hay de los pobres de los que no tienen recursos o de los animales , los osos polares están condenados a desaparecer? espero que no y ruego para que no aumente ni un solo grado mas. Solo quiero compartir este post con quien quiera y donde sea a modo de reflexionar un segundo.

En tierras Australes

Un día cualquiera yo paseaba por una pequeña playa  en un lugar del sur Austral. Una mano pequeñita apretaba la mía sus pequeños pies se enterraban en la arena mojada por el mar y la constante  lluvia que siempre caía. Después que dejaba de llover las montañas se vestían de nubes blancas y el mar les  hacia un espejo para que las montañas se reflejaran y admiren su belleza verde. Ese momento era sublime. Mirábamos las pequeñas embarcaciones llegar al muelle y los grandes buques que hacían sonar sus sirenas.

Un pequeño cangrejo intentaba caminar hacia el mar pero se enredaba y quedaba de espaldas la risa de mi bebe brotaba como agua de manantiales tan fresca y contagiosa que sin darnos cuenta,  un hombre de terno y corbata de limpios zapatos nos sonreía,  lo acompañaba más gente otros hombres elegantes que parecían felices pero nerviosos, no era común encontrarse con gente así en el ultimo lugar del mundo. El hombre elegante nos  sonrió, puso una de sus manos en la cabeza de mi pequeño  y sus dedos jugaban con los risos color miel de mi bebe, con la mirada puesta en las montañas que coquetas se admiraban en el espejo del mar y pausadamente me dijo: que lindo es Chile, me paso la mano  y se despidió.

Yo seguí caminando por la orilla de la playa de mi mano una mano pequeñita que saltaba junto a mi  y reía al ver a una gaviota gritar. Un pesacdor limpiaba su espinel.  Me acerque a él y le pregunte ¿Quién es toda esa gente elegante?

El pescador me dijo : ese es el futuro presidente de Chile

Era Patricio Aylwin Azocar, efectivamente al año siguiente fue el primer presidente de Chile elegido democráticamente después de años de dictadura.

Tenia guardada esta anécdota y hoy 16 de abril 2016 al enterarme que falleció Patricio Aylwin, recordé ese momento que se había quedado en un rincón del pasado. Al recordarlo lo traigo a mi presente para compartirlo.

En YouTube encontré un vídeo del ultimo día de campaña electoral de la época. Como en ese tiempo vivía en un lugar muy apartado de la tecnología, creo que nunca vi una campaña electoral sí recuerdo haber ido votar a Aysén.