Historias perras

Acá en Aalborg no hay perros vagando en las calles y toda la gente pasea a su perro con correa. Por lo general los perros no se acercan a nadie que no sea su humano. Casi nadie acaricia a un perro extraño como en Chile, donde es muy común hacerle cariño a cualquier perro en la calle.

Hace unos días yo venía caminando por un sendero y de frente caminaba una anciana con su perro. De pronto, el perro corrió hacia mí ladrando no amistoso y la anciana, en vez de acortar la correa, la soltó más y me dijo en danés que no hacía nada. Pero esas frases tranquilizadoras no sirven para uno que ha tenido un trauma con los perros.

Yo no entendí cuál fue la intención de la anciana al dejar que el perro poco amistoso se acerque a mi. Con voz suave le dije: por qué me ladras perro feo. Sabiendo que ni el perro, ni ella entendían español agregue en danés du er en smuk hund (eres un perro hermoso). El perro dejó de ladrar y se fue corriendo donde su humana. Está situación me hizo volver a la memoria el pánico que sentía hacia los perros.

A diferencia de Aalborg, en Chile es muy común ver perros en las calles. Muchos han sido abandonados por sus propios dueños, luego tienen crías y la población perruna aumenta en las calles.

La siguiente historia es de hace años. Yo trabajaba en un centro comercial en la comuna de Las Condes. Todos los días me iba a trabajar en bicicleta. Eran más o menos unos 17 kilómetros desde mi casa al trabajo.

Una mañana que voy pasando en bicicleta por el sector de Plaza Italia, esquina de Vicuña Mackenna con Providencia, unas palomas buscaban comida en la calle y unos perros perseguían autos. Las palomas volaron, el semáforo cambió a rojo, esperé la luz verde e intenté retomar mi camino. En ese momento sentí algo que me atrapó. Un crash y dolor agudo en uno de mis hermosos gastrocnemios. Un lindo perro tenía mi pierna atrapada en su hocico. Me salió un grito desesperado y el caballero que vendía sandwiches a la salida de la estación del metro fue en mi rescate. Con un diario en mano le gritó al perro: suelta! suelta te dicen! El perro soltó mi pierna y me mostró una sonrisa no amistosa. Miré qué tan grave era la mordida. Un hilo de sangre y un pequeño desgarro de piel, no se veía grave. Continué camino a trabajar con mi pantalón al más top estilo homeless chic.

Cuando llegué al trabajo pase a la enfermería del centro comercial para curarme la herida, pero como era mordida de perro callejero, para una mejor atención me llevaron en ambulancia al Hospital de la Fach. Creo que fue la primera vez que me subía a una ambulancia, no tengo recuerdos de otra ocasión. Me curaron la herida y me pusieron las primeras dosis de las vacunas antirrábicas y tétanos. Fui muy bien atendida. Mi jefe al enterarse de mi suceso con el perro me invitó a desayunar al Starbucks. Después de todo, no estuvo tan mal la mordida de perro.

En la tarde noche cuando regresé a mi casa, con mi herida muy bien vendada, casi no tenía molestias. Me sentía feliz pedaleando por el Parque Balmaceda. Los guarencitos se cruzaban de árbol en árbol, las parejas enamoradas se ocultaban en las sombras, los perro lovers compartían un café entre ellos y comentaban las gracias de sus hijes perris. La temperatura estaba agradable y todo era perfecto. Entre toda esa hermosa armonía salió de la oscuridad una sombra negra que saltó sobre mí. En un segundo paso toda mi vida, mi bicicleta saltó lejos y yo quedé tirada de espaldas en el suelo polvoriento. Sobre mi pecho, un gran pastor alemán apoyaba sus patas. Su hocico estaba a un centímetro de mi cuello, mostrándome sus afilados dientes. Me quedé paralizada como en una pesadilla. Me salió una voz de súplica, por favor, por favor, no me muerdas, y el perro sacó sus patas de mi pecho y dio un paso atrás. Yo estaba quieta sin respirar. Entonces salió una pareja de entre el arbusto y llamó a Charly.

Era de no creer. En un día había tenido dos incidentes con perros. Estos dos incidentes generaron en mí mucho miedo a los perros. Después, cada vez que veía a un perro en mi camino, buscaba otro camino. Hasta los perros de peluche me causaban miedo. Aunque el perro se viera muy amistoso y me moviera la cola yo desconfiaba, me aterraba que se acercara a mí.

Después de mi traumática experiencia con los perros. Un fin de semana que fui a la playa conocí a un tierno cocker spaniel, el Otto. Aunque era tranquilo y pacífico, yo le tenía miedo y lo evitaba. Mientras que el Otto me miraba con ternura, como diciendo no te haré nada. El Otto fue mi terapeuta. Me ayudó a controlar ese miedo que sentía hacia los perros.

Con el tiempo fui teniendo más seguridad y ya no huía de los perros de la calle. Cuando salía tarde del trabajo, siempre me escoltaban hasta la puerta del edificio unos simpáticos perros. Me sentía protegida con ellos, ya no les temía. Y aunque nunca he sido una perro lovers, algunos perros me conquistaron.

Hay perros que dejan su huella marcada en el corazón de un humano. Estos seres peludos de cuatro patas llegan a nuestras vidas, las llenan de amor y alegrías. Estrechamos vínculos tan fuertes con ellos, que cuando parten de esta tierra nos dejan un gran vacío.

Uno de esos peludos que dejó una gran huella en mi corazón fue Koki. Aunque no era mío, era parte de mi vida.

Koki era un samoyedo muy inteligente, tierno y juguetón. Era un perro valiente. Una noche se enfrentó a unos ladrones que estaban entrando a la casa de sus humanos. Koki vivía en Puerto Varas con sus humanos que lo adoraban. Yo viajaba a visitar a estos humanos que amo y pasaba unos días con ellos. Disfrutaba mucho con Koki. Le gustaba ir a despertarme temprano. No le gustaba bañarse ni peinarse. Cuando hacía una maldad se escondía. Le encantaba el filete asado, correr en la playa, meter las patas en el lago y salir de paseo en auto. Ladrarle a otros perros era su pasatiempo favorito. Jugaba a la escondida y se escondía debajo de una silla donde se veía enteró. Aullaba como un lobo y hacía reverencias. Era tan lindo. En Puerto Varas pasé junto a Koki y sus humanos muchos momentos hermosos de risas y alegrías. El año pasado nos avisaron que Koki enfermó de un cáncer invasivo y a los pocos días dejó esta tierra. Fue una pena enorme para sus humanos y para mí. Mi hermoso Koki, dejaste tu huella en mi corazón.

Koki

Y en esta pasada por el corazón de perritos que dejan huellas como no recordar a esos peludos que les guardo un cariño especial.

Corbata era un perro gentil y bonachón. Dimos muchos paseos por las calles y la plaza del pueblo de Hualañé.

Corbata

Sarita la trekkera, siempre entusiasta para subir los cerros e ir a la termas. Aunque eras una tierna y pequeña Pug disfrutabas de la aventura.

Sarita

Sacha cuando saliste corriendo a saludarme yo no sabía si salir corriendo o quedarme paralizada, pero tú te tiraste al suelo y en señal de amistad me mostrastes tu pancita para que te haga cariño. Solo tenías la apariencia de un Rottweiler feroz. Eras pura ternura.

Sacha

Los años te alcanzaron, Otto terapeuta sanador de mis miedos.

Otto

Apolo Grey, la primera vez que te vi eras unas tiernas y grandes orejas negras. Reí mucho con las travesuras que le hacías a tu humana. Ella te amaba infinito y te perdonaba cualquier destrozo.

Apolo Grey

Luchito tan pequeñito y tan aperrao. No tenías problemas para acompañame a subir el cerro en bicicleta ni caminar por las montañas. Hasta corriste una perroton.

Luchito

Dedico este post a todos esos perritos que ya no están y que marcaron sus huellas en el corazón de un humano.

Los pájaros

Hace frío y es invierno. Con mi taza de chocolate caliente entre las manos, miro por la ventana cómo caen los delicados copos de nieve. Un pequeño pájaro se cobija bajo los arbustos de la terracita, está encogido como alguien que tiene frío. Cuando siente mi presencia se asusta y vuela dando pequeños saltos.

Un mirlo curioso viene y nos mira por la ventana, pero cuando se siente descubierto se asusta y se va volando.

En todos los supermercados había ofertas de comida para pájaros. Compramos una bolsa de nutritivas semillas y pusimos un pocillo con semillas en la terracita. El primero en venir a comer fue el mirlo curioso. Comía hasta que no podía más y luego se quedaba vigilando el pocillo. Las urracas espantaban al mirlo, entonces un pequeño petirrojo se acercaba tímidamente y rápidamente comía todo lo que su pequeño cuerpo le permitía.

Todos los días venían otros visitantes, pero el mirlo y el petirrojo eran nuestros pensionistas regalones.

Cuando los rayos de sol empezaron a entibiar un poco más y comenzó el cortejo matrimonial, los pájaros venían menos a menudo, el petirrojo también dejó de venir a comer, pero por las tardes nos viene a regalar una canción.

El mirlo y una pareja de palomas siguen viniendo a comer y cuando no encuentran el pocillo con semillas, vienen varias veces a mirarnos por la ventana como preguntando donde está la comida.

En invierno los pájaros tienen hambre y frío, las personas para ayudarlos a pasar el invierno ponen en los árboles casitas y dejan comida a los pájaros. Una costumbre danesa que da felicidad a personas y pájaros.

Nosotros este año también practicamos esta bonita costumbre. Y hemos disfrutado mucho observando a estos pájaros que viven en esta parte del hemisferio norte y soportan las duras condiciones ambientales.

Fastelavn

Este fin de semana vimos a varios niños disfrazados y cada uno tenía un palo en las manos. Entre risas y gritos esperaban ordenadamente su turno para pegarle a un barril colgado. Se veía divertido el juego.

El motivo de la diversión era la fiesta fastelavn que tiene que ver con la cuaresma. Esta fiesta también tiene raíces paganas que tienen que ver con el final del invierno y la oscuridad y la llegada del buen tiempo. Aunque este año el invierno ha estado muy activo y sigue pintando el paisaje de blanco.

Antiguamente en estas festividades se metía un gato negro dentro de un barril. El gato negro representaba a la oscuridad. Las personas con un palo golpeaban el barril hasta que el barril se rompía y al salir el gato despavorido huyendo era la señal de que comenzaban los días luminosos.

En la actualidad ya no se mete al pobre gato en el barril, sino que se llena de dulces, frutas y chucherías y por lo general son niños los que golpean con el palo al barril, al menos nosotros no vimos adultos. Quien logra romper el barril se convierte en la reina o rey del fastelavn.

Los niños más pequeñitos pasan por el vecindario para recolectar dulces cantando una canción tradicional de estas fiestas pidiendo que le entreguen los dulces. Si no se los entregas puedes estar en serios problemas. Este año por el coronavirus, esa actividad no fue autorizada.

Aunque nosotros no le dimos palo al barril, sí disfrutamos de unos ricos pasteles que son típicos de estas festividades. Una de nuestras vecinas nos sorprendió con unos ricos fastelanvsboller.

Esos momentos

Momentos de rutina inconsciente y momentos de conexión con la savia natural.

Hay momentos en que despliego mis alas y vuelvo a conectar con el yo interno, con el universo.

Esos momentos cuando las emociones fluyen y son de risas, alegrías y tristezas, soledad y plenitud.

Momentos de encuentros y desencuentros. Momentos de gratitud y esperanzas.

Tengo mis momentos de abrazar y también de alejarse.

Momentos de regalar, momentos de soñar, momentos de contemplar e invocar, momentos de calma y momentos de ira.

Cada momento bueno o malo se queda impregnado en mis sentidos en mi piel y en mi alma. Momentos que guardo como el tesoro más preciado.

Esos momentos

Y cada momento es un soplo que me hace sentir que estoy viva.

87 Días de Vorágine

En la radio están diciendo que los estudiantes secundarios están saltando nuevamente los torniquetes del metro ¡Evadir, no pagar, otra forma de luchar! se escuchan las voces de los jóvenes. La protesta de los estudiantes por el alza del pasaje en el metro había sido el tema de la semana, en ese momento no imaginé lo que iba a implicar ese salto, ni todo el cambio que iba a significar para mi barrio y para Chile en general.

Esa tarde todo se puso muy confuso. Las estaciones del metro cerraron. Muchas personas salieron de las estaciones en lugares que no conocían. Había gente caminando en todas direcciones. Algunos perdidos no sabían dónde tomar una micro para volver a sus casas. Además, las micros tampoco estaban pasando. Sentados Daniel, Natalia y yo junto a la fuente frente a nuestro edificio, mirábamos sorprendidos la multitud que pasaba caminando.

De pronto, un grupo de personas comenzó a correr hacia nosotros y un guanaco iba tras ellos lanzando agua. Nos resguardamos junto a la puerta del edificio mientras observábamos. Un grupo de personas comenzaron a sacar las señaléticas que indican el nombre de las calles, otros forcejeaban para derribar el semáforo de Eulogia Sanchez con Vicuña. Una barricada se encendió en medio de la calle. El guanaco perseguía a un grupo que corría hacia la plaza Baquedano. Apareció el zorrillo, otro vehículo de carabineros, lanzando bombas de gas lacrimógeno.  Natalia está asombrada al ver como las bombas lacrimógenas que salen del cañón del zorrillo salen echando fuego hasta el lugar donde impactan. La gente corre arrancando de las bombas y del guanaco. Nosotros nos entramos al edificio, y también entró gente buscando refugio. Todo es un caos.

18octuDesde que vivo en el barrio de Plaza Italia, siempre han habido manifestaciones, disturbios, enfrentamientos con carabineros, pero ese día no era igual. Unas micros se quemaban en Diagonal Paraguay con Vicuña, la farmacia y el servicentro de Rancagua con Vicuña, eran saqueados. La escalera de seguridad de la torre de Enel se quemaba.

En un par de horas se decretó estado de emergencia y el presidente de Chile dijo que estábamos en guerra. Después de eso todo se puso más intenso. A nivel nacional la gente salió a la calle a manifestar su descontento y estalló toda la rabia acumulada por años.

Al día siguiente salimos y nuestro edificio estaba rodeado de carabineros, el metro custodiado por militares. La gente caminaba hacia Plaza Italia caceroleando para protestar por el estado de emergencia. Se sumo todo el cansancio por las injusticias sociales y las tremendas desigualdades.

Una cantidad de gente diversa, jóvenes, viejos, familias con niños camina empoderada con sus cacerolas cantando Chile despertó, no estamos en guerra, nos cansamos, nos unimos, fuera los milicos y el que no salta es paco. Yo también me sentí empoderada y volví a buscar mi jarrito para el café turco y una cucharita de madera para golpearlo. Mi jarrito sonaba muy bonito tan tan ta ta tan tan. La gente sonreía, cantaba, se veía contenta. Qué bonito que la gente se manifieste, le comenté a Daniel, qué hermoso que vivamos en un país en donde puedas expresar tu descontento o tu contento.

De pronto una multitud se devolvió corriendo en dirección hacia nosotros y por el lado por donde yo caminaba venía un pelotón de carabineros persiguiendo a la multitud. No sabía qué hacer y me quedé paralizada, pero sin parar de tocar mi jarrito. La multitud y carabineros pasó cual estampida junto a mí. Carabineros de improviso se detienen a unos dos metros delante mío y hacen una maniobra de retroceso y se quedaron parados justo donde yo estaba tocando mi jarrito. Ese fue mi primer jarrolazo

19octuCon la medida de estado de emergencia y toque de queda en vez aplacar las manifestaciones y disturbios estos se hicieron más intensos. Todo cambio. En mi edificio los vecinos cambiaron el reguetón y el trap por el derecho de vivir en paz y el baile de los que sobran. Nuestros paseos al parque por las tardes se terminaron y todas nuestras rutinas cambiaron. Pasamos una semana completa encerrados en el departamento, solo salíamos por breves momentos. Las bombas lacrimógenas, piedras, balines, barricadas, fogatas estaban a la salida de nuestro edificio.

encierroY nuestro barrio se fue transformando. Las primeras en desaparecer fueron las farmacias, ni siquiera el doctor Simi se salvó. Veredas, bancas, quitasoles, semáforos, luminarias, letreros y todo lo que servía para hacer barricadas y escudos, nada se salvó. La estación del metro Baquedano se cerró completamente.

destrozos2Muchos de los locales comerciales cerraron excepto la fuente Vicuña Mackenna, ellos siguieron atendiendo en medio de gases y piedras. El Terzolo siguió atendiendo en el horario que la contingencia permitía. La querida Terraza fue saqueada. Don Pepe los primeros días iba a regar sus plantas y se asombraba que aún no le sacaban la alfombra que cubría la vereda, pero eso duró poco. La alfombra, las plantas, maceteros y todo cayó en una barricada.

destrozos1La hermosa casa Schneider fue quemada. Ese día fue muy caótico. Bomberos empezó a evacuar mi edificio. Daniel guardo algunas cosas importantes, documentos y esas cosas. Yo solo atine a guardar mi pasaporte y a la Isidora que es mi mascota, una tortuga oreja roja, la puse en una cajita de cartón y bajamos por las escaleras, el fuego ya cubría gran parte de la vieja casona que nos separa de ella una antigua y desgastada pared de adobe. Cuando salimos del edificio quedamos literalmente en medio de una batalla. El guanaco lanzaba agua, el zorrillo pasaba tirando gas, carabineros dispara balines y bombas lacrimógenas, los capuchas tiraban pedazos de cemento, adoquines, prendían barricadas, la gente corría, gritaba. Nosotros estábamos en medio y no podíamos salir de ese caos.

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En un momento tuvimos la oportunidad de movernos hacia el Parque Bustamante y era increíble todo lo que pasaba. En el parque la gente estaba de lo más relajada, algunos haciendo picnic, tomando cerveza, conversando, otros haciendo ejercicios, los niños jugando y en la Plaza de la Dignidad (antes Plaza Baquedano y rebautizada por las protestas) estallan los fuegos artificiales, la torre de Movistar se llena de líneas verdes con los punteros láser, la gente canta y baila.

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Todo ese contraste me parece tan extraño. Después del primer incendio a la casa Schneider perdimos la cuenta de cuantas veces más le prendieron fuego a los restos que quedaban.

Cada muro y pared se llenó de creaciones y expresiones de protestas. Los fines de semana cuando está más tranquilo, viene gente y recorre las calles del barrio, fotografiando y leyendo lo que expresan las paredes rayadas.

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mural2Desde que ocurrió el estallido social vivimos a diario entre enfrentamientos, incendios y desmanes. Diariamente respiramos los gases antidisturbios. A mi tortuga le gustaba tomar sol en la corniza del departamento, ya no pudo hacer más eso. Los gases y el ruido de alguna forma le afectarón pasó una semana en que no quizó comer y se asustaba con el minimo ruido.

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Los pájaros se fuerón, ya no los escucho cantar, veo a unas pocas palomas que se esconden en las cornisas de mi edificio. Los árboles están llenos de perdigones, ya no veo a Cholito un perrito callejero que almorzaba en la Terraza y cenaba en la Hacienda Gaucha. Espero que alguien lo este cuidando.

dis2Dentro de todo ese caos, aparecieron la amabilidad y la empatía. Como no hay semáforos, algunos conductores se pusieron más conscientes. Mis vecinos del edificio empezaron a conocerse, a reunirse a compartir experiencias a cuidarse. Y por otro lado se unieron las barras rivales de los equipos de fútbol, motoqueros, ciclistas, patinadores, trabajadores, nunca había visto en las calles mesas largas de gente compartiendo una cena, como la de una publicidad antigua de un té.

empatia2empatia1Muchas veces al regresar al departamento, no podíamos entrar e involuntariamente quedamos en medio de los enfrentamientos. Con el gas lacrimógeno no se podía respirar, ni ver bien, siempre alguien nos auxilió, dándonos agua, rociando agua con bicarbonato, en varias ocasiones nos acompañaron para entrar al edificio protegiéndonos de las piedras y balines. Un día venía caminando hacia mi departamento y estaba un grupo pequeño de ṕersonas escuchando Anita Tijoux que cantaba desde el edificio del telepizza, junto a mí caminaban tres personas que venían de sus trabajos. Por la calle Carabineros de Chile apareció el guanaco persiguiendo a dos ciclistas y no había más gente. Solo escuche un grito ¡cuidado los pacos! dos personas pusieron sus cuerpos de escudos y me protegieron del guanaco. Siempre hubo gente amable. Nunca un desconocido manifestante o no manifestante fue violento con nosotros.

Carabineros ha tirado gas pimienta y bombas lacrimógenas a dentro del edificio, hasta una bomba lacrimógena saltó a la terraza. Aunque se pusieron protecciones en las puertas mis vecinos siempre están alertas.

Estuvimos en la gran marcha y también cuando tocaron Illapu, Los Bunkers e Inti-Illimani en esas dos ocasiones fue épico poder estar en la otra cara de las manifestaciones donde la gente protestaba con sus carteles, sus cantos, sus bailes, su performance. Yo salté y cante a todo pulmón. Sentí esa energía de la masa empoderada y me daba la esperanza de un mejor mañana.

perfomaMarcha1marcha2Es difícil describir los sentimientos cuando las emociones fluyen a flor de piel. A veces me sentía atrapada en un sueño del cual no podía despertar. Otras sentía que los malos son buenos y los buenos son malos.  Miraba a mi alrededor y veía lo mejor y lo peor del ser humano. Esa dualidad que aflora del ser humano en momentos de crisis.

Cuando terminaba la manifestación y los disturbios, venía el momento de calma y retirada. El momento en el que cada quien regresa a casa. Veía a carabineros caminar hacia el bus, en silencio, cansados, arrastrando los pies. Mientras un joven camina cojeando, se queja de dolor. Me dieron unos lumazos –me dice–  creo que me quebraron un pie. Una silla se quema en la barricada; agonizante tira sus últimas llamas. Otro joven camina sin polera; en la espalda y brazos tiene heridas de perdigones. Nos mira y nos dice: seguiré luchando hasta morir. Un grupo que va con sus escudos, le grita a carabineros: ¡Nos vemos mañana paco culiao, a la misma hora de siempre!

Un capucha nos pregunta ¿ustedes apoyan el movimiento? y luego agrega, todo esta mal hermano, todo está mal, y se pierde caminando en la oscuridad que es nuestro barrio ahora. Un niño de no más de 10 años con su capucha negra y rabia en su mirada, en su pequeña mano empuña una piedra, me mira y me dice; mire el ñachi, yo miro en lo queda de vereda, veo una posa de sangre, los pacos culiaos, los pacos, me dice. Los indigentes se enojan porque un transeúnte trata mal a uno de sus perros y todos salen con palos a pegarle. Mientras un grupo recoge las botellas y latas vacías de las cervezas que dejaron algunos manifestantes.  Cualquier rincón sirve de baño, por todos lados hay orina y se produce una mezcla de olores poco agradables. Queda un solitario vendedor que dice; tabaco, tabaco, chiquillos. Bomberos se retira entre aplausos de los vecinos. La oscuridad es el escenario perfecto y el sensual y estúpido spider-man nos regala el último baile del día.

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La señorita Betty una vecina de más de 80 años nos comenta que ya no puede ir a comprar el almuerzo al Terzolo porque las veredas están rotas, hay hoyos y la irregularidad del terreno no le permite caminar bien.  Pero nos dice; esto va a pasar y vamos a estar bien, arriba el ánimo chicos.

Se aleja el sonido de la cuchara y la olla. Y a los lejos se escucha un solitario grito ¡hasta que la dignidad sea costumbre! pasan unas chicas que van cantando “ya van a ver, las balas que nos tiraron van a volver”  Otro día más de protesta ha terminado.

Al contrario de otras personas, no me inquietaba esa sensación de miedo. Si me causa una gran pesadumbre ver a mi hermoso barrio que se a convertido en una zona más de sacrificio.

Cumplimos 87 días viviendo está vorágine y llegó ese momento que meses antes estaba planificado. Una nueva experiencia de vida.

Entregué las llaves y cerré la puerta de mi departamento de tantos años. Unos meses antes del estallido habíamos decidido partir a Dinamarca, porque Daniel había sido invitado a hacer un posdoctorado allá. Me despedí de mis vecinos y de mi querido barrio Plaza Italia, esperanzada de que la semilla de la dignidad que despertó el 18 de octubre florezca para todos a lo largo y ancho de mi hermoso país.

Mi Barrio es Plaza Italia

Era uno de esos días de invierno fríos y grises. En el diario leí el aviso de un arriendo de un departamento pequeño que calzaba con mi presupuesto. Este departamento estaba ubicado a dos cuadras de Plaza Italia en la comuna de Providencia.

Plaza Italia es uno de los lugares más conocidos de Santiago, porque es el epicentro de reunión ciudadana para celebrar o protestar y es límite entre las comunas de Santiago, Providencia y Recoleta.

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Solo tenía una mochila, un corazón partido en dos y muchos miedos.

Fui a ver el departamento que estaba en un edificio del año 45. Una verde enredadera se deslizaba por las paredes grises del edificio dándole una belleza inusual. Frente a la entrada principal había una hermosa fuente de agua con una banca de granito semicircular.

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La pesada puerta de fierro se abrió. Entré y pregunté al conserje por el departamento en arriendo. El administrador me pasó las llaves. Me indicó que el departamento estaba ubicado en el subterráneo. Sin pensarlo mucho, firmé el contrato con el corredor.

Fui a una tienda y me compré una cama. Pasé varios días durmiendo en el suelo duro y frío que estaba cubierto por una alfombra, antes que llegara mi cama.

Cariñosamente bauticé a mi primer departamento como la cripta, porque estaba en el subterráneo y era muy frío. Aunque tenía dos pequeñas ventanas que daban a un patio interior, el sol apenas se asomaba por ahí. Pasaba mucho frío y me enfermaba mucho.

Así que me cambié a otro departamento en el mismo edificio, pero unos pisos más arriba, y me quedé en el barrio.

Mis vecinos eran unos viejos muy simpáticos y divertidos.

En las tardes al volver del trabajo, sentados alrededor de la fuente, estaban don Germán, que era mi vecino de piso, un señor de barba blanca fumando con su elegante pipa y otras personas más. Se la pasaban conversando, riendo y contando chistes.

—Ahí viene la chica de la bicicleta —decía don Germán.

—Venga para acá que le tengo un frasquito de mermelada —decía la señora de don Germán.

—Bájese del caballo, agregaba el señor de la pipa y todos nos reíamos.

Me quedaba unos momentos conversando con ellos, escuchando sus anécdotas, sus historias. Una de las tantas historias interesantes que me contaron fue la de Pablo Neruda. Cuando Pablo Neruda era perseguido por la policía chilena estuvo escondido en el edificio en un departamento de un ambiente. Esa era una historia recurrente y no se ponían de acuerdo cuánto tiempo fue que Neruda pasó encerrado en el departamento y nunca supe cuál fue el departamento. Mi edificio de más que guarda muchas historias.

Justo en la misma Plaza Italia mi vida se cruzó con la Daniel. Desde ese momento vivimos nuestras vidas juntos en este barrio.

La comida de nuestra mascota la Isidora, una tortuga oreja roja, por  muchos años la compramos donde don Mauricio, el dueño del Pez Tropical, una antigua tienda de acuarios. Don Mauricio fue un innovador al instalar una tienda de peces tropicales y acuarios en Chile. Esta tienda ya tiene 59 años de antigüedad y está ubicada en la calle Rancagua 020, en la comuna de Providencia.

Cada vez que iba a su tienda a comprar alimento para mi tortuga, don Mauricio me contaba alguna anécdota. Don Mauricio es una persona admirable, un migrante Italiano lleno de historias y vivencias. En una ocasión me contó que a los 12 años él había manejado una ambulancia en la segunda guerra mundial. Y hasta pasados los 90 años él manejaba su auto desde las Condes a Plaza Italia.

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Actualmente don Mauricio solo viene a su tienda un breve rato, dice que tiene la tienda solo para entretenerse, que está viviendo un tercer tiempo que no pidió.

A Veces no me quedaba tiempo para cocinar. A menos de dos cuadras desde mi edificio cruzando la calle ubicado en Vicuña Mackenna 19 en Santiago, está el Emporio Terzolo, un almacén que tiene de todo. Diariamente preparan comidas caseras y pasteles. Todos los días hay un menú para llevar.

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Para mi gusto, en el Terzolo preparan la mejor comida. A mí me encanta como preparan las guatitas a la jardinera, los porotos, la carne mechada, el salmón con alcaparras por nombrar algunos de los exquisitos platos. Soy adicta a los pasteles del Terzolo, mis favoritos son el de manzana y el de nuez. Siempre somos muy bien atendidos por todos los que trabajan ahí incluyendo a sus dueños. El Terzolo es de esos pocos lugares que van quedando, donde los trabajadores llevan años, donde la sonrisa está a flor de piel, donde la conversación casual se siente familiar, donde se siente calidez y honestidad.

En las noches nos da hambre y sabemos que la Terraza siempre salva no importa la hora del bajón ahí está don Pepe para atendernos con la misma cordialidad de siempre. La Terraza es una fuente de soda ubicada en Vicuña Mackenna 24 en Providencia. Es un local de años, con mucho carrete encima, funciona de lunes a lunes hasta la madrugada. Tiene su propia identidad y sus clientes son un público diverso.

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Cuando por la mañana paso caminando por el lado de la Terraza y está don Pepe ordenando las mesas me pega un grito.

—¿Y la bicicleta?

—está con restricción le contesto. Y él echa una carcajada.

En el desayuno nos encanta comer dobladitas con mantequilla y miel.  Las mejores dobladitas son de la Amasandería Di mamma, que está ubicada en Marín 15 en Santiago. Otra familia de Italianos que con su amasandería le dan sabor al barrio. Me encantan los negocios de barrio son más personalizados, están llenos de historias y vivencias. Y por tantos años han sido parte de mi vida cotidiana.

En las tardes salimos a caminar, a tomar aire al Parque Bustamante. Nos divierten los perros jugando como niños y los niños gritando a sus padres por atención.

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En otras ocasiones vamos al Parque San Borja que se llena de adolescentes que bailan K-pop, los skater saltan en sus patinetas y los perros pasean en coches.

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Regresamos al departamento y pasamos por el lado de la hermosa Casa Schneider, una casa quinta construida en el 1914, que colinda con nuestro edificio y que solo la separa una antigua pared de adobe.

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Miro para el frente y veo esa tremenda casa que siempre tiene las cortinas cerradas, se ve triste y vacía. Es la casa del embajador de Argentina, una bella casona estilo neoclásico con sus jardines y arboledas y pienso —que aburrido vivir ahí solo —Yo la tendría llena de gente, perros y gatos en los jardines. Pero no es mi casa.

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A Veces en la noche caminamos por la calle Almirante Simpson y vemos esas casas, casi todas convertidas en oficinas. La noche les da un aspecto lúgubre e imaginó que viven muchos fantasmas ahí. Mi barrio está lleno de casas antiguas y hermosas, como la casa del museo Vicuña Mackenna o la casa de las gárgolas siempre que veo a las gárgolas con sus extrañas caras me preguntó qué pensaba el escultor cuando esculpía esas esculturas. Nunca lo sabré.

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El terremoto del 2010 lo pasamos en el edificio. Después del gran remezón fuimos a ver a don Germán que estaba solo. Su señora había fallecido unos meses antes.

El nos dijo

—estoy bien

—se me dio vuelta la cama, me ayudan acomodarla—y se acostó y siguió durmiendo.

Con el correr del tiempo, poco a poco fui viendo como la banca donde se reunían mis vecinos se iba quedando vacía. Las risas y los chistes se fueron a lejanas estrellas.

Hoy en día en la banca se sienta gente, pero gente que no conozco, gente que pasa a descansar, vendedores de las aplicaciones, gente que juega Pokemon Go, gente que me es extraña.

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Sin darme cuenta he pasado 17 años junto a este barrio donde he vivido una parte importante de mi vida. Atesoro cada vivencia y experiencia que en este barrio he vivido.

Estaba escribiendo este post cuando llegó el estallido social. Y Plaza Italia, mi barrio, cambió totalmente para bien o para mal, el tiempo y la historia lo decidirá.

Para mí, Plaza Italia es y será el barrio más genial y bonito de Santiago.

 

Desde plaza Italia.

No se puede respirar por el gas lacrimógeno, se nubla la visión y las lágrimas caen protestando. Aguita con bicarbonato se comparte entre todos. 

En una rafaga de pum, pam, pum saltan los balines y en picada caen los pedazos de adoquines y cemento. El semáforo se resiste a ser derribado, termina en una barricada. 

Suenan las sirenas. La multitud abre paso a la ambulancia, se mueven las barricadas y entre aplausos pasan los bomberos.

El que no salta es paco canta la gente y la tierra se mueve como para decir estoy aquí con ustedes. 

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La mirada del policía opresor se cruza con la del vándalo encapuchado, son los ojos de dos seres humanos hijos de la misma tierra.

La protesta terminó, se aleja el sonido de la cuchara golpeando la olla y se escucha a los lejos un solitario grito,  paco culiao. 

Cada día tiene un anochecer y un amanecer.

 Cada amanecer tengo la esperanza de que en este mundo seamos los humanos que somos. 

Minientrada

Una pasada por el corazón

Español: Presidente de Chile Salvador Allende ...

El 11 de septiembre de 1973 fue el golpe de estado en Chile para derrocar al presidente Salvador Allende .

Los cañones del Ejército de Chile y los cohetes Sura 3 de dos aviones Hawker Hunter (de fabricación británica) de la Fuerza Aérea de Chile, bombardearon la moneda.

Este acto marcó la vida de los chilenos para siempre. Chile, que hasta ese entonces se mantenía como una de las democracias más estables en América Latina, entró en una dictadura cívico-militar que se extendió hasta 1990.

Dictadura en que se cometieron sistemáticas violaciones a los derechos humanos, se limitó la libertad de expresión, se suprimieron los partidos políticos y el Congreso Nacional fue disuelto.

Cuando ocurrió el golpe militar. Yo era una niña que vivía en el campo cerca de un pequeño pueblo en sur de Chile.

Tengo un vago recuerdo de un día de verano que jugaba con mis hermanos, mi papá trabajaba cortando el pasto y mi mamá junto a María una chica que trabajaba en casa se ocupaban en los quehaceres de la casa. Cuando llegó un vehículo militar. Se bajaron unos milicos armados. Mis padres le pidieron a María que nos lleve a dar un paseo por el campo.  Los milicos algo buscaban en las bodegas y galpones.

María nos dijo que mi mamá había tenido que salir, luego nos llevó a su casa. Como niños no, nos dimos cuenta de lo que pasaba. Ni cuánto tiempo pasó desde que mi mamá salió.

Después con los años me enteré  que aquella vez que los militares fueron a mi casa en el campo, precisamente no fue una visita de cortesía. Fueron a tomar detenida a mi mamá y se la llevaron a la  fiscalía militar a Valdivia para interrogarla. Una persona la había denunciado diciendo que ella guardaba armas y que pertenecía a un frente revolucionario.  Cosa que era falso,  mi mamá era una dueña de casa dedicada a su casa y su familia. No se habló de ese tema hasta muchos años después. Mis padres nos contaron que mi mamá estuvo detenida en más de una ocasión y que como pudo probar que las acusaciones eran falsas la dejaban en libertad. Otros chilenos no tuvieron la misma suerte.

Crecí y me eduque en dictadura. En mi pueblo habìan tres escuelas y un liceo. Eran públicas la escuela de niñas y la de hombres. La otra era privada administrada por los descendientes de los colonos  alemanes que habían llegado a la zona. La escuela alemana tenia una matricula limitada, así que daban preferencia a los niños con apellidos alemanes, los aranceles eran costosos para el bolsillo de mis padres. Así que mis padres me matricularon en la escuela de niñas

En las salas y oficinas de la escuela habían fotografías de la junta militar.  Todos los lunes se hacía el acto escolar. Cantábamos el himno nacional incluyendo la estrofa de los valientes soldados, era regla saberse esa estrofa de memoria. Estrofa que no se canto más desde que volvimos a la democracia.

El acto siempre terminaba con unas palabras del director. Que por general terminaba diciendo que seamos unas niñas buenas.

Antes de entrar a la sala de clases todas las niñas impecablemente vestidas con nuestros uniformes nos poniamos en una fila y la profesora nos revisaba las orejas, manos y uñas. Si todas teníamos las orejas limpias, uñas cortas, bien peinadas, entrabamos sin alborotos, pero si una niña tenía una oreja sucia o una uña larga, era motivo de un largo sermón.

En algunas ocasiones llegaba a la escuela el personal del hospital y a todas las niñas nos lavaban el pelo con lindano decían que era para que no tengamos piojos. Este insecticida  provoca cáncer en los seres humanos y ha sido relacionado puntualmente con la enfermedad denominada linfoma no-Hodgkin. En Chile aún sabiendo estos antecedentes solo se restringio su uso para la agricultura y se siguió usando con fines sanitarios para el tratamiento de la pediculosis y la sarna  en humanos y animales.  Recién el 2012 se prohibió definitivamente su uso en Chile.

En las mañanas por las salas pasaba la señora de la cocina repartiendo galletas y leche. Mis galletas las guardaba en mis bolsillos para regalarsela a un niño que andaba a pata pelada y pegaba su cara en la reja del colegio y nos miraba con la cara llena de mocos, yo me acercaba y le pasaba las galletas por entre la reja, el nunca dijo nada solo miraba y recibía las galletas. La leche se la regalaba a una de mis compañeras que siempre olía a ajo, decía que en su casa comían mucho ajo para no enfermarse. Ella solo tenía un par de chalas de plástico, en las mañanas escarchadas caminaba a la escuela con una piedra caliente entre las manos para sentir calorcito.

A veces llegaban cuadernos y lápices a la escuela. La profesora repartía los útiles entre los niños que según su criterio necesitaban más. Solo una vez me dieron un cuaderno. La profesora decía que mis padres me podían comprar. Cosa que yo encontraba injusto, porque a mis padres les escaseaba el dinero como a toda la gente que luchaba por sobrevivir en ese tiempo.

Cada cierto tiempo a la escuela llegaban bolsas de leche en polvo. Y se repartían dos bolsas a todas las niñas. Yo me sentía muy feliz de recibir esas bolsas de leche porque la profesora no decía que mis padres lo podían comprar. Lo único malo era que dos kilos de leche para una niña es mucho peso y agotaba el traslado. Pero un niño siempre es ingenioso e inventé un transporte fluvial para el traslado de las bolsas. En las calles sureñas las lluvias crean pequeños riachuelos que pendiente abajo son verdaderos ríos correntosos. Aprovechando la fuerza de la corriente ponía las bolsas, estas se deslizaban sin mayor esfuerzo, yo corría al lado, vigilando que no se atasquen o se vayan por alguna reja de alcantarilla. Así me ahorraba unas cuantas cuadras de cargar con ese peso. Las bolsas eran de plástico herméticamente sellado así no se mojaba la leche. Con mis compañeras hacíamos competencias de cual bolsa llegaba primero. Una infancia inocente que desconocía por completo el horror que vivían otros niños en otras partes del país.

17 años duró la dictadura. Entre esos 17 años llegó la televisión a mi casa, solo algunos programas nos dejaban ver. Nunca noticias.  Apenas el sol se ocultaba nos mandaban a dormir. Yo disfrutaba leyendo así que no me afectaba que no me dejarán ver tele tarde.

Un día escuche a mis padres y a mis tíos conversar de que unos primos de ellos estaban desaparecidos y tenían cara de preocupación.

Una noche con una tía y mi padrino fuimos a visitar a unos amigos suyos. Uno como niño paraba la oreja sin entender mucho lo que conversaban los grandes. Ellos comentaban que la cosa estaba complicada y entre conversa y conversa se hizo tarde. Los amigos de mi padrino sugirieron que mejor nos quedemos alojar. Pero mi padrino dijo que no podían, que andaban conmigo y que nada le harían, yo no entendía nada, solo quería irme a mi casa. En el camino nos encontramos con una patrulla de militares. Ellos saludaron y preguntaron si sabían que ya era el toque de queda y que hacían tan tarde. Mi padrino conmigo en brazos les dijo que yo era su ahijadita, que me iba a dejar a donde mis padres, que me había quedado a dormir con mis primas, pero que extrañaba mi casa y no paraba de llorar. Entonces los militares me miraron y le dijeron a mi padrino y tía que vayan con cuidado. Yo no sabia que era el toque de queda. Años después comprendí de que se trataba.

Cuando entre al Liceo tuve pequeños rayos de luz sobre lo que significaba la dictadura. Pero todo era controlado, nadie hablaba del tema. Siempre una autoridad militar visitaba el liceo. Hasta en una ocasión tuvimos un militar de rector. Pero los profesores y alumnos protestaron y volvió nuestro rector. Nunca supe cuál fue el motivo de destituir a nuestro rector.

Un profesor una vez nos dijo, ustedes son el futuro de Chile, son libres de pensar, de elegir, que nadie les diga que hacer, que nadie los manipule, cuestionen todo, duden y encuentren la verdad. Mi profesor un día no volvió hacer a clases y nunca más supe de el.

Años después ya lejos de la burbuja protectora que me rodeaba. En un lejano lugar de mi Chile con pinceladas a democracia. Un día llegó a mis manos un libro gordo y revelador para mi. Me senté y no paré de leer hasta que termine el libro. Mi mente y mi alma comprendieron lo que significó ese 11 de septiembre 1973, para mi Chile.

Crecí en dictadura desconociendo los horrores de esta. Cada vez salen a la luz más de los horrendos crímenes cometidos por la dictadura cívico-militar.

Muchas personas en Chile fueron detenidas, torturadas y desaparecidas por la dictadura cívico militar. Hasta los días de hoy sus familias buscan a sus seres queridos, sin encontrar sus huellas.

Ni perdón ni olvido.

El libro que leí fueron las “Memorias. Testimonio de un Soldado”  del General Carlos Prats Gonzales. Asesinado junto a su esposa en Buenos Aires Argentina. Un 30 de septiembre 1974.

 

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TRAVESÍA

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Una Florida aventura

Con las lluvias esporádicas que caen en desierto de Atacama, florecen miles de flores de color  rojo, amarillo, violeta, blanco, azul. Llenan de vida y color esta árida tierra.

DSC00693-COLLAGEPor segunda vez disfrutaría del desierto florido. Esta vez no fue en bicicleta, sino que un poco en bus y el resto, una aventura.

Viajé a La Serena a juntarme con mi amigo Enzo, quien sería mi compañero de viaje. A media noche desde La Serena tomamos un bus hasta Copiapó. Llegamos de amanecida al terminal. Tomamos un rico desayuno en un local de comida que estaba en la plaza. Después hicimos las respectivas compras de comida y agua, suficientes para no morir de sed y hambre. Equipados y listos para la aventura salimos a la carretera hacia Caldera.

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Estuvimos un rato levantando el dedo sin tener suerte así que mejor tomamos un bus para que nos lleve hasta el cruce con el camino a Barranquillas. El bus se pasó tres kilómetros de nuestro destino, nada que hacer solo devolvernos y caminar.

Mientras caminábamos por la carretera vimos a muchas orugas con un cuerno como de unicornio, de piel como un traje de látex de color amarillo con negro y de unos cinco centímetros de largo. Todas cruzaban la carretera, muchas morían aplastadas por los vehículos. Nunca había visto ese tipo de orugas.

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Después de caminar bajo el sol unos cuantos kilómetros y tomar el camino de ripio en dirección a Barranquillas la suerte no nos sonreía. Los pocos vehículos que pasaron nos decían, vamos ahí no más.  El camino estaba polvoriento y el sol estaba quemando en plenitud. Por el camino vino una camioneta de esas con la cabina toda cerrada. Bajó la velocidad como para detenerse, pero cuando les preguntamos si nos llevaban el conductor dijo: ¡no!  Igual les dimos las gracias y seguimos caminando.

A los minutos después la misma camioneta viene de regreso, pero para sorpresa nuestra, se detiene frente a nosotros. Nos dicen que volvieron a buscarnos, que no podían dejarnos tirados en medio del desierto. Qué buena gente, pensamos.

Al subir a la camioneta sentí un fuerte olor a pescado podrido. La camioneta estaba llena de material de pesca. Eran pescadores y tenían su embarcación en Barranquilla. Apreté mi nariz y nos acomodamos entre redes y espineles.

DSC00585-COLLAGEFue grandioso el gesto de estos pescadores devolverse a buscarnos. Nos bajamos en el cruce que daba con la carretera costera. Nuestros planes eran llegar durante la tarde al Parque Llanos de Challe y acampar ahí. Todo iba a depender del factor suerte.

Ni un vehículo pasaba por ahí. Caminar era agradable. Se había nublado y el sol ya no nos castigaba. Nuestras risas y conversaciones eran el único ruido que sonaba en el ambiente.

DSC00590-COLLAGEMis ojos iban fascinados con el desértico paisaje, la nubes pasaban haciendo sombras, sentía el viento en la cara, mi mente sólo se concentraba en disfrutar del camino. Estábamos preparados para acampar en cualquier lugar, si los planes fallaban y nos pillaba la noche antes de llegar al parque.

El ruido de un motor interrumpió mis meditaciones. Una camioneta venía a gran velocidad. Pasó tan rápido que apenas alcanzamos a levantar la mano. Los frenos chirriaron y la camioneta se detuvo unos metros más adelante. El conductor se bajó y nos preguntó a dónde íbamos. Le explicamos que pretendíamos llegar al Parque Llanos de Challe. Nos dijo que nos llevaba, pero atrás. Para nosotros no era inconveniente, así que felices nos subimos a la camioneta.

DSC00599-COLLAGEA ratos el conductor se detenía y se bajaba a conversar con nosotros. Nos llevó a conocer Caleta Pajonales. También paraba cada vez que habían flores en el desierto para que tomáramos fotos. Nos contó que estaba en un viaje para encontrarse así mismo. Llegamos al Parque Llanos de Challe, gracias a la gentileza de ese conductor que nos recogió en la carretera. Espero que se haya encontrado así mismo.

DSC00597-COLLAGELas nubes se pusieron más oscuras y amenazadoras de una tormenta. El guardaparque nos dijo que nos instalemos en la zona de camping. También nos comentó que en esta ocasión no había florecido la garra de león y que había una plaga de zancudos. Toda esa información nos hizo dudar de quedarnos en el parque. Decidimos continuar viaje. Por último, si nada nos llevaba antes de que anochezca, nos quedaríamos en el parque.

DSC00662-COLLAGEUn minero que salía en sus días libres nos ofreció llevarnos. La tremenda suerte. Nos llevó a Freirina y alojamos en el hotel que está frente a la plaza. Casi nada había cambiado en Freirina. Sus casas, sus calles y la amabilidad de su gente, todo seguía igual.

DSC00662-COLLAGE (1)En Freirina obtuvimos datos de lugares donde la floración aún estaba en su plenitud. Al día siguiente salimos temprano, nos fuimos en dirección hacia Caleta Los Bronces por un camino de ripio. A medida que nos alejamos de la zona urbana el paisaje se llenaba de tonalidades café, verde y amarillo. Cada vez se hacía más y más solitario el camino. Cada quien caminaba absorto contemplando el paisaje, fotografiando flores y bichos. Uno de los cerros estaba de color violeta por la floración de la pata de guanaco. Dejamos las mochilas a orilla del camino y subimos a tomar fotos.

Nuestro entusiasmo por la belleza de las flores, hizo que nos alejemos más de la cuenta de donde estaban nuestras mochilas.

DSC00687-COLLAGE (2)Desde lo alto del cerro, a lo lejos, vimos un vehículo que venía por el camino. Bajamos corriendo, intentando llegar antes que la camioneta, pero aún nos faltaba un buen trecho para llegar al camino cuando la camioneta llegó junto a nuestras mochilas. Perdimos la esperanza de que nos lleve.

Para nuestra sorpresa, la camioneta se detuvo. Nuestras mochilas habían llamado la atención. Nosotros gritamos ¡Vamos bajando espérennos! Más tarde pensamos que podían haber tomado nuestras mochilas e irse, dejarnos ahí tirados, pero tuvieron la amabilidad de esperarnos.

Al abrir la puerta de la camioneta dos chicos sonrientes nos preguntaron ¿Qué hacen por estos lados? Buscamos flores, contestamos. Ellos iban a Caleta Los Bronces, mejor suerte no podíamos tener. 

La camioneta estaba impregnada de un fuerte olor, difícil de describir y los chicos sonreían mucho. Luego de unos minutos de conversación unos de ellos nos preguntó si queríamos fumar y nos ofreció el cigarro de marihuana más grande que he visto. Osea, eso no era un cigarro, era un habano de marihuana grotesco. Creo que ese cigarro era el paraíso para cualquier fumador de marihuana. Lástima que yo no fumo nada.

Al ver que el conductor y copiloto estaban demasiado alegres y además  se veía una zona extensa de muchas flores. Decidimos bajarnos. Agradecidos por la buena onda, nos despedimos de los felices chicos que flotaban bajo el humo de su amada hierba.

Y nosotros flotábamos de felicidad al ver flores y más flores, todo cubierto de flores, blancas y amarillas, azules y rosadas. Partimos cámara en mano a capturar la flor más linda, pero todas eran lindas y únicas.

aña-COLLAGEMe quedé extasiada observando un bichito que mascaba hojas como una vaquita. No había visto ese bichito antes. También volví a ver las extrañas orugas de traje latex.

Mis ojos se perdían entre esa tierra árida llena de vida. Mi alma se llenaba con ese silencio absoluto que sólo lo rompe el sonido del viento o el aletear de una mariposa.

DSC00734-COLLAGEDespués de unas horas de llenar mi alma de ese espectáculo sobrecogedor que es el desierto florido. Decidimos regresar a Freirina.

Estábamos a unos 40 kilómetros y era muy poco probable que pasara algún vehículo. Sin embargo, apareció un amable señor que nos llevó. Manejaba a baja velocidad mostrándonos plantas y flores. Cuando vio unos hermosos lirios del campo, nos dijo que tomemos fotos de los lirios. Pacientemente nos esperó hasta que terminamos la sesión fotográfica.

El desierto seguía regalándonos mágicos momentos. Una manada de guanacos estaba a orillas del camino pastando tranquilamente. Era increíble lo que nos estaba pasando. Como este gentil señor venía lento, la manada no se asustó. Sigilosamente con mi cámara trate de capturar ese momento mágico. Por su cuenta Enzo hizo lo mismo.

DSC00817-COLLAGEQue maravillosa experiencia me regaló el desierto en esa ocasión. Una árida tierra donde fluye vida y corazón.

Mis infinitas gracias a Enzo por aperrar. Gracias a los pescadores. Gracias al solitario viajero. Gracias al minero. Gracias a los sonrientes chicos. Y gracias al gentil señor. Todos tremendas gentes.

Añañuca una expresión de amor

Este post se lo dedico a mi amigo Enzo Lari, por esa amistad que nació gracias al desierto.

En el desierto más árido del mundo, bajo su manto de arenas, duermen semillas de las más bellas flores hasta que una gota de agua las logra despertar.

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Enzo, yo y la Añañuca roja

Mientras íbamos caminando bajo el desolado y polvoriento desierto, el viento nos susurraba. Sin prestarle mucha atención, nosotros seguíamos caminando con las mochilas a la espalda, cansados pero alegres bajo el ardiente sol.

El viento insistía en contarnos la historia de la Añañuca roja. En silencio le pusimos atención y el viento, jugando con mi pelo y soplando en la cara de Enzo, nos susurró.

Cuenta la leyenda, que en tiempos de la dominación Inca, entre los valles y cerros del desierto más árido del mundo existía un poblado que el viento su nombre borró. Allí vivía Añañuca, una bella joven admirada por todos en el pueblo.

Añañuca, siempre amistosa con toda la gente, no entregaba su corazón a ningún joven que pretendía conquistarla.

Un día pasó por el pueblo un minero y al ver a Añañuca se enamoró intensamente de ella. La joven le entregó su corazón por completo, era el hombre que ella había esperado toda su vida. Añañuca y el minero se casaron.

Eran muy felices viviendo juntos en el poblado, pero los valles y cerros en sueños le hablaban al alma del minero. Y un día sin despedirse de nadie, ni de su amada Añañuca, el minero partió en busca de lo que los cerros y valles le hablaban a su alma.

Añañuca lo buscó sin resultado. Soñaba que su minero la venía a buscar para llevarla a tierras lejanas, que volvía cargado de oro. El minero nunca volvió, ni rico ni pobre, se lo tragó la tierra. Las gentes del pueblo decían que había muerto en el desierto.

Cada día que pasaba más triste estaba Añañuca, hasta que se murió de pena. El día de su entierro el cielo se oscureció. Como nunca, llovió en el desierto. Al día siguiente el sol salió con todo su resplandor y la gente del pueblo fue a visitar la tumba de Añañuca. Esta estaba cubierta de unas flores rojas. Todo el árido valle se cubría de esta flor roja, llenando de color los descoloridos cerros.

La gente del pueblo dijo que la joven se convirtió en flor, como una manera de expresar su amor hacia el minero. Así surgió el nombre de esta bella flor.

De igual modo la vida, para expresar su amor por el desierto, sembró en él Añañucas blancas, rosadas y amarillas. Cada vez que veo una Añañuca pienso que es una expresión de amor.

 

 

 

 

 

 

 

Sobrevivir con el mínimo

Cuando recién llegue a vivir a Santiago, no solo fue un cambio  geográfico y emocional. También tuve que aprender a vivir con un sueldo mínimo.

Aquí les contare como lo hacía.

Casi todo el sueldo se me iba en pagar el arriendo del departamento y en los gastos básicos que este generaba. Así que para el resto de las cosas debía ingeniármelas.

No tenía televisión, ni Internet.

Observé que los Santiaguinos cuando pasaban cerca de un kiosko se detenían y miraban los diarios que colgaban en cordeles de pita y se afirmaban con perritos de ropa. Mostrando sus portadas. Así descubrí  la mejor forma para enterarme del acontecer noticioso, local, nacional e internacional. Pasaba y leía los titulares de todos los diarios en los kioskos, así quedaba informada. De lo último de la farándula, la noticia roja y violenta, la política y de todo lo que un diario o revista considera relevante poner en portada.

En las mañanas el Metro de Santiago regalaba el diario Publimetro y La Hora, yo pasaba a buscarlos y en las noches antes de dormir o  leía algún libro o me entretenía haciendo mis mejores marcas en llenar los puzzles de los diarios.

Para estar más en contacto con el resto del mundo iba a un ciber café donde la hora me costaba 200 pesos. Con 1 hora me bastaba para leer y contestar correos, que era lo que más me importaba.

Para comer,  en el trabajo me daban ticket de restaurante de 2000 pesos. Me alcazaba para un completo más bebida y papa frita o una ensalada de cochayuyo. Bueno no todos los días comía eso, pero es una relación para lo que me alcanzaba.

Para ir a trabajar lo hacia en bicicleta, así me ahorraba el pasaje, los tacos, y todos los olores del metro o la micro. Mi trabajo desde la puerta de mi casa quedaba a 17 kilómetros. Así que todos los día hacia esa distancia de ida y de vuelta.

En la noche pasaba por los carritos de sopaipillas en Bellavista y mi cena era una sopaipilla con té o un pan con quesillo.

Iba a la Vega a comprar frutas y verduras con un par de lukas hacia magia (la Vega es mágica). Siempre tenia suerte, las caseras(os) me regalaban algo extra. De hambre no iba a morir.

Cuando quería comprarme ropa iba a Bandera (es una calle donde hay muchos locales de ropa usada) donde siempre encontraba algo de mi gusto y muy barato.

Me gustan mucho las actividades culturales, pero con lo que ganaba ni soñar ir al cine por ejemplo. Pero en Santiago siempre hay panoramas gratis. Y el hecho de ser gratis no significa que sean de mala calidad, por el contrario tuve la suerte de estar en muchos grandes espectáculos de connotación mundial.

En una ocasión había un concurso por unas entradas al magnífico Cirque du Soleil concurse y gane! un sueño para muchos, para mí una realidad.

Con una luka (1000 pesos chilenos) carreteaba. Una luka era lo máximo que podía gastar en un carrete todo un derroche para mi. Todos mi amigos ponían luka así que entre luka y luka sumaba y al final nos alcanzaba para un estupendo carrete.

Cuando quería bailar entraba a las discos gratis, siempre las discos hasta cierta hora dejan entrar a mujeres gratis.

Para ir a la playa tomaba mi bicicleta y con un grupo de amigo nos íbamos a la costa. (Valparaiso esta a 123 kilómetros de Santiago). Mi bicicleta es mi medio de transporte preferido para ir a cualquier parte.

Ir a comer a un restaurante era todo un lujo. Era un gusto casi imposible para mí. Pero aveces podía ahorrar mis ticket de restaurante y me daba el gusto de ir a comer sushi.

En las calles siempre hay promotoras regalando alguna muestra de algo, de una nueva linea de shampoo o pasta de dientes, las más ricas galletas o la papa frita con más onda. Siempre probé la ultima novedad del mercado.

Bueno, para poder llevar este ritmo de vida, por nada del mundo hay que enfermarse, porque ahí si que todo el equilibrio se desequilibra.

Una vez me resfrié y mi resfrió fue empeorando, nunca faltaba a trabajar aunque nevara. Pero esa vez me sentía tan mal que no fui. Cada hora que pasaba más mal me sentía. Así que fui donde va toda la gente que no tiene dinero o ganan un sueldo mínimo, a una asistencia pública. En la famosa Posta Central de Santiago, ahí estaba yo temblando de fiebre junto a quebrados, cortados, paros cardíacos y perros que aprovechaban el calor humano para pasar el frío. Olores y dolores. Esperé casi 4 horas hasta que una señora de blanco, tomó mi temperatura, mi presión, con el frío espéculo escucho mis pulmones, abrió mi garganta con una fea y áspera paleta de madera que al tocar mis gordas amígdalas estas se retorcieron de dolor. Después de estar  unos 20 minutos en todos esos menesteres. La señora de blanco me dijo:  tienes neumonitis, amigdalitis, faringitis, bronquitis aguda,  pero como no hay camas y en la farmacia no esta el antibiótico que necesitas te vas a tu casa, y compras estos medicamentos. Me fui más adolorida de lo que había llegado y con todas las itis, pasé a la farmacia y casi me dio un infarto cuando el vendedor me dijo los precios de los medicamentos.

 

Finalmente. Sobreviví y aprendí que la vida esta hecha de momentos y no de cosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El desierto mas árido del mundo. Florece a la vuelta de mi pedal.

Lo maravilloso de viajar, es poder maravillarse del mundo que nos rodea.

El desierto florido es un eco sistema frágil, por lo tanto no se puede acampar en cualquier lugar, ni cortar , ni pisar las flores. Ni entrar con vehículos motorizados en zonas de floración. Si visitas el desierto florido preocúpate de no dejar huellas.

Nací en el sur de Chile  y gran parte de mi vida la he vivido en esa zona. No conocía la parte norte de Chile. Muchas veces había oído hablar del desierto florido, por imágenes en internet veía algo maravilloso, pero nunca mi tiempo coincidía con dicha floración. Hasta que se dio el momento.
Con nuestras bicicletas fieles compañeras de viaje, con mucho entusiasmo y ansias por esta nueva aventura con Daniel emprendimos el viaje. Tomamos un bus hasta Vallenar. Desde ahí comenzaría el pedaleo.

Llegamos de amanecida a Vallenar. Armamos nuestras bicicletas  y nos fuimos a recorrer la ciudad. Lo primero que llamo mi atención fue que la ciudad estaba en un hoyo y que había poca vegetación y un pequeño río cruzaba la ciudad. Fuimos hacia la plaza; siempre que viajo me gusta conocer las plazas de los pueblos. Es ahí (desde mi punto de vista) donde un viajero puede dar una breve mirada a la vida y cotidianidad de la gente de un determinado lugar.

Iglesia en la Plaza de Vallenar

Iglesia en la Plaza de Vallenar

Poco a poco el pueblo fue cobrando vida. Gente apurada hiendo a trabajar o a hacer trámites, almacenes que habrían sus cortinas, estudiantes, vendedores, los colectivos o taxis trasladando pasajeros. La ciudad había despertado.

Pasaban y nos saludaban con asombro al ver que viajábamos en bicicleta. Los menos tímidos se acercaron a conversar y a preguntarnos de dónde veníamos y darnos datos de que lugares conocer. En medio de todo eso, yo observaba que toda la gente salia con su escoba y barría el frontis de sus casas o tiendas. No en muchos pueblos que he recorrido he visto esa matinal costumbre. Me agrado mucho, porque veía a la gente sonreír, saludarse y comentar una que otra cosa, era como en los cuentos donde la gente es feliz. Luego todos volvían a sus rutinas. Sería genial que la gente de la gran capital se tomara esa pausa para socializar. Solo una ilusión.
Después de desayunar, tomamos la carretera rumbo a Copiapó.  Yo abría bien grandes mis ojos para capturar cada detalle del camino; no quería perderme de nada. A la vez, saludaba a los camioneros que alegremente nos saludaban con sus bocinas. El paisaje se tornaba gris, en el infinito el cielo nubes se juntaba con los grises, la vegetación desapareció por completo, era un verdadero desierto, pero no dejaba de ser bello ver la gama de colores, azul, violeta, rosado, rojo, café y gris.

ruta entre Vallenar y Copiapo. Chile

Desierto

Después de varias horas de pedaleo nos dio hambre, y vimos que los camiones se salían de la carretera y estacionaban al lado de una pequeña casa que decía restaurante. Nos acercamos también. Estaba lleno, sin una mesa desocupada y con una larga fila de hombres hambrientos esperando turno. Así que decidimos seguir.

A unos 3 kilómetros más arriba nos encontramos con otra casa restaurante, pasamos y ésta tenia menos clientes. Cuando nos sirvieron aquel tremendo plato de comida, nos dimos cuenta que estábamos en ese otro Chile, que no es Santiago. Este país es una larga y angosta faja, en la que cada región tiene su belleza particular y donde su gente es única en cada lugar.

Restaurante en el desierto.

Con la guatita llena y el corazón contento (dicho sureño) continuamos el pedaleo.

Nos salimos de la carretera y tomamos un camino minero que nos llevaría hacia el Parque Nacional Llanos de Challe. Aquí el camino se torna más bonito y solitario. No hay camiones.

La superficie es muy suave, espectacular para las bicicletas. La gente de la zona le llama caminos de “vichuquita”, que en el fondo son caminos estabilizados con sal. La vichuquita nos permite desplazarnos con mayor rapidez y suavidad.

Camino de vichuquita.

Comienzan aparecer los primeros capullos de flores. Parece que sonríen moviéndose con el viento. Le ponen más color a este desierto. Los cerros son de color café, con vetas negras, como si alguien con una brocha pintara franjas negras, haciéndolo más hermosos y misteriosos.
En solitario pedaleamos por esos caminos, donde corre viento. A ratos hace ráfagas que dificultan el pedaleo, pero que refresca de los intensos rayos de sol. Pequeñas y tímidas florcitas adornan el camino, expelen suave perfume que llega hasta nuestras narices.

La vida florece.

Escucho un extraño sonido. Me detengo a observar de donde viene y veo, en lo alto de uno de los cerros cafés, unos puntos, también cafés, que se mueven. Nos quedamos quietos, observando como una manada de guanacos viene en dirección hacia nosotros. Quieren cruzar el camino, pero al olernos se detienen, se hacen gestos entre ellos. Uno se acerca mas a nosotros, y emite sonidos. Nosotros fascinados tratamos de fotografiarlo mientras la manada nos observa a la distancia, desde otro cerro. Es como si esperan a que alguien se aburra, nosotros o ellos, para continuar el camino.

Como vemos que no avanzan mas, y que es difícil fotografiar al que nos grita, es que continuamos, pero es ahí donde la manada comienza a cruzar y el gritón corre al lado de nosotros y nos da otros gritos antes de desaparecer entre los cerros. Su estrategia fue distraernos y luego aburrirnos; así cruzo toda la manada.

Pasamos la noche en medio del desierto nunca había estado en un desierto toda esa experiencia era fascinante para mi. Acampamos detrás de unas pequeñas dunas. El cielo estaba sembrado de estrellas. Era maravilloso sentir esa sensación de libertad y pequeñez ante esa inmensidad solitaria. Pensaba lo fácil que sería perderse. El desierto en el horizonte de veía infinito y todo me parecía una postal surrealista.
La temperatura bajó mucho. Ahí experimente eso que había oído decir que en el desierto hace mucho calor de día y frío de noche.

Al despertar nuestra carpa tenía hielo y la arena estaba congelada. Nada mejor en esos casos que un rico chocolate caliente, con galletas de avena para tener energías y unas frutas.

El camino era hermoso, los colores y las formaciones rocosas impresionaban y me impresionaba cómo en esa rocas peladas crecían pequeñas flores que le daba vida a esa roca inerte. De vez en  cuando veíamos a los guanacos que desde la cumbre de algún cerro nos vigilaban.

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Llegamos al Parque Llanos de Challe, seguimos pedaleando por una huella de vehículo hasta que se convirtió en un sendero en el que aparecían pequeños jardines de colores.

Entrando al Parque Llanos de Challe.

Entrando al Parque Llanos de Challe.

 

Pequeños Jardines

Pequeños Jardines

Acampamos en el Parque en pleno llano. Los guanacos de nuevo hicieron postal en el paisaje. Recorrimos algunos cerros y fotografiamos las flores. Yo estaba maravillada de esa belleza enigmática, atrayente… hasta sublime.

Flores de Llanos de Challe.

Flores de Llanos de Challe.

Desierto Florido. Mágico fenómeno.

Amanecer en el Parque Los Llanos de Challe

Colores y Aromas

Salimos del Parque Llanos de Challe y continuamos por un camino que nos llevaría hacia la costa.

Camino hacia la costa.

Camino hacia la costa.

Llegamos a un pueblito costero llamado Carrizal Bajo. Nunca había oído hablar de ese pueblo, pero más tarde nos enteramos que tuvo su momento de fama durante el periodo del gobierno militar en Chile, porque por ese pueblo se interno un gran arsenal de armas, las cuales serian usadas en contra del gobierno dictatorial, la cual fue una fallida operación.

Carrizal Bajo

Carrizal Bajo

Al llegar al pueblo, un niño nos contempló con mucha curiosidad, luego se acerco y nos preguntó que hacíamos nosotros ahí. Conociendo, le conteste. Mmm… —dijo el— pero aquí no hay nada interesante como para que vengan turistas. Yo le respondí que nosotros no eramos turistas, sólo somos viajeros que nos gusta conocer nuestro país. Aah! dijo el, y luego nos recomendó donde comer; cual restaurante era mejor, aunque había solo uno. Más en confianza, nos hablo de las añañucas amarillas y de la flor garra de león, especies endémicas de ahí.

 

Añañuca Amarilla

Añañuca Amarilla

Una de las razones por la que llegamos hasta allí era para conocer la famosa garra de león, que sólo florece en el desierto y en ciertos períodos. Por lo que había leído ese era el momento en que debía florecer. No encontramos la garra de león, pero encontramos estas otras bellezas.

 

La belleza hecha flor

 

 

Finalmente le pregunté ¿Y hay más que se deba conocer acá? El niño se quedó pensando y nos dijo: tenemos un humedal. Entonces hay que conocerlo —dije, pero él titubeo —solo queda un flamenco. ¿Uno solo? pregunté. Si —dijo él— lo que pasa es que teníamos un cisne cuello negro y un flamenco. Cada uno tenia su territorio, así no peleaban. Pero un día, uno de ellos paso el límite y se pelearon, y bueno, sólo quedó el flamenco— terminó con tristeza. Pero igual sera interesante conocer al flamenco— dije para alegrarlo.

 

Colores

Continuamos hacia el norte, por un camino costero, el paisaje se torna verde, violáceo. Los violetas se mezclan con el azul del mar. El mar ruge, las olas golpean sobre las desnudas rocas, como castigándoles por detener sus intentos de ir mas allá.
Acampamos cerca de un  jardín de amarillas añañucas. Sus tallos se mecían con el viento. Era como si el viento cantara una canción de cuna, arrullándolas para dormir. Bajo ese arrullo nos dormimos nosotros también.

Después de unos días de viajar y acampar  por solitarios y bellos parajes  y no encontrar la famosa garra de león. Nos movimos hacia a la urbe, a la ciudad de Huasco, un bello pueblo costero, contaminado por una fea termoeléctrica.

 

Huasco

Huasco

Nos quedamos una noche ahí, al día siguiente continuamos hacia el interior del valle del Huasco, poco a poco iba quedando atrás el impresionante desierto. A nuestro encuentro salían enormes y añosos olivos, gente amable que nos saludaba, ofertas de aceitunas por todos lados.

Plaza de Freirina.

Llegamos a Freirina pequeño pueblo conocido por sus aceitunas y camarones de río. Inmediatamente Freirina nos hechizó con la hospitalidad y cordialidad de su gente. La línea del tiempo parecía detenerse. Una mezcla entre un pasado colonial y ancestral diaguita, y un presente representado por grandes camiones cargando el preciado mineral. A ratos parece estar entre lo irreal y lo real, entre calles polvorientas que parecían cantar una historia, de trabajo y sudor, y por otro lado, el monstruo del progreso rugiendo, haciendo una moderna carretera.
Aun el cielo estaba estrellado cuando nos marchamos, despacio y sin ruido, fuimos dejando atrás el inmenso desierto poblado de sueños y esperanzas…

En Coquimbo tomamos el bus de regreso a nuestro hogar, trayéndonos una de las experiencias más bonitas de los milagros de la naturaleza, sentir y contemplar en plenitud el desierto florido.

En Coquimbo

En Coquimbo

Consejo:

Si visitas el desierto florido preocúpate de no dejar huellas.

El desierto florido es un eco sistema frágil, por lo tanto no se puede acampar en cualquier lugar, ni cortar , ni pisar las flores. Ni entrar con vehículos motorizados en zonas de floración. No dejes basura, llévate tu papel higiénico.

Observa, siente, activa todos tus sentidos y guarda contigo todas esas sensaciones.

 

Pido Silencio

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Ahora me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos.
Y sólo quiero cinco cosas, 
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.
Lo segundo es ver el otoño.

No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.
Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.

Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mi crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido que
quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.

Recordando a un grande de la poesía de Chile y el mundo.  Pablo Neruda nació un 12 julio 1904 en Parral. Este es un poema con el cual me siento muy identíficada.

Lluvia de estrellas, mi cuento honorífico

Siempre hay concursos de todo tipo, un par de veces concurse para ganar entradas para un concierto, obras de teatro y cosas por el estilo. No me puedo quejar gran parte de la veces he ganado las añoradas entradas y disfrutado como nunca del espectáculo.

 Pero un día me enteré de un concurso de cuento corto relacionado con las estrellas. Uno de los premios era un libro de astronomía muy interesante. Tengo una sobrina chica aficionada a la astronomía. Así que decidí probar suerte y ganar ese libro para ella. Algunos amigos les gusta como escribo y me han motivado a escribir.  Es por eso que hace un tiempo me decidí a crear  este pequeño blog donde escribo muy de vez en cuando.  Más que nada mis propias experiencias, cosas que he vivido. Mi vida a estado llena de sucesos poco comunes y esa vivencias las he  ido transformando en cuentos.

Bueno como les contaba, decidí  participar en el concurso literario de un cuento corto. Para ganarme el libro. Aunque no estaba segura de que me lo ganaría, pero lo intentaría. A demas sería la primera vez que pondría a prueba mis dotes literarios. 

Escribí mi cuentito y lo envíe . Pasarón los días y me olvide por completo del concurso, cuando un día llego un correo extraño en que me felicitan y decía  que gane una mensión honrosa en un  concurso, al principio pensé que era un spam o algo así . Y luego me acorde de que se trataba. Me puse tan feliz, no me gane el libro pero gane una mensión honrosa y de regalo me enviarón un planiferio estelar y varias laminas de galaxias y estrellas. Que feliz me sentí, tal vez nunca llegue a escribir un libro o una columna en un diario famoso. Pero ese pequeño reconocimiento fue un nobel para mi. Después que ha pasado un tiempo decidí  compartir mi cuento honorífico  con ese lector anónimo que rebota en mí blog.  Y este es el cuento que me tuvo tocando las estrellas por varios días. Espero les guste.

Lluvia de Estrellas

En las noticias dijeron que esa noche habría una lluvia de estrellas. Las imaginé cayendo coquetamente
sobre árboles, edificios y gente. Millones de estrellas, doradas y plateadas. Tomé mi bicicleta y me fui
al San Cristóbal. El guardia me indicó que el parque estaba cerrado. Puse cara de gato con botas y me
dejó pasar. Subí hasta el anfiteatro. El cielo estaba luminoso, pero no por las estrellas, sino por los
grandes focos de la ciudad. Desde el cielo no llovieron las estrellas, pero en el suelo vi mil de ellas.

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Armonía de Pedales

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Es tan bonito en los sectores rurales cuando comienza el alba. Ver a la gente ir trabajar en sus bicicletas, es tan bonito su lento y armonioso pedalear, es tan bonito ver como sonríen, y en un pausado saludo te preguntan ¿como esta? se toman el tiempo para cruzar un par de palabras, luego siguen su lento y pausado pedalear. Si hasta el chirrido de sus viejas bicicletas suena a una armoniosa orquesta. Es tan bonito ver como nadie adelanta a nadie, si no, que todos respetan el ritmo del que va delantero. Sonriendo levantan la mano y saludan al vecino que a lo lejos se ve cosechando en la chacra.

Es, tan bonita la armonía de pedales en una mañana cualquiera.

Mi momento íntimo

Amo ese íntimo momento en que hierve el café en la cocina. Y nos envuelve abrazándonos con su seductor aroma haciéndose cómplice de nuestras miradas. Los rayos de sol fisgonean por una rendija entre las cortinas, tan rápido sacan la mirada que parecen avergonzarse de romper ese momento íntimo en que hierve el café en la cocina…

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Pensando, pasando, pesares…

Me quede pensando en esas despedidas que nunca se alcanzan a dar, me quede pensando en la llamada de mi madre, en las cosas que quisiera decirle, en las cosas que no le digo, en las cosas que me hacen mal, se me tuercen los sentimientos, se me tuerce la razón, se me pierde el horizonte, se me pone mudo el corazón.
Me quede pensando en que el día es corto y los sueños no se alcanzan, en que un suspiro es apenas un suspiro, y en que una mirada puede ser tan profunda como el profundo mar, que un abismo puede separar, pero más separa el silencio mortal.
Me quede pensando, en que un minuto puede mas que una vida, y una vida es robada en un minuto, me quede pensando en la estelas en el mar, como un barco escribe su pasar, como un hombre escribe una crónica sin pasar, me quede pensando en la soledad, la soledad que mata el alma, y la soledad que acompaña el final.
Me quede pensando en el alma que no florece, en el desierto que sin tener alma si florece.
En este continuo pensar va pasando mi pasar, en este continuo pensar, no se si rezar, rezarle al viento, por darme su aliento sin saber que lo siento. Me quede pensando en la gente que viene y va en sus pequeños y grandes problemas de humanidad.
Tantas cosas que pensar y nada que pensar, cosas que vienen y van, y que al final da igual.
Y en este pensar de pensares se van pasando mis pesares que se disipan en este mundo de mortales.

Corazón

Autor desconocido.

Desde los Muros nace un artista, y en los Muros se hace Arte.

Mi corazón a esas mujeres que detrás de las rejas…tiene un corazón en libertad lleno de amor e ilusión por sus hijos…

Mi corazón para esas mujeres que las lineas invisibles de las fronteras las separaron de sus hijos…pero  ellas construyen trazos de esperanzas y amor para estar cerca de sus hijos…

Mi corazón para esas mujeres que en un suspiro la vida les arrebato a sus amados hijos… pero que en su corazón guardan infinito amor…

Mi corazón para esas mujeres que dan todo,  sangre de su sangre al hijo que no cultivo en su vientre, y que alimenta con su leche que brota de su corazón…

Mi corazón a esas mujeres que luchan en solitario día a día, para sacar sus hijos adelante…

Madre…lejana…cercana…extraña…fuerte…frágil…amada…madre…mujer que con desgarrador dolor estas pariendo un corazón… te dejo mi corazón hecho canción que copla a copla canta el viento…esparciendo pétalos de puro amor…

Madre desde el finito hasta el infinito gracias por la vida.

Dos minutos y medio de estremecimiento.

No podía dormir me daba vueltas en la cama. Daniel dormía plácidamente. Me levante, la Isidora estaba inquieta, mire la hora en el reloj de la radio que tengo en el baño, marcaba las 3:10 am, volví a la cama. Daniel seguía muy dormido.

Por fín deliciosamente el sueño llegó y me entregué por completo al dulce sueño.

Cuando de pronto un leve movimiento me despertó, me quedé quieta pensandọ “¿está temblando”? y el movimiento se hace más intenso. Despierto a Daniel, él no quiere despertar. Le digo —está temblando, el dormido me dice, —sí, está temblando.

Saltamos de la cama, todo crujía y sonaba, el piso parecía un bote y nos fuimos abrir la puerta, me aferré a la puerta, no podía sostenerme en pie, todo estaba oscuro, las torres del edificio se golpeaban entre sí, por un instante cruzó en mi mente el pensamiento de que el edificio se derrumbaba entonces más firme me aferre a la puerta que se sacudía como una hoja que vuela al viento.

Daniel afirmaba uno de los acuarios para que los peces no cayeran al suelo.  El edificio crujía más fuerte y no paraba de moverse. En medio de la oscuridad no se veía nada, sólo se escuchaba un ruido estruendoso, gritos y una voz en el pasillo que llamaba a la calma, —no se muevan, calma, ya va a pasar.

Yo no podía respirar con todo el polvo que se levantaba al sacudirse el edificio, cerré los ojos y sentí que estaba cayendo al vació, luego abrí los ojos y dije —ya pasó—, —estoy viva—.

Busqué mi celular encendí la linterna y busqué mi mp3 una nube de polvo caía por todos lados. Rápidamente evacuamos el edificio, nadie tenía muy claro lo que pasó.

Encendí mi aparato de música, localicé la radio bio-bio. La voz de uno de los hermanos Mosciatti alertaba de un tsunami y afirmaba que era terremoto confirmado por fuentes norteamericanas. Terremoto en Chile grado 8,8MW.

Las líneas telefónicas, celulares y red fija colapsaron. Los servicios básicos se habían cortado. En la calle, caras angustiadas, un par de borrachos desconectados, todo mundo tratando de comunicarse con sus seres queridos, a mi familia en el sur, brevemente dije, —estoy bien—.

Nadie durmió esa noche. Las réplicas seguían, a través de la radio bío-bío me enteraba de lo que ocurría en el resto del país. Las comunicaciones se cortaron con algunas regiones. Lamentablemente, con las más devastadas. Con el avance de las horas, la luz del día comenzaba a mostrar el desastre.

Tristemente, a través de la radio nos enteramos de cómo el tsunami arrasó con pueblos enteros llevándose algunos de sus moradores. El mar avanzó tierra adentro unos 400 metros en algunos sectores destruyendo todo lo que encontró a su paso. En Talcahuano una ola de 20 cuadras dejo las embarcaciones en medio de una plaza.

Mi edificio presentaba grietas, pero bomberos dijo que todo estaba bien, no había que preocuparse, eso me dio seguridad. Tenía que ir trabajar, no sabía si ir o no, al final opte por ir. Llegaron todos mis compañeros. Pensamos que el jefe y nos iba a decir; regresen a sus casas a estar con su familias. Pero no fue así, la orden fue; —enciendan los computadores—. Todo Santiago estaba en silencio, todo cerrado, nada funcionaba, excepto nosotros. Los de la Automotora Santiago.

Luego llegué a casa a limpiar el desastre. Me comuniqué con mi familia en el Sur, en Chiloé y Valdivia todos estaban bien, algunos daños materiales que tendrán que ser reparados, pero lo más importante era que todos se encontraban bien.

Concepción fue de las ciudades más afectadas, las comunicaciones no funcionaban, momentos de preocupación, mientras seguía temblando y los medios informaban, de los saqueos y del caos.

Nosotros no podíamos comunicarnos con nuestros amigos de Concepción. Hasta que Carolina llamó, nos dijo brevemente —estamos bien—

Una de las alegrías que sentimos, dentro de todo lo que estaba pasando. Fue poder comunicarnos con la familia de Carolina en Bolivia y darles la buena noticia que ella estaba bien. Carolina y Simón viajaron a Santiago en un bus pirata. La carretera estaba cortada y oficialmente no salían buses. El aeropuerto también estaba cerrado por daños del terremoto, así que Carolina tomó un bus al norte y se fue a reunirse con su familia en La Paz. Simón volvió ayudar a Concepción llevando comida y artículos de primeros auxilios.

Chile se unió en una gran campaña “Chile ayuda a Chile” todos los chilenos desde Arica a Punta Arenas se unieron, para ir en ayuda de las regiones más devastadas, a pesar de que somos un país muy largo cuando hay una catástrofe las distancias se acortan para tocarnos las manos, así somos los chilenos. Puro corazón.

En estos días las réplicas siguen, ya van más de cien, unas más intensas que otras. Nuestro edificio sufrió un preinfarto nada grave, le harán una pequeña cirugía más adelante. El preinfarto pasa por nuestro departamento, así que estamos sintiendo las arritmia que constantemente sufre el edificio.

Ahora ya más relajada escribo parte de esos momentos de los dos y medio minutos en que la naturaleza nos dio su sacudón y fueron los minutos más largos para mi.

A pesar de que somos un país donde la naturaleza nos golpea más de una vez, con cada experiencia nos levantamos con más fuerzas.

Siento el dolor y la angustia de cada uno de mis compatriotas que perdieron a sus seres queridos, sus hogares. Pero Chile es un país de gente valiente que cae y se vuelve levantar, se reinventa y se reconstruye constantemente. Gente que cada día con sus manos levantan esta nación.

 

Talcahuano, Concepción, Constitución, Dichato, Talca, Iloca, Llico, Curicó, Melipilla, Lota, Coronel, Cobquecura, Doñihue, Putú, Parral, Juan Fernández.

Un Pequeño Espiritú del Bosque

En el campo donde crecí siempre estuve rodeada de animales. Cada mañana me despertaba el mugir de las vacas y el balido de los corderos, me gustaba acariciar a los pequeños su piel era tan suave. El campo tenia pequeños bosques de hualles o raulís, canelos, coigues, quilas, el suelo estava cubierto de helechos yo me deslizaba por entre los arbustos y me introducia en el monte como le llamaban mis abuelos y mis padres, me gustaba sentir la textura de las hojas, la corteza de los árboles, el olor a maderas y suelo humedo. Yo jugaba a que era una exploradora y cazaba tigres, era mi juego de niña acompañada por mis perros nos ibamos a explorar y siempre descubria algo nuevo, una nueva planta, un nuevo árbol, un pequeño ratón que me asustaba, o una culebra que me hacia gritar y desistir de mi exploración, y para la próxima exploración tenia mas cautela si pasaba por troncos viejos y secos.
En uno de esos dias en que andaba explorando mi entrañable selva valdiviana junto a mis fieles perros, sentimos unos pasitos las ramas sonaban y las hojas crujian en el suelo, los pasos mas que pasos eran de una carrera, me asuste un poco no conocia los pasos de ese animal que sera? me quede quieta y a mis perros di la orden de no moverse, luego frente a nosotros por debajo de los arbustos paso un animal pequeño de color café con unos cachitos pequeños parecia un pequeño cabrito, paso tan rápido que pense era un espiritu como me decia un viejo trabajador que no me meta tanto en el monte que ahi habian espiritus, pero yo no le hacia caso porque sabia que eso me lo decia para que yo tubiera miedo. Ese día conocí al pudú y de ahí me dedique a buscarlo, deje de buscar tigres. Entraba en el bosque aveces encontraba su rastro y lo seguia pero siempre se me perdia en el barro , lo escuchaba correr, buscaba su casa, pero en las quebradas no me atrevia a seguirlo la densidad de la vegetación me impedia el paso.
Una tarde al regresar de mi exploración derrotada porque una vez más no pude capturar al espiritú del bosque, mi papá me llamo con un tono de voz fuerte, yo pense huuyy me va a retar de nuevo, mis padres me retaban cada vez que me perdia en mi mundo de exploradora, porque les preocupaba que me pasara algo pero aparte de las culebras que sorpresivamente me asustaban gran peligro no habia ademas siempre me acompañaban los perros, mi papá insistio llamandome y yo me asome al patio donde estaba él sonrió y me dijo te tengo una sorpresa ven y me mostro un barril de madera que se utilizaba como casa para que un animal pequeño se protegiera del frio o la lluvia, yo con desconfianza me fui acercando, con cuidado me advirtio mi papá, el barril estaba cubierto de fresco y verde pasto mire dentro de el y vi algo que comia unas rama de maqui, que es? pregunte con temor, miralo bien me dijo mi papá no lo podia creer! era un pudú el espiritu del bosque a solo centimetros de mi y mirandome tranquilamente. Estava con el rebaño de ovejas pastando y cuando mi papá llevo a las ovejas al corral el fue entremedio del rebaño así fue como llego a la casa. Era mas docil de lo que pensaba se dejo acariciar, pase mi mano por su pelaje que era muy brilloso y aceitoso.
Se quedo unos días en casa yo lo alimentaba y jugaba con el me gustaba acariciarlo y abrazarlo así como llego se fue el pequeño espiritu del bosque.
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El Pudú: es el más pequeño de los ciervos de América. Su tamaño es de 40 cms. A la cruz y su peso es aprox. De 10 Kg. Son herbívoros, rumiantes y su dieta es comúnmente herbívora. La hembra da a luz una única cría de color rojizo pardo con rayas blanquecinas en el lomo y los muslos, las que desaparecen a los tres meses de vida. Este animal se caracteriza por ser muy tímido y medroso, saliendo sólo de noche en busca de alimento. Su caza indiscriminada lo ha convertido en una especie con serio riezgo de extinción.

El Anticristo

Muchas veces me encuentro con él, siempre lo veo ordenando sus cosas en la calle o vendiendo algún cachureo.
Dice llamarse “El Anticristo”, se viste de falda, siempre lleva un pañuelo atado en la cabeza, queda la duda si es mujer al ver su alto porte y gruesa contextura, siempre anda empujando un carrito de supermercado lleno de cosas que recolecta en la basura y luego las vende, no sé… si alguien le compra.

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Pero lo veo en el Barrio Lastarria con sus cosas muy ordenadas, puestas en el suelo sobre una tela. Algunos dicen que es de familia rica, que se enamoró de una mala mujer y enloqueció. Otros, que era un estudiante de derecho que tanto estudiar perdió la razón. Se tejen muchas historias alrededor de este personaje. Yo, no sé nada de él, solo lo veo junto a la calle.
En una ocasión, en una noche de invierno. Yo venía en bicicleta por el Parque Forestal camino a casa. En un cruce de calle me detuve a esperar a que el semáforo me diera luz verde. Estaba ahí esperando cuando alguien me dice;

-cruza con luz roja no más

-los autos tienen que respetar a las bicicletas.

Miré a quien me decía esa atrocidad y vi a un hombre corpulento con un pañuelo amarrado en su cabeza, una chaqueta gruesa que hacia conjunto con una falda oscura, empujaba un carro de supermercado. Ya lo había visto antes. Algunos amigos me habían dicho que era loco y violento, así que simulé no escuchar, pero él insistió y me repitió que los autos deben respetar a las bicicletas, porque las bicicletas no contaminan y son una alternativa para descongestionar la ciudad. Así que, por eso yo tenia derecho a cruzar con luz roja.

Solo atine a agradecer sus palabras y el semáforo, era eterno. Ese hombre grande vestido de mujer, con voz de pito me asustaba un poco.

Observó que mi bicicleta no tenia luces y me ofreció unas luces, son baratas, acentuó en su oferta.

Amablemente le dije que tenia luces, pero las había olvidado en casa y justo el semáforo me dio luz verde. Me gritó que lo encontraba en el barrio Lastarria  si quería unas luces.
Luego me di cuenta que más que loco era muy astuto. Observó que yo no tenia luces y entonces buscó la forma de llamar mi atención y ofrecerme lo que él considero que yo necesitaba.

Pero él Anticristo no sólo vende cosas, si no que también escribe. Hoy me encontré con él y me paso una hojita de papel escrita con una bonita y ordenada letra a mano. Yo le recibí la hoja y le pregunté cuanto costaba. Él me respondió que una donación voluntaria. Le pasé un par de monedas, él me sonrió y me regaló otra hoja con el mismo texto y me dijo -para que la regales a tus amigas.

El  Anticristo quiere comunicar cosas, decir cosas, las escribe a mano, les saca fotocopias y las vende por un par de monedas a quién las quiera leer.
Lea y disfrute de la escritura de un autor callejero.
anticristo